Más de 350,000 hectáreas han ardido en las últimas semanas en gran parte de los campos de algunas zonas de Galicia y Castilla y León. Imágenes desoladoras y pueblos devastados por unas llamas que ya se han catalogado como uno de los peores incendios de la última década. La poca prevención y la falta de recursos son algunas de las carencias que la población ha reclamado a la administración pública. Entre las hectáreas quemadas también hay viñedos, aunque la cantidad de daños reales es un misterio. Los campos de viñedos han demostrado ser grandes cortafuegos productivos, que gracias a los cuidados de los agricultores logran apagar las llamas antes de que puedan afectar a más población. Sin embargo, en este proceso resultan dañados, un conflicto que en algunas zonas recae en manos del mismo agricultor, quien sin recursos, se ve obligado a dejar de producir.

«Los viñedos que se han quemado han logrado desviar las llamas de algunos pueblos», explica Robert Barro, presidente de la Asociación Gallega de Viticultura. En concreto, el experto describe a Vadevi que los desperfectos y los viñedos calcinados se encuentran repartidos en tres Denominaciones de Origen: Monterrei, Valdeorras y Ribeira Sacra. Aun así, reconoce que «la afectación ha sido muy desigual». En este sentido, cuantificar los daños en los viñedos gallegos es muy complicado, ya que según Barro «en algunos lugares volverán a brotar y en otros habrán muerto definitivamente». Sin embargo, hay una certeza prácticamente absoluta de que «buena parte de la uva de estas zonas no se podrá usar para elaborar vino», lamenta el experto.

Los viñedos han demostrado ser un apoyo muy fuerte a la hora de luchar contra los incendios. Un campo bien cuidado, con plantas bajas como la vid y rodeados de tierras cultivadas se convierte en el aliado perfecto de los bomberos, ya que puede llegar a evitar que el fuego se propague. «Gracias a los viñedos se pueden salvar bosques», insiste Barro, quien confiesa, sin embargo, que el retorno de este sacrificio es -en muchos momentos- nulo. El experto argumenta que el gobierno gallego «trabaja sobre terrenos no asegurables». En otras palabras, todas las hectáreas que cumplan los requisitos para obtener un seguro no se cuentan a la hora de repartir las ayudas. Para Barro, esta sería una situación comprensible si la mayoría de los viticultores de Galicia tuvieran seguro, pero él mismo confirma que esta no es la realidad. «Tenemos una gran masa de pequeños agricultores a quienes no les conviene un seguro del que no saben si serán compensados», añade el presidente de la Asociación Gallega de Viticultura.

Vecinos y vecinas de Vilela mientras se acercan las llamas a la localidad, el 15 de agosto de 2025, en Vilela, Cualedro, Monterrei, Ourense, Galicia (España) / EP
Vecinos y vecinas de Vilela mientras se acercan las llamas a la localidad, el 15 de agosto de 2025, en Vilela, Cualedro, Monterrei, Ourense, Galicia (España) / EP

Esta incertidumbre se suma al mal momento por el que está pasando el sector vitivinícola en todo el mundo, ya que los cambios en los hábitos de consumo y las dificultades meteorológicas han dejado el mundo del vino muy tocado. En concreto, Galicia es un territorio que históricamente ha elaborado vinos blancos y, por tanto, entran dentro de las nuevas tendencias que crecen entre los consumidores. No obstante, Barro habla de Ribeira Sacra que «desde siempre ha apostado por los vinos tintos» y, como consecuencia «ya sufre la caída del consumo«. En este sentido, el experto lamenta que este incendio y su afectación pueden pasar factura a viticultores que ya se encontraban en un mal momento.

Un gran número de nuevos grandes elaboradores

Otro de los grandes conflictos que pone sobre la mesa el presidente de la Asociación Gallega de Viticultura es la llegada de bodegas internacionales u otros territorios vitivinícolas que quieren tener sus viñedos en los campos gallegos. Para Barro, estas empresas no siempre tienen un gran compromiso con el terreno, y por tanto «si las cosas se ponen difíciles serán los primeros en marcharse». En este caso, el experto reconoce que son elaboradores que han cambiado la manera de hacer y que presionan aún más los precios de los agricultores para que bajen. «Sabemos que trabajan a volúmenes y eso siempre es más barato», recuerda Barro, quien añade que son dos cuestiones que hacen tambalear aún más la supervivencia del sector en Galicia: «A raíz de estos incendios quizás veamos algunas de estas empresas marcharse y entonces solo quedará una opción: arrancar viñedos», concluye el experto.

Los viñedos son un activo importante para Galicia y no solo por ser los productores oficiales de grandes vinos con Denominación de Origen, sino porque -como destaca Barro- «son de gran ayuda para prevenir la extensión de incendios». Mientras el gobierno gallego aún delibera cómo llegarán las ayudas a todos los pueblos devastados por las llamas, Barro confiesa que la situación podría no acabar bien para los productores de vino. En este sentido, el experto presenta una posible realidad donde los agricultores -sin ayudas y con la obligación de vender por debajo de los precios de costo- no vean otro camino que el abandono de la profesión. «Y, sin viñedos, ¿qué se interpondrá entre las llamas y los pueblos?», se pregunta el experto.

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