Cinco acreditadas bodegas de la Terra Alta aprovecharon la celebración de la Barcelona Wine Week (BWW) para reclamar unidad de acción en la comarca como la vía más exitosa para proyectar sus vinos a partir de la variedad insignia: la garnacha blanca. No en vano, la zona acumula el 90% de la plantación en Cataluña, el 70% del conjunto del Estado y casi un tercio mundial. Unas cifras que, por sí solas, acreditan el peso de esta variedad que, en las dos últimas décadas, ha ido ganando potencial y notoriedad entre enólogos, sumilleres, prescriptores y restauradores, y una creciente cuota de mercado entre los consumidores. La mesa redonda sirvió también para presentar y degustar cinco vinos monovarietales (de 2016, 2017 y 2018), uno de ellos brisado, máxima expresión de la fortaleza de un territorio ancestralmente dedicado a la elaboración de vinos.
Después de la crisis que afectó al Consejo Regulador de la Denominación de Origen, con la dimisión de su presidente, y una vez calmados los ánimos, estas cinco bodegas (Piñol, LaFou, Herència Altés, Bàrbara Forés y Edetària) organizaron por sí solas un acto, seguido de una cata, con rigurosa inscripción. Y les salió bien. 80 personas llenaron el speacker’s corner del recinto y, al salir, no dejaron de alabar los vinos presentados.
Una palabra surgió unánimemente de la boca de los participantes: unidad. Solo bajo esta premisa, aseguraron, el sector podrá levantarse y reivindicarse en medio de un mercado cada vez más competitivo y convertir la Terra Alta en un territorio referente de los vinos elaborados con esta variedad. “Si hemos aprendido a hablar un lenguaje común, también debemos presentarnos juntos ante el mundo, porque hasta ahora hemos estado muy solos. Esta unidad, esta fuerza nos hará únicos para posicionar la comarca y la garnacha blanca”, aseguró Joan Àngel Lliberia, de la bodega Edetària. “Queremos que cuando se hable de garnacha blanca se piense inmediatamente en la Terra Alta”, insistió Núria Altés, de Herència Altés. “Nos hemos dedicado poco a viajar y a presentarnos juntos. Tenemos una asignatura pendiente que es la de ir a explicarnos. Nuestra comarca es la cuna y el paraíso de la garnacha blanca”, reiteró Ramon Roqueta de LaFou. Y Juanjo Galcerà de la bodega Piñol remató: “Es imperativo ir unidos”.

Pero el principal hándicap, según coincidieron los ponentes y también gran parte del público que intervino en el debate posterior, es la falta de autoestima, tomar conciencia colectiva del gran potencial que la comarca tiene entre manos con unos vinos que no tienen nada que envidiar a los de otras denominaciones de origen, incluso internacionales. Y así, mientras algunos de los bodegueros establecieron paralelismos con Borgoña, un reconocido Master of Wine presente en la sala les espetó: “Hace unas semanas organicé una cena en casa con vinos de Borgoña, y os aseguro que los cinco que acabo de catar son mejores. Me ha sorprendido la alta calidad de todos ellos”.
Los vinos presentados de garnacha blanca fueron:
- ‘L’avi Arrufí’ (2018) – Celler Piñol. Selección de cinco parcelas de cepas viejas, de más de 60 años de antigüedad. La fermentación se inicia en depósitos de acero inoxidable y finaliza en barricas de roble francés. Crianza de siete meses sobre lías finas.
- ‘Els Amelers’ (2017) – LaFou Celler. Uva procedente de cepas, plantadas en terrazas, a principios de los ochenta y de otras fincas del 2007. Mezcla de vendimia temprana de viñas más jóvenes y la madurez de otras más antiguas. Seis meses sobre lías en inox y huevos de hormigón. 10% en barricas.
- ‘La Serra Blanc’ (2017) – Herència Altés. Viñas centenarias de baja densidad y rendimientos bajos. Fermentación en depósitos de hormigón con posteriores bâtonnages de lías finas durante 2 meses. Crianza de 10 meses en un foudre de roble austríaco.
- ‘El Quintà’ (2017) – Celler Bàrbara Forés. Vino brisado. Cepas plantadas entre 1940 y 1945 con suelo de panal pinyolenc, con abundantes nódulos calcáreos. Ligera maceración pelicular. Fermentado y criado en barrica.
- ‘Edetària Selecció Blanc’ (2016) – Celler Edetària. Elaborado a partir de ocho parcelas de garnacha blanca ecológica de cepas propias de entre 60 y 90 años. Fermentación a baja temperatura y crianza de 8 meses en ánforas, foudres y barrica. Reposo de un año mínimo en botella.
