El sauló define de manera inequívoca el territorio de la DO Alella. Tanto si nos desplazamos hacia el sur y cruzamos el Llobregat como si avanzamos hacia el norte y atravesamos la Tordera, el paisaje geológico cambia radicalmente. Nos encontramos, así, ante una zona con una identidad muy marcada desde el punto de vista del suelo.
A este sustrato granítico tan determinante se le suman dos factores más que configuran claramente la personalidad del territorio: la orografía y el clima suave propio de la zona. Por un lado, hay una franja estrecha junto al mar; por otro, la Sierra Litoral que la recorre de norte a sur, flanqueada por dos llanuras. La combinación de material geológico, relieve y clima es clave para entender qué tipo de suelo encontramos en la DO y qué características presenta. Estos tres elementos interactúan constantemente: las variaciones de temperatura y la humedad inciden sobre la roca madre —aún visible en las partes más altas de la sierra, entre cuatrocientos y quinientos metros, en forma de grandes bloques redondeados por la erosión— y provocan un descascarillamiento progresivo. Este proceso de alteración acaba originando el sauló característico. El granito, compuesto de cuarzo, feldespato y mica, al descomponerse da lugar a una arena formada por estos mismos minerales triturados. Si observamos el territorio desde el aire, se aprecia cómo las cumbres generan pequeños valles a sus pies, cada uno con un arroyo central que acaba desembocando en el mar. Es el recorrido natural de los materiales, que viajan desde las partes altas hasta la costa, donde culminan en su expresión más evolucionada: la arena de la playa.
A lo largo de este trayecto, el suelo experimenta una transformación que genera diferencias según la altitud. En las cotas más elevadas, el sauló es más puro y presenta una tonalidad blanquecina, propia del cuarzo y el feldespato. A medida que se acerca al mar, sin embargo, el terreno adquiere matices rojizos que indican una mayor presencia de arcilla. También la pendiente varía: es más acusada en las partes altas que en las medias. Esta inclinación condiciona el papel del agua. Cuando llueve por encima de los 150 metros, el agua se infiltra, arrastra minerales descompuestos y se enriquece con nutrientes, pero la fuerte pendiente hace que descienda rápidamente sin retenerse. En cambio, al llegar a zonas más bajas, donde la inclinación disminuye, el agua reduce la velocidad y deposita los sedimentos acumulados. Así, en las cabeceras de los valles el agua carga nutrientes, mientras que en las partes medias y bajas los libera.
De manera simplificada, este proceso da lugar a dos grandes tipos de suelo. En las cotas altas predomina un terreno arenoso, con poca capacidad de retención de agua y escasez de nutrientes. En las cotas medias y bajas, en cambio, el suelo es más arcilloso, retiene mejor la humedad y concentra más nutrientes. Las viñas situadas en suelos arenosos producen menos kilos de uva por hectárea y bayas más pequeñas; los vinos resultantes suelen tener más graduación alcohólica, menos acidez y una buena aptitud para la crianza. En los suelos más arcillosos, la producción es superior y el grano es más grande; los vinos acostumbran a presentar menos alcohol, más acidez y aromas florales más marcados.

A ambos lados de la sierra, la composición del suelo y la dinámica de sus componentes son esencialmente las mismas; la diferencia principal radica en el clima. En la vertiente marítima domina un clima mediterráneo, mientras que en el interior el carácter es más continental. Una mayor humedad ambiental y un régimen de lluvias más elevado favorecen una vegetación diferente y una meteorización química más intensa, que incrementa la presencia de arcilla incluso en las cotas altas. Este enriquecimiento en nutrientes se traduce en cepas más productivas y en vinos de menor graduación alcohólica. Además, el contraste térmico entre el día y la noche potencia la síntesis de aromas en la uva, que después se manifiestan en el vino. En conjunto, las uvas del lado del Vallès tienden a originar vinos más ligeros y aromáticos.
A pesar de estas variaciones, el granito es el elemento común en todo el territorio de la DO Alella. La presencia de numerosas canteras —en Òrrius, Alella, Tiana, Santa Maria de Martorelles, Sant Fost de Campsentelles o Vilanova del Vallès— da testimonio de ello. De algunas se extrajeron materiales para construir el puerto del Masnou y el de Mataró, el santuario del Corredor, los adoquines de la avenida del Paral·lel y el paseo de Sant Joan de Barcelona o la Estación de Francia. Con matices locales, el conjunto del Maresme, desde la Tordera hasta el Llobregat, constituye una unidad geológica bastante homogénea, lo que convierte a la DO Alella en una de las denominaciones más uniformes de Cataluña desde el punto de vista geológico.

