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Luis Gutiérrez radiografía el vino catalán: años de sequía y puntos Parker

Esta semana no se ha hablado de otra cosa, bien, tampoco hay que exagerar, pero sí que ha sido tema habitual de conversación entre gente del sector del vino. Han salido las esperadas puntuaciones Parker para los vinos catalanes, acompañadas de un detallado informe que radiografía la escena vitivinícola del país. Así que sin más demora, tomad tiempo para consultar el listado completo de vinos y puntuaciones siguiendo este enlace.

La sequía está afectando los cultivos mediterráneos | Foto: cedida

El cambio climático y las afectaciones a la viña

El artículo descriptivo lo ha titulado Cataluña, los años secos, en referencia a los graves efectos del cambio climático sobre la viticultura del país. La región mediterránea «sufre una sequía prolongada desde 2021, que siguió el 2022 y que se agravió este 2023″. Ha llovido, estos últimos días, pero la situación sigue siendo delicada, especialmente en Priorat y en Penedès. «El Priorat siempre ha sido seco, y ahora lo está más, pero en el Penedès la situación es realmente dramática», describe. Han muerto plantas, dice, hay dificultad con la brotación y las viñas más viejas sufren más que las jóvenes. Así que «muchos viticultores hacen el que nunca habían hecho antes: regar», o buscar maneras imaginativas para evitar que las plantas mueran de sed. «Lo que me preocupa, lamenta el crítico, es que no veo ningún plan o política que resuelva el problema de las infraestructuras y la gestión del agua«.

Volviendo a los vinos, especifica que para hacer este último informe ha probado precisamente estas tres añadas secas, que sucedieron a la de 2020, afectada por el mildiu y con bajos rendimientos. «El 2021 fue un buen año en el que muchos productores pudieron embotellar los mejores vinos hechos desde entonces, algunos incluso los mejores de su historia», comenta. Seguimos con un 2022, «muy seco y cálido«, con altas temperaturas, sin contrastes térmicos por la noche, y a pesar de todo, «con resultados mejores de los que se esperaba: vinos más mediterráneos, con más cuerpo, y alcohol y menos acidez», describe. Y si el 2022 fue «preocupante», la realidad de 2023 fue «realmente alarmante: muchas plantas no brotaron y otras murieron», lamenta. «Y cuando hablamos de la muerte de plantas, debemos tener presenta que puede afectar a la vida de muchas familias». A pesar de todo, lanza un mensaje positivo: «las plantas son resistentes, pero los productores también».

Luis Gutiérrez con Álvaro Palacios | Foto: cedida

Por territorios: de sur a norte

La Terra Alta

«Había descuidado un poco la Terra Alta en las últimas reseñas de vinos catalanes», así que esta última visita fue a saludar a productores que hacía tiempo que no cataba. Parla del territorio de la garnacha como de una de las zonas «con más grande potencial para los vinos elaborados con garnacha blanca». «Encontré vinos muy impresionantes de Bàrbara Forés, Edetària o Herencia Altés», apunta.

El Priorat y Álvaro Palacios: «Lo ha vuelto a hacer»

En Priorat, el crítico hace parada y fonda. En esta última visita, visita los proyectos de Terroir al Límit y los proyectos hermanos, Terroir Sin Fronteras y Coreografía (el proyecto más personal de Tatjana Perceric, enóloga y socia de Dominik Huber). En el caso de la primera bodega, cata la añada 2022, «el año más cálido y seco, que se refleja en los vinos, con más cuerpo y estructura», describe. «Vinos austeros, a la vez que muy buenos: me gustaría tener una máquina del tiempo para verlos en cinco años o más».

No cambia de región, sino que se adentra y se para en los municipios de la comarca. Para en Porrera, donde visita las viñas de Carles Ortiz y Ester Nin, merecedores por el crítico en ediciones anteriores de los 100 puntos Parker por su vino Nit de Nin Mas d’en Caçador 2020. Anuncia que habrá nueva garnach joven de la Coma del Romeu, donde la pareja «ha plantado pequeñas parcelas en sustitución de viñas muertas». Gutiérrez menciona cariñena blanca, variedad que -lamenta-, «todavía no se ha aprobado por la DOQ«, de manera que «tras 11 añadas, el blanco sigue considerado un vino experimental».

Viña de La Ermita de Álvaro Palacios
Vinya Ermita de Álvaro Palacios

100 puntos para la Ermita

Capítulo especial para Álvaro Palacios de quien dice que «lo ha vuelto a hacer», es decir, ha conseguido por tercera vez con su Ermita los deseados 100 puntos Parker. Y el crítico se justifica. «No solo produce algunos de los mejores vinos de la región, sino que es uno de los mayores productores del territorio», con una treintena de hectáreas de viña y una producción que supera las 370.000 botellas añada. Gutiérrez entra al por menor de las añadas y como las afectó la climatología. «El verano fue un infierno», recuerda de 2022, que describe como «el año de las tres olas de calor». Aun así, no sería hasta el año siguiente, el 2023, que decidieron regar las viñas por primera vez, para evitar la muerte de las viñas. «De esta añada, los vinos muestran una frescura y una elegancia inusuales, todavía son muy jóvenes, pero podrían ser mejores que los de 2022«, valora. Quizás mejores, pero no los más elegantes, porque según continúa el texto, el crítico determina que los vinos de 2021 «son realmente alucinantes, y quizás es la más elegante hasta ahora».

