Encontrar un trozo de terreno agrícola y cultivable en medio de un caos de fábricas, polígonos industriales, desmesuradas urbanizaciones y bloques de pisos, como en el área metropolitana de Barcelona, supone una bocanada de optimismo ante la inveterada y cruenta mano del hombre sobre su entorno. Si además, este terruño sirve no solo para dar frutos sino para recuperar un oficio olvidado en la zona e incorporar en el mercado laboral a personas en riesgo de exclusión social, es del todo merecido reconocer este esfuerzo. Y este proyecto, que se puso en marcha en 2015, ha recibido este año el Premio Vinari Agbar a la mejor iniciativa de recuperación de viñedo.
Santa Coloma de Gramenet vio desaparecer los cultivos de vid en su término por diversas razones, entre ellas la temible filoxera que arrasó miles de hectáreas en toda Cataluña, el desarrollo industrial de los años sesenta y setenta, el acelerado crecimiento demográfico, la imparable ocupación de terrenos agrícolas o la pérdida de poder adquisitivo de los campesinos en un negocio que cada año arrastraba pérdidas. Pero el municipio todavía recordaba su tradición vinícola y desde el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet, a través de Grameimpuls, la empresa municipal de promoción del empleo y la actividad empresarial, vieron una clara oportunidad de volver a impulsar el cultivo de la uva y producir sus propios vinos. E incorporar las técnicas más innovadoras fomentando el cultivo ecológico y la economía circular.
Desde lo alto de la Serralada Marina, siete franjas a diferentes alturas y alrededor de 3.900 cepas integran la Vinya del Sabater de una hectárea de extensión. Allí no solo se trabaja sino que también se aprende porque quienes se encargan de las tareas diarias son los alumnos de la Casa de Oficios y del Taller de Ocupación de Santa Coloma de Gramenet. Todo financiado con los Fondos Sociales Europeos y la ayuda de la Generalitat de Cataluña.
“Es un proyecto que tiene una repercusión social muy directa, ya que ofrecemos nuevas oportunidades a personas en riesgo o exclusión social y les enseñamos un oficio. Y hay mucho empoderamiento por su parte. Muchos no han trabajado nunca y este proyecto lo sienten como suyo”, admite orgullosa Lourdes Terrés, gerente de Grameimpuls.

Dos años después de esbozada la iniciativa, llegó la primera cosecha, en 2017; recolección que ha continuado cada año con algunos altibajos, debido a las variables condiciones climáticas. Pero este año ha sido excepcional, gracias a las lluvias, con un total de 2.346 kilos, cuando en épocas de sequía no alcanzaban ni las dos toneladas.
En la viña del Sabater tienen plantadas cinco variedades de uva: picapoll, garnacha y garrut negro y pansa y picapoll blanco. No obstante, a la hora de elaborar los vinos se inclinan más hacia los monovarietales, con especial predilección hacia la pansa y el picapoll blanco, aunque también hacen coupages con blancos, rosados, un blanc de noirs e incluso un espumoso rosado. Es decir, que la finca da mucho de sí.
El fruto de las 15 personas que la cultivan, más los dos o tres formadores, se lleva a una bodega, concretamente a la de Can Roda de Martorelles, de donde salen alrededor de 1.000 botellas por cosecha. Pero no se comercializan, sino que tienen un uso didáctico porque sirven para las catas de los sommeliers que se forman en la Escuela de Restauración del mismo municipio. Todos los vinos están inscritos en la DO Alella, hecho que evidencia el cuidado, la metodología y la disciplina de la formación que allí se imparte. Además, la plantación dispone del certificado CCPAE, que otorga el Consell Català de la Producció Agrària Ecològica, encargado de auditar y certificar los productos agroalimentarios ecológicos del país.
“Todo este proyecto tiene un valor añadido que va más allá de la producción de la uva o del vino. Se trata de crear nuevas oportunidades de empleo, de formar a las personas en un oficio y que, además, tengan recorrido profesional. Algunos alumnos han encontrado trabajo en diferentes bodegas y se han quedado a trabajar”, añade Terrés.
En Santa Coloma de Gramenet están tan orgullosos de la iniciativa que, desde el Ayuntamiento, han organizado visitas teatralizadas a la viña, para explicar no solo la historia vinícola del municipio sino también todo el trabajo que se lleva a cabo allí.
