La saga de Harry Potter y la D.O. Montsant son “quintos”. Para quien no lo sepa, en el sur del país esto significa que son del mismo año. En 2001, el Priorat encontró su piedra filosofal con el nacimiento de una denominación de origen que venía a corregir o, quizás, a subrayar, aquello que la división comarcal de Cataluña dejó mal resuelto: si el Priorat es aquel territorio histórico de la señoría de la cartuja de Escaladei, ¿qué hacen en la comarca los otros pueblos?
Aquellos ‘sangre sucia’, que es como llama Voldemort a los magos nacidos de la mezcla de un padre o una madre puros y de un ‘muggle’, veían ahora hace 25 años con envidia cómo sus vecinos de la Denominación de Origen Calificada Priorat habían logrado dejar de vender el vino a granel y un prestigio internacional creciente. Ellos tenían que resignarse con el nombre de Denominación de Origen Tarragona-Subzona Falset, que ya dejaba clarísimo para quien quisiera entenderlo que algo no acababa de funcionar bien. “La D.O. Montsant ha ayudado a singularizar y dar valor a este territorio”, señala Carles Brull, el alcalde de la capital, Falset, con parte de su término municipal en la DOQ Priorat y parte en la DO Montsant.
En un lado, este sentimiento de hermano pobre. En el otro, las reticencias de los vecinos a que una nueva denominación de origen tan cerca y con identidad propia pudiera restar valor a un vino del Priorat que había sudado la gota gorda para sobreponerse a los durísimos años de la dictadura y las penurias de una población menguante. “Aunque fuéramos nuevos, ya teníamos una historia centenaria de haber convivido con la DOQ Priorat y supimos vender que los mejores vinos del mundo en relación calidad-precio eran los nuestros”, recuerda el primer presidente del consejo regulador de la DO Montsant, Jaume Domènech, alcalde también de Falset en 2001.
Comenzaron 28 bodegas, hoy son 55 y comparten un plan de futuro bien definido: una bodega experimental, una nueva sede en Falset y una apuesta renovada por el enoturismo. “Si para algo ha servido la DO es para ilusionar”, dice la presidenta del consejo regulador, Pilar Just.

“Puede que el Priorat tenga más ‘glamour’ para hacer proyecto, pero aquí también ha venido gente de fuera a abrir bodegas”, comenta Brull. “Hay buen producto, hay mucha calidad y eso ha hecho que la gente lo valore”, añade Domènech. Los tres coinciden en vislumbrar un futuro esperanzador a pesar de la crisis de consumo mundial y las modas actuales, siempre que se mantengan las esencias, es decir, la identidad propia. Y esto se puede resumir en tres palabras, tanto en la DOQ Priorat como en la DO Montsant: garnacha, cariñena y territorio.
Imposibilidad de reducir el éxodo
Hay margen de crecimiento para los blancos, que hace 25 años eran testimoniales. “Por lo que sea, ahora se prefiere un vino fresquito, y cuando una cosa va cambiando debes adaptarte, porque el mercado te marca. Pero por eso no debes perder la identidad”, sentencia Domènech. “La DO ha generado muchos productores que trabajan apasionadamente y se estimulan unos a otros”, sostiene Just, que ve en este comportamiento colectivo una de las claves que debe marcar los próximos 25 años del Montsant. “Hemos dado el salto del trampolín, ahora toca hacer el triple mortal”, concluye Domènech.
El reto es grande. Los municipios que integran hoy la comarca del Priorat sumaban en 1900 más de 22.000 habitantes. Hoy hay menos de 9.500, según datos del IDESCAT. Ni con la fuerza de los aproximadamente 150 bodegas de la DOQ Priorat y de los 55 de la DO Montsant, que en este último cuarto de siglo han funcionado con éxito, se ha logrado reducir el éxodo. “Es muy duro vivir en un pueblo de 200 habitantes en invierno”, recuerda Carles Brull quien, más allá de las eternas reivindicaciones de mejor transporte y servicios señala al verdadero elefante dentro de la habitación: “quizás deberíamos cambiar de mentalidad de vivir todos juntos”.
Sea como sea el futuro, la DO Montsant ha llegado a 2026 en plena madurez, y con los recelos que despertaba entre los productores del llamado Priorat histórico desvanecidos. De hecho, nunca ha habido enfrentamiento encarnizado. Aquí no pasa como en Valls con los castells. “Y no pasa porque los vinos Montsant tienen calidad”, sostiene Domènech. Seguramente el vino, y no la política, ha terminado por poner orden en la comarca.

