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Ruta del Vino de Lleida, tierra de bodegas con historias

Hay destinos que son de visita obligatoria por sus vinos, pero también por las historias que esconden sus viñedos. Las Tierras de Lleida y el Pirineo pertenecen a uno de estos lugares. La Denominación de Origen Costers del Segre, que este año cumple 40 años, la integran un mosaico de paisajes muy diferentes, pero también de bodegas que han sabido convertir su historia, el patrimonio e incluso las adversidades en experiencias únicas. 

Esta manera de entender el enoturismo es precisamente la que impulsa la Ruta del Vino de Lleida, una iniciativa que agrupa administraciones, bodegas y empresas del territorio con el objetivo de promover un turismo enológico sostenible y de calidad. La propuesta invita al visitante a descubrir las Tierras de Lleida a través del vino, pero también de su patrimonio, la gastronomía, los paisajes y las personas que allí viven.

Por las Tierras de Lleida y el Pirineo no solo se degustan vinos: también se descubren el arte, la cultura, la historia y las anécdotas que han modelado el territorio. Se camina entre castillos medievales, se entra en antiguas colonias agrícolas, se descubren lagares excavados hace 900 años o se pasea por una galería de arte al aire libre entre cepas. Para los enoturistas que buscan algo más que una visita convencional, Lleida es un destino lleno de misterios. Os dejamos aquí el listado de las bodegas más emblemáticas para recorrer:

Castell del Remei, el más antiguo de Cataluña  

El viaje puede comenzar en Castell del Remei, probablemente uno de los lugares más singulares del patrimonio vinícola catalán. No es solo la bodega más antigua de Cataluña dedicada a elaborar y embotellar vinos de crianza, sino también la primera construida siguiendo el modelo de los grandes châteaux franceses, rodeada completamente de viñedos. Pasear por allí es descubrir una antigua colonia agrícola casi intacta, con un castillo novecentista, edificios históricos, un santuario y jardines que transportan al visitante a finales del siglo XIX. En el interior todavía impresionan las enormes naves de piedra con muros de casi un metro de grosor y cerca de un millar de barricas donde reposan los vinos. Pero una de las curiosidades más desconocidas es que esta bodega introdujo en la Península variedades francesas como el cabernet sauvignon, el syrah o el chardonnay, hoy plenamente integradas en el paisaje vitivinícola catalán.

Castell d’Encús, vino fermentado en lagares

Si hay una bodega que permite literalmente beber historia es la de Castell d’Encús. Situada en el Pallars Jussà, entre montañas y rodeada de las ruinas de un antiguo castillo y de un monasterio hospitalario del siglo XII, conserva un tesoro excepcional: nueve lagares excavados directamente en la roca por los monjes de la Orden de San Juan de Jerusalén hace casi 900 años. Lo más sorprendente es que algunos de estos lagares medievales continúan hoy en funcionamiento y aún fermentan una parte de los vinos de la bodega. Pocos lugares en el mundo pueden presumir de elaborar vino con la misma infraestructura que utilizaban los monjes medievales. La experiencia, rodeada de silencio, bosques y ruinas románicas, convierte la visita en un auténtico viaje en el tiempo.

Castell d’Encús, vi fermentat en cups / Drinkinmoderation
Castell d’Encús, vino fermentado en lagares / Drinkinmoderation

Clos Pons, florecer después de una helada 

No todas las grandes historias nacen de un sueño. Algunas lo hacen de una desgracia. Es el caso de Clos Pons, en las Garrigues Altas. El origen del proyecto se remonta a la gran helada de 2001, que destruyó buena parte de los olivos de la finca familiar. Lo que parecía una catástrofe se convirtió en una oportunidad para reinventar el paisaje plantando viñedos. Hoy, sus cepas crecen entre los 500 y los 700 metros de altitud, en uno de los territorios más secos y extremos de Cataluña, donde las fuertes diferencias de temperatura entre el día y la noche aportan una personalidad muy marcada a los vinos. Una lección de resiliencia transformada en enoturismo.

Lagravera, vino marcado por la salinidad 

También la recuperación del territorio explica la historia de Lagravera. El nombre ya da una pista: la finca ocupa los terrenos de una antigua gravera. Allí donde antes había una explotación extractiva, hoy crecen viñedos ecológicos. La familia Arnó decidió restaurar completamente este espacio degradado recuperando una tradición vitícola casi desaparecida después de la filoxera y del abandono del campo. Los suelos ricos en yesos aportan una marcada salinidad a los vinos, pero la gran curiosidad es comprobar cómo un paisaje aparentemente estéril ha sido capaz de renacer convertido en uno de los proyectos más singulares de la Ruta del Vino de Lleida. 

