Las fiestas de Navidad son un paréntesis maravilloso, pero también intenso. Mesas repletas, platos contundentes, largas sobremesas y un desfile de botellas que, en muchos casos, juegan en la liga de los vinos con cuerpo, madera, graduación y precio elevado. Es su momento, nadie lo discute. Pero cuando el calendario pasa página y volvemos a la rutina, el cuerpo, la mente y el bolsillo nos envían un mensaje claro: hay que bajar una marcha.
Este regreso al día a día no debería vivirse como una penitencia. Al contrario. Puede ser una oportunidad excelente para reconectar con vinos más frescos, más ligeros y, sobre todo, más asequibles económicamente. Vinos pensados para acompañar una cocina más sencilla, horarios más normales y momentos menos solemnes. Vinos que no cansan, que invitan a repetir copa y que no convierten cada botella en una decisión trascendental.
Enero es un mes ideal para reivindicar el vino del día a día bien hecho. Aquel vino que no necesita largas explicaciones ni decantadores, pero que cumple con creces: es limpio, honesto, sabroso y coherente con el momento vital. Uno de los primeros efectos post-Navidad es el rechazo instintivo a los vinos demasiado pesados. Después de días de carnes asadas, salsas, quesos curados y dulces, el paladar pide vinos con más fruta, más acidez y menos artificio. No se trata de beber peor, sino de beber de otra manera.
Los vinos jóvenes o con crianzas muy discretas recuperan protagonismo. Son vinos que entran solos, que no saturan y que funcionan igual de bien con un plato caliente que con una ensalada completa o un táper de lunes. Y, muy importante en este momento del año, suelen tener precios mucho más amables, ideales para volver a llenar la despensa sin sufrir. A continuación, hablamos de este cambio de chip y proponemos tres vinos, que encajan perfectamente en esta vuelta a la rutina sin perder la sonrisa.
Tres vinos para reconciliarnos con enero
Celler Credo Miranius – DO Penedès
Cuando se habla de volver a la rutina, los blancos toman un papel protagonista. Miranius es un xarel·lo fresco, tenso y preciso, que rehúye la madera y apuesta por la pureza de la fruta y el territorio. Notas de manzana verde, hinojo y un punto salino que lo hace especialmente gastronómico.
Es el tipo de vino que encaja con todo: pescado blanco, arroces ligeros, ensaladas con proteína, platos vegetarianos o simplemente una copa antes de cenar. Refresca la mente, ordena el paladar y no requiere ninguna ocasión especial. Además, se mueve en una franja de precio muy razonable para la calidad que ofrece.

Acústic Celler Ritme Blanc – DO Montsant
Este blanco es una muy buena opción para quien quiere un poco más de textura pero sin caer en excesos. Ritme Blanc combina frescura con una boca ligeramente más amplia, pero siempre equilibrada. Encontramos fruta blanca madura, notas cítricas y una acidez que mantiene el vino vivo y ágil.
Es ideal para acompañar platos un poco más elaborados pero aún ligeros: pescado al horno, pollo, platos de cuchara suaves o quesos tiernos. Un vino que mantiene el interés sin cansar, perfecto para aquellos que quieren calidad y carácter sin necesidad de grandes crianzas ni precios desorbitados.

AT Roca Reserva Brut – Corpinnat
Renunciar a los espumosos después de Navidad es un error habitual. No todos deben ser para celebraciones multitudinarias. AT Roca Reserva Brut es un espumoso seco, fresco y muy bien equilibrado, con burbuja fina y una acidez que lo hace muy fácil de beber.
Funciona de maravilla como aperitivo, pero también en la mesa con platos ligeros, verduras, pescado o incluso cocina asiática suave. Mantiene el gesto festivo sin caer en el exceso, y demuestra que el espumoso también puede formar parte del día a día si está bien hecho y tiene un precio coherente.

Beber mejor no significa beber más caro
La vuelta a la rutina es un ejercicio de ajuste. De horarios, de hábitos y también de consumo. El vino no debe quedar fuera. Apostar por vinos más frescos, más ligeros y más asequibles no es un paso atrás, sino una manera inteligente de seguir disfrutando sin saturarnos.
Este tipo de vinos nos recuerdan que el placer no siempre va ligado a la excepcionalidad. Que una copa un martes por la noche puede ser tan gratificante como una gran botella abierta en una gran celebración. Y que, al final, la rutina también puede ser un lugar muy agradable si la acompañamos con el vino adecuado.
Volver a la normalidad no tiene que deprimir. Solo hay que cambiar el ritmo… y la botella.

