El enoturismo es la rama del sector vitivinícola que más crece. Cada vez hay más personas que quieren saber de dónde proviene el vino que beben, escuchar su historia e internarse en la bodega que lo elabora. No solo eso, sino que tiendas especializadas y otros establecimientos también han comenzado a vender experiencias relacionadas con el vino: catas, paseos por viñedos y festivales y ferias del vino. Es evidente, pues, que el enoturismo será clave para la reformulación del mundo del vino en las próximas décadas. Sin embargo, aún hay poco conocimiento sobre esta parte del sector vitivinícola y las actividades que se proponen viajan a través del boca a boca, una situación que termina haciendo caer en el olvido algunas propuestas, por buenas que sean. Ante esta situación, la Escuela de Enoturismo de Cataluña ha creado un mapa virtual abierto al público donde se identifican más de 1.600 negocios vinculados al enoturismo de Cataluña.
Dentro del proyecto Wine Travel Observer 2025 y en el marco del programa Projecta’t del Consorcio para la Formación Continua de Cataluña, la entidad abre esta nueva edición con este mapa como herramienta principal para acercar el enoturismo al público. Con esta incorporación, el observatorio se consolida como la principal herramienta de lectura estructurada del sector enoturístico catalán, con una mirada que va más allá del relato promocional y apuesta por el análisis agregado y sistémico. «El Wine Travel Observer nace con un objetivo claro: cartografiar e interpretar el ecosistema real del enoturismo en Cataluña. No solo como un conjunto de experiencias puntuales, sino como un sistema económico, cultural y territorial que genera valor cuando funciona de manera conectada», concreta en Vadevi Gerard Domingo, director de la Escuela de Enoturismo de Cataluña. Gracias a las conclusiones de 259 encuestas válidas, esta edición del proyecto amplía el mapa con más tipologías de espacios donde se puede hacer enoturismo y vivir la historia del vino más allá de las bodegas, hasta llegar a más de mil quinientas propuestas. En concreto, el estudio ha identificado 191 bares de vinos, 177 tiendas de vinos, 27 agrobodegas y 34 espacios culturales del vino nuevos.
Después de tres años de trabajo continuado, el proyecto Wine Travel Observer ha dado un salto cualitativo importante y ha pasado de un enfoque inicial centrado exclusivamente en las bodegas visitables a una visión mucho más amplia que incorpora toda la cadena de valor del enoturismo. El estudio arrancó en 2023 con el análisis de 435 bodegas y con 100 encuestas, se amplió en 2024 a restaurantes, alojamientos, agencias y servicios turísticos y en 2025 ha incorporado por primera vez nuevas tipologías clave. Tal como señalaba David Jobé, periodista e investigador principal del estudio, se incluyen bares de vinos, tiendas especializadas, agrobodegas y espacios culturales vinculados al vino. “Esto permite ampliar la mirada más allá de la bodega y entender mejor cómo se construye el relato, la prescripción y el contacto con el público”, explicaba. Esta ampliación ha permitido identificar más de 1.600 negocios, agrupados en ocho tipologías operativas, y trazar un mapa real del sector que muestra cómo se configura hoy la experiencia enoturística en Cataluña, tanto en entornos rurales como urbanos. El resultado es una lectura territorial completa, sin jerarquías promocionales, que pone el foco en la diversidad de actores que contribuyen a la transmisión de la cultura del vino.

Un sistema en construcción
Según Domingo, el sistema enoturístico catalán aporta “valor territorial real” en un momento en que el modelo turístico convencional muestra signos evidentes de saturación, como la congestión, la presión sobre los recursos o las tensiones con las comunidades locales. En este contexto, el enoturismo se presenta como una alternativa capaz de construir una propuesta “menos dependiente de la masificación y más orientada a calidad, sentido y diferenciación”. Tal como apunta el experto, su principal ventaja es que genera interés turístico a partir de activos que ya son estructurales del territorio -producto, agricultura, paisaje, patrimonio, cultura e identidad-, lo cual abre también una oportunidad para “desestacionalizar” la actividad y reforzar los territorios de interior como espacios de experiencia y economía. Las bodegas tienen un papel clave, ya que actúan como “embajadores del territorio”, con capacidad para explicarlo, activarlo y conectar al visitante con la restauración, el alojamiento, el comercio, la cultura y los servicios.
En cuanto a las fragilidades, el director de la Escuela de Enoturismo concreta que el reto no es tanto “profesionalizar” el sector como “retener y consolidar el capital profesional”. El enoturismo exige perfiles altamente polivalentes, y esta complejidad es a la vez un activo y una vulnerabilidad: “Si las estructuras de los negocios no son lo suficientemente sólidas y las condiciones laborales no permiten trayectorias atractivas, el talento se dispersa”, remarca. Una opinión que en cierta manera también comparte Laura Fontana, orientadora de la Escuela de Enoturismo de Cataluña, quien durante la presentación de esta nueva edición del estudio puso el foco en los perfiles profesionales que operan dentro del sector y en las necesidades formativas que se derivan. En este sentido, Fontana destacó que el estudio permite identificar competencias clave con retorno inmediato sobre la calidad de la experiencia, la satisfacción del visitante y la conversión comercial, con necesidades diferenciadas según la tipología de negocio.
Proyectos con alma vitivinícola y respetuosos
Una de las principales novedades del Wine Travel Observer 2025 es la incorporación de una tercera dimensión estratégica de análisis: sostenibilidad, responsabilidad e innovación. Se trata de ámbitos clave para el futuro del turismo que hasta ahora no se habían analizado de manera sistemática en el enoturismo catalán. “La incorporación de sostenibilidad, responsabilidad e innovación como ejes de análisis no es una moda: es una necesidad”, subraya Domingo. Para el director de la Escuela de Enoturismo de Cataluña, estos indicadores permiten orientar el futuro del sector en planificación estratégica, formación profesional y promoción a través de políticas públicas. Este enfoque ha sido validado por el conjunto de las Rutas del Vino y las administraciones de turismo, y las conclusiones se presentaron en el marco de una Jornada de Enoturismo Sostenible celebrada en el Vinseum, en Vilafranca del Penedès. El objetivo es dotar al sector de herramientas que permitan pasar del relato a la decisión, con datos que ayuden a orientar políticas públicas, programas formativos y estrategias de desarrollo territorial. En otras palabras, integrar el enoturismo a la vida, con propuestas que no solo sirvan de beneficio para los clientes, sino también para el entorno, los vecinos y los locales de la RODALIES.
El enoturismo ha irrumpido en el sector del vino como un elemento transformador que está redefiniendo las dinámicas tradicionales. En un contexto de caída del consumo, el público busca cada vez más experiencias vinculadas a lo que bebe. Las ventas ya no son las mismas que hace veinte años, pero, en este escenario de cambio, el turismo del vino emerge como una vía relevante para contribuir al equilibrio económico de bodegas, tiendas y otras empresas del sector. Rutas, catas, visitas o actividades al aire libre registran una buena acogida tanto del público nacional como internacional y, en algunos casos, contribuyen a reactivar la esperanza de poder sostener el sector vitivinícola catalán.