L’Olivera, vinos que brindan oportunidades  

Si hay una bodega donde el vino sirve también para transformar vidas es L’Olivera. Nacida en 1974 en Vallbona de les Monges, esta cooperativa arrancó con una misión muy poco habitual en el mundo del vino: integrar laboralmente a personas con discapacidad o en situación de vulnerabilidad. Aquí muchas tareas continúan haciéndose manualmente, desde el trabajo en la viña hasta el etiquetado y la numeración de las botellas. Pero una de las anécdotas que más sorprende a los visitantes es el origen del característico azul de muchas de sus etiquetas. Durante los trabajos agrícolas aparecían continuamente pequeños fragmentos de cerámica medieval procedentes del monasterio de Vallbona, de un intenso color azul, que han inspirado la imagen gráfica de sus vinos. Un pequeño detalle que conecta patrimonio, paisaje e identidad.

Mas Blanch i Jové, copa y arte 

El arte y el vino conviven como en ningún otro lugar en Mas Blanch i Jové. La fuerte amistad entre la familia propietaria y el pintor Josep Guinovart dio lugar a una idea aparentemente imposible: convertir un viñedo en un museo al aire libre. Así nació la Viña de los Artistas, un recorrido donde esculturas monumentales de creadores como Guinovart, Joan Brossa, Susana Solano, Frederic Amat o Carles Santos aparecen entre cepas y olivos. Cada paseo es diferente según la época del año, porque la luz, los viñedos y las obras dialogan constantemente. Es una visita imprescindible tanto para los amantes del vino como del arte contemporáneo.

Mas Blanch i Jové, copa i art / Cedida
Mas Blanch i Jové, copa y arte / Drinkinmoderation

Purgatori, un vino nacido de la crudeza

Detrás del nombre de Purgatori se esconde una de las historias más singulares de las Tierras de Lleida. Según la tradición, los monjes de la Abadía de Montserrat que cometían alguna falta eran destinados al Mas de l’Aranyó, en las Garrigues, para cumplir penitencia entre duras jornadas de trabajo y un clima extremo, hasta el punto de que aquel lugar era conocido como el ‘purgatorio’. Sobre esta finca histórica, la familia Torres ha construido la bodega Purgatori, integrándola en el entorno y preservando el mas original del siglo XVIII. Durante la visita a la bodega de la familia Torres se puede conocer la historia y degustar el vino Purgatori, que rinde homenaje a esta leyenda.

Raimat, la primera colonia vitivinícola de Europa 

A pocos kilómetros de la ciudad de Lleida aparece otra joya del patrimonio vitivinícola catalán: Raimat. Su historia comienza en 1914, cuando Manuel Raventós transforma cerca de 3.000 hectáreas de secano en la primera gran colonia vitivinícola de Europa. Aún hoy es posible pasear entre las casas donde vivían los antiguos trabajadores, testimonio de aquella comunidad agrícola. La bodega original, obra de Joan Rubió, discípulo directo de Antoni Gaudí, es una auténtica catedral modernista del vino. Pero la finca también sorprende por otro motivo: la caza está prohibida desde hace décadas, lo que ha convertido los viñedos en un refugio natural donde conviven zorros, perdices, conejos y decenas de especies de aves que forman parte del equilibrio ecológico del paisaje.

Raimat, la primera colònia vitivinícola d’Europa / Drinkinmoderation
Raimat, la primera colonia vitivinícola de Europa / Drinkinmoderation

Viña els Vilars, un retorno al pasado 

Finalmente, Viña els Vilars recuerda que el vino y la historia de Lleida siempre han ido de la mano. La bodega toma el nombre de la Fortaleza de los Vilars de Arbeca, un impresionante yacimiento ibérico fundado hacia el 775 antes de Cristo. Visitar la bodega y completar la experiencia descubriendo esta fortificación permite entender que el vínculo entre esta tierra y el cultivo de la viña se extiende mucho más allá de la época romana. Además, el proyecto mantiene intacto su carácter familiar e incluso dispone de un área para autocaravanas, una propuesta que cada vez atrae a más enoturistas que recorren Cataluña sobre ruedas.

Quizás este es el gran secreto de las bodegas de las Tierras de Lleida y el Pirineo. No compiten solo por elaborar grandes vinos. Cada una cuenta una historia diferente: monjes medievales, colonias agrícolas, artistas, cooperativas sociales, antiguas graveras, castillos, yacimientos ibéricos o fincas nacidas después de una devastadora helada. Historias que solo se pueden entender caminando entre los viñedos, escuchando a quienes los trabajan y levantando una copa allí mismo donde todo comenzó.

Y es precisamente eso lo que propone la Ruta del Vino de Lleida: convertir una visita a una bodega en una experiencia completa. Catas entre viñedos, paseos por el patrimonio, actividades culturales, maridajes gastronómicos y paisajes que invitan a detener el tiempo hacen que cada escapada sea diferente. El verano es, sin duda, una de las mejores épocas para descubrir estas experiencias, dejarse sorprender por estas tierras y entender que, aquí, cada copa es también una manera de conocer la historia del  territorio.

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