El sector vitivinícola lucha constantemente por deshacerse de la demonización del alcohol. Desde hace unos años, las tendencias norteamericanas que se basan en una vida 0,0 supuestamente más sana han dinamitado las oportunidades que tenía el vino de ser un alimento. Sin embargo, esto no frena partes del sector que se alían con científicos para continuar buscando elementos que demuestren que el vino es un alimento tradicional y necesario para una vida equilibrada, sobre todo en países donde el elaborado forma parte de la tradición y la cultura. En este contexto, la revista científica European Heart Journal ha publicado un nuevo e importante estudio que considera que el consumo moderado de vino, integrado en la dieta mediterránea, se asocia con una reducción del 33% del riesgo cardiovascular y de mortalidad.
Según ha explicado en un comunicado la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición (FIVIN), una entidad sin ánimo de lucro dedicada a la investigación de los efectos beneficiosos del consumo moderado de vino sobre la salud, el estudio, en el que participan el Dr. Ramon Estruch del Hospital Clínic de Barcelona y el Dr. Miguel Ángel Martínez-González de la Universidad de Navarra y la Harvard T.H. Chan School of Public Health, entre otros, evaluó a más de 30.000 participantes durante períodos de seguimiento de hasta 22 años. Esta investigación parte del análisis de la relación entre el consumo de vino, la adherencia a la dieta mediterránea y el riesgo cardiovascular en una gran cohorte catalana: el ensayo PREDIMED. Tras la larga investigación, los científicos observaron que aquellos participantes que mantenían una buena dieta mediterránea, con el vino como parte de su ingesta, tenían un menor riesgo de tener problemas de corazón que podrían acabar provocándoles la muerte. «La importancia de considerar el consumo moderado de vino no como un elemento aislado, sino como parte integral de un patrón alimentario saludable como la dieta mediterránea, cuyo modelo alimentario es rico en aceite de oliva virgen extra, frutas, verduras, legumbres, frutos secos y pescado», subraya en el comunicado el Dr. Ramon Estruch.
En concreto, los científicos concluyen que los resultados muestran que la adherencia a la dieta mediterránea que incluye el consumo moderado de vino se relacionaba con una reducción más marcada del riesgo cardiovascular que cuando el patrón dietético se analizaba sin tener en cuenta esta bebida. De manera similar, el análisis combinado de ambas cohortes encontró una asociación significativa entre el consumo moderado de vino dentro del patrón mediterráneo y menor mortalidad total. Sin embargo, los autores subrayan que estos efectos favorables no se observaron en consumos elevados -a partir de tres copas diarias- y que algunos análisis diseñados para minimizar sesgos no alcanzaron significación estadística. Unas últimas declaraciones que demuestran que la idea detrás del estudio no era la necesidad de blanquear el consumo de alcohol, sino ver cómo el vino dentro de una dieta equilibrada podía incluso llegar a tener beneficios.

Más de un estudio sobre la dieta mediterránea y el vino
El nuevo estudio contiene datos de varios ensayos que se han realizado en otras ciudades, incluyendo Barcelona con su ensayo de PREDIMED. En este estudio participaron 7.447 personas con alto riesgo cardiovascular, seguidas durante 4,8 años para eventos cardiovasculares y 17 años para mortalidad. Las conclusiones revelaron que las personas con buena adherencia a la dieta mediterránea que incluían un consumo moderado de vino (hasta 1 copa al día) presentaban un 45% menos de riesgo de enfermedad cardiovascular en comparación con aquellos con baja adherencia. En cuanto a la mortalidad por todas las causas, la combinación de dieta mediterránea con un consumo moderado de vino se asoció con una reducción del riesgo de muerte del 33% (mortalidad total). Así pues, el estudio confirmó que los beneficios se observan con un consumo moderado, sin extenderse a consumos elevados (tres o más copas diarias).

