Hay territorios que se explican con mapas, con carreteras o con datos económicos. Lleida, el Pirineo y el Aran también se explican con una copa de vino. En cada viñedo hay paisaje; en cada botella, memoria, y en cada bodega, una manera de mirar el territorio desde el trabajo constante, la identidad y la voluntad de futuro. Esta es, precisamente, una de las ideas que atraviesan el libro ‘Una terra de vins’, una publicación de Pagès Editors impulsada con la colaboración de la Diputación de Lleida y la DO Costers del Segre, que pone palabras e imágenes a una realidad bien conocida por el sector, pero aún con mucho recorrido para crecer en el imaginario colectivo del país.
Lleida es tierra de vinos porque tiene viñedos, bodegas y una denominación de origen con personalidad, pero sobre todo porque ha entendido que el vino es una manera de explicar paisaje, cultura, gastronomía y territorio.
El vino de Lleida no es solo un producto. Es una expresión de territorio. Lo es en las zonas de secano y en las fincas de montaña, en las llanuras abiertas y en los paisajes marcados por la piedra seca, en los viñedos que conviven con el olivo, el cereal, la fruta dulce o los almendros. La fuerza de la DO Costers del Segre nace, en buena parte, de esta diversidad. No hay una única postal del vino leridano, sino que hay muchas: paisajes, altitudes, suelos, orientaciones, historias familiares, proyectos jóvenes y bodegas consolidadas que comparten una misma voluntad de calidad, autenticidad y proyección.
‘Una terra de vins’ ayuda a ordenar este relato y a darle profundidad. El libro no se limita a presentar vinos o bodegas, sino que invita a entender por qué el viñedo ha sido y continúa siendo una parte esencial de la cultura agraria, económica y gastronómica de las comarcas de Lleida. Su valor es doble: por un lado, documenta una tradición que viene de lejos; por otro, muestra un sector vivo, capaz de innovar, de recuperar variedades, de abrirse a nuevos públicos y de dialogar con la gastronomía, el turismo y la cultura.
El libro ‘Una terra de vins’ pone palabras e imágenes a una realidad viva: la de un territorio vitivinícola diverso, con bodegas, paisajes y proyectos que comparten una misma voluntad de calidad y proyección.
Esta mirada encaja plenamente con la estrategia de Gust de Lleida, la marca impulsada por la Diputación de Lleida para dar visibilidad al producto agroalimentario del territorio y a las personas que lo hacen posible. Durante mucho tiempo, Lleida ha sido vista sobre todo como un gran territorio productor. Y lo es. Pero el reto actual es explicar que este potencial productivo también es cultura, valor añadido, experiencia y relato. El vino es uno de los ejemplos más claros: une campo y mesa, tradición y modernidad, agricultura y prescripción, economía y emoción.
En este contexto, la celebración de los Premios Gust de Lleida ha servido para dar un paso más en esta dirección. Impulsados como una nueva categoría dentro de los galardones de La Gourmeteria, los premios han nacido con cuatro ámbitos que dibujan toda la cadena de valor: el producto del territorio, la empresa o proyecto agroalimentario, la gastronomía y la restauración, y la proyección y prescripción del territorio. Cuatro miradas diferentes, pero complementarias, sobre una misma idea: la calidad agroalimentaria de Lleida no se entiende sin las personas que producen, transforman, cocinan, explican y proyectan el territorio.

El vino es uno de los grandes embajadores de Lleida: conecta producto, paisaje, cultura, turismo y promoción económica en un mismo relato.
Entre los galardonados, el reconocimiento a la DO Costers del Segre tiene un significado especial para el mundo del vino. El premio a la Proyección y Prescripción del Territorio destaca la capacidad de la denominación de origen para agrupar paisajes, bodegas, viticultores y territorios diversos bajo una identidad compartida. Es un reconocimiento al vino como embajador de Lleida, pero también a una manera de trabajar basada en la suma, la cooperación y la voluntad de situar la demarcación en el mapa vitivinícola catalán e internacional.
La DO Costers del Segre representa, en este sentido, mucho más que una etiqueta. Representa una geografía plural y una historia colectiva. Su aporte es haber convertido esta diversidad en un relato común, capaz de explicar que Lleida es también tierra de bodegas, de cultura del vino, de enoturismo y de gastronomía. Por ello, el reconocimiento de la DO Costers del Segre en los Premios Gust de Lleida dialoga directamente con el espíritu de ‘Una terra de vins’: ambos proyectos contribuyen a dar forma, voz y visibilidad a una identidad vitivinícola que no nace ahora, pero que ahora se reivindica con más fuerza.
La DO Costers del Segre ha sido reconocida por su capacidad de agrupar paisajes, bodegas, viticultores y territorios diversos bajo una identidad compartida y con una clara dimensión enoturística.
El mapa agroalimentario lo completan tres galardonados más vinculados al Gust de Lleida: Raig d’Arbeca, con Montse Sòria al frente, simboliza el producto del territorio a través del aceite de oliva virgen extra y de la variedad arbequina, una de las grandes expresiones de las Garrigues. El Grupo Cooperativo Fruits de Ponent representa el peso del cooperativismo, la agricultura organizada, la innovación y la capacidad de generar valor económico y social alrededor de la fruta. Y el Restaurante Ferreruela, con Gonzalo Ferreruela, pone el acento en la cocina arraigada al producto, al mercado y a la temporada, y demuestra que la gastronomía es una de las mejores maneras de hacer entender un territorio.
El vino, el aceite, la fruta, la cocina y la restauración no son compartimentos separados. Forman parte de un mismo ecosistema. Cuando un restaurante apuesta por vinos de proximidad, cuando una bodega abre las puertas al visitante, cuando un productor explica su oficio o cuando una marca territorial conecta producto y relato, lo que se construye es una imagen más completa y más justa de Lleida. Una imagen que no reduce el territorio a la producción, sino que lo presenta como un espacio de calidad, creatividad y experiencia.
Los Premios Gust de Lleida reconocen toda la cadena de valor agroalimentaria: del campo a la cocina, de la cocina a la prescripción y del territorio a la proyección exterior.
Este es el gran valor de proyectos como ‘Una terra de vins’ y de los Premios Gust de Lleida: ayudan a explicar el territorio desde dentro, con voz propia y con orgullo. El libro fija en papel una cultura vitivinícola que forma parte de la identidad leridana. Los premios, por su parte, ponen nombre y rostro a proyectos que hacen posible esta identidad cada día, desde el campo hasta la copa, desde el obrador hasta la cocina y desde el territorio hasta el mundo.
Lleida es tierra de vinos porque tiene viñedos, bodegas y una denominación de origen con personalidad. Pero, sobre todo, lo es porque tiene una comunidad que ha entendido que el vino es una manera de explicar quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir. Y cuando este relato se comparte con rigor, sensibilidad y ambición, el territorio deja de ser solo origen y se convierte también en destino.