Y continúa: «Toda la gama es excepcional, transparente y etérea, con un paso por boca aterciopelado y taninos refinados (…) Las Aubaguetes muestran una elegancia y frescura increíbles, pero la Ermita reveló unos matices y complejidad que merecen esta puntuación de tres dígitos por tercera vez, como pasó con las añadas 2013 y 2019″. «Son tres añadas muy diferentes entre ellas, pero todas ellas realmente excepcionales», matiza.

El Penedès

Cambio de paisaje. Entra de lleno en el Penedès, y lo hace recordando Carlos Esteva, propietario y fundador de Can Ràfols dels Caus, muerto el pasado mes de julio de 2023, y agradeciendo haber visitado las cavas el año anterior. «Lo que probé entonces es lo mejor de lo que han producido», dirá el crítico. Y continúa hacia Pardas, el proyecto de Ramon Parera y Jordi Aman, de quien dice que son «pioneros» en el trabajo con la xarel·lo y la sumoll negra. Hablando de sumoll, dice, reflexiona sobre otros racimos negros catalanes. «Para mí, el taladrado de la Cuenca podría ser el equivalente catalán del poulsard del Jura, una uva negra con carácter y con una nariz salvaje (…) hay, pero, quién lo compara con la nebbiolo italiana, por el alta acidez y taninos crujientes».

Los espumosos del Penedès

Recaredo celebra este 2024 los 100 años de vida y ya preparan un año de celebraciones para conmemorar la efeméride. Ahora, pueden sumar un motivo más para destapar botellas, puesto que la Enoteca Turó d’en Mota 2001 también se ha coronado a la cumbre de los Puntos Parker: «el 2001, un viejo favorito mío, es el mejor de todos y merece la máxima puntuación», escribe el crítico. Luis Gutiérrez recuerda, en su informe, la asistencia en la última fiesta de la bodega para conmemorar precisamente las 25 añadas de este icónico vino espumoso. «Asistí a una cata única de las 25 añadas producidas con esta viña excepcional» en una jornada en El Celler de Can Roca, donde «revelaron que estrenaban una gama Enoteca muy limitada de las vendimias antiguas, la primera de las cuales fue la 1999». Y las puntúa todas y cada una, en un listado que puedes consultar aquí.

Siguiendo con los vinos espumosos, recuerda también a Xavier Gramona, muerto en un accidente el agosto de 2023, y los cambios que han tenido que afrontar a la bodega a raíz de la pérdida. «Los primos jóvenes, que también tienen su proyecto personal de vino tranquilo, Enclòs de Peralba, también totalmente recomendable, ya habían empezado a Gramona en 2018, pero las circunstancias han acelerado los cambios», describe. «Ya había notado un cambio de rumbo, pero creo que veremos cambios más sutiles en las próximas añadas».

Menciona el sistema extended elevage sur lie, que «da muy buenos resultados», como el del Legado Familiar de Llopart 2010, «el vino más elegante, matizado y complejo de esta cava», sentencia. No solo exalta los viejos, sino que también destaca productos más jóvenes como el Janes 2019 de AT Roca, «que siguen el camino que veo en muchos pequeños viticultores de champán». «Hay muchas maneras diferentes de llegar a la calidad», concluye en el apartado de las burbujas.

Carme y Carlota, de Finca Olivardots

El Empordà: lo que el viento se llevó

El viaje continúa hasta el Empordà, donde le da la bienvenida la tramontana. «Puede ser molesto y dicen que vuelve locas a algunas personas». Describe el territorio abrazado por la denominación de origen, habla de los suelos de granito y pizarra, de las variedades garnacha y cariñena, del corcho, siendo esta una de las regiones productoras más importantes del país. «Hay un potencial muy elevado en la zona«, comparte, donde gracias al turismo tienen «fácil vender productos locales, incluido el vino, a los turistas».

Gutiérrez visita Vinyes d’Olivardots, y destaca la evolución y mejora de los vinos, trabajo en ecológico desde los inicios y el camino hacia la biodinámica con la incorporación de la segunda generación, Carlota Pena. «Sus vinos pueden mejorar y envejecer muy bien». De momento, dice, continúa teniendo preferencia por la cariñena blanca de viñas viejas, y su Vd’O 6.

Finaliza el recorrido en el Empordà, hablando de Dalí y de gastronomía, recomendando «una infinidad de lugares para descubrir». Luis Gutiérrez, habla del Motel Empordà, pero, tiene claro donde prefiere sentarse para comer: «El Celler de Can Roca es probablemente mi restaurante preferido de toda España».

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