Aprovechar el tiempo. Ese era el objetivo último de los campesinos que hacían las construcciones de piedra seca en el momento de su creación. Al menos, así era en el Bages donde, actualmente, aún hay miles de barracas. También se conservan márgenes, terrazas y tinas, todo a pie de viña.
En el caso de las tinas, por ejemplo, los hombres del campo las colocaban junto a las cepas para poder pisar la uva allí mismo e incluso comenzar la fermentación. Cuando las trasladaban a la bodega, ya era vino o mosto y se habían ahorrado tiempo, viajes y peso. A menudo, las tinas y las barracas se construían a poca distancia entre ellas; había una tina y, en un nivel más bajo, una barraca que servía de refugio, como almacén de herramientas y para resguardar allí el ganado. Hoy en día hay en toda Cataluña y en otros países mediterráneos, pero en el Bages el número es sorprendente: se pueden encontrar alrededor de 7.000 barracas, la mayoría íntegramente de piedra seca.
Así lo explica Carles Playà, presidente de la DO Pla de Bages que señala que “incluso había lugares donde había tres o cuatro tinas y tres o cuatro barracas porque los campesinos se ayudaban entre ellos a hacerlas”. Ahora, la viña está cerca de la bodega, pero “en 1890, en el momento en que tiene lugar la gran expansión de viña en el Bages con hasta 27.000 hectáreas, como había tanto cepa, mucho estaba forzosamente alejado del pueblo o de la masía donde tenían la bodega, e incluso había en la montaña”, así que, dice Playà, “hacían estas construcciones que les permitían optimizar el transporte porque, entre otras cosas, el mosto y el vino pesan menos que la uva”.
Aparte de ser numerosas, las barracas de la comarca del Bages tienen las características únicas de estas construcciones catalanas. Cuentan con lo que se llama un voladizo; una fila de piedras en lo alto de la pared para que el agua no dañe las paredes, una aspillera, que es un pequeño agujero en la mitad de la pared para que entre la luz y el aire, y bancos de piedra en el interior.

Si bien son fáciles de encontrar, no es tan sencillo acceder a ellas a través de una ruta planificada. Aunque sería una buena oportunidad enoturística, el presidente de la denominación de origen explica que la mayor parte de las barracas con tina están en fincas privadas. Además, “casi siempre, la finca de propiedad privada no tiene nada que ver con el mundo del vino y, por lo tanto, no hay una explotación ahora mismo ni de agricultura ni de viticultura” y entonces “hacer entender al propietario que se debería rehabilitar y cuidar es difícil”, dice Playà. “Hay un trabajo de pedagogía para que los propietarios y los ayuntamientos correspondientes se impliquen y, a partir de ahí, quizás sí que se podrían rehabilitar varias rutas”, añade. De hecho, ya hay algunas que la misma DO incluye en su Ruta del Vino, pero “podría haber más y no se deteriorarían las que hay”.
En todo caso, la denominación de origen, desde que fue creada, siempre ha tenido la intención de preservar y cuidar estas construcciones de piedra seca. Se celebran un par de premios asociados al oficio de su conservación; los galardones ‘Viu la Pedra Seca’. Por un lado, hay un concurso que se celebra cada dos años para rehabilitar y conservar las barracas de viña ya existentes y, por otro, otro certamen para presentar proyectos que sirvan para promocionar el estudio, la investigación y la educación vinculada a este tipo de patrimonio.
Además, llevan a cabo un proyecto que une la restauración de estas construcciones y la inserción laboral de personas en riesgo de exclusión. Con una aportación económica de la Fundación “la Caixa”, Cáritas Manresa y la cooperativa Senders Vius forman a los participantes para que recuperen barracas y muros a través de la enseñanza del oficio de marger.
También piensan en la posibilidad de utilizar las construcciones existentes para cuestiones prácticas. Entre otras propuestas, hace unas semanas, el Colegio de Arquitectos de Cataluña y la DO Pla de Bages organizaron en Manresa una jornada sobre la piedra seca bajo el nombre ‘Arquitectura de la piedra seca: legado, técnica y futuro’. Con conferencias y una mesa redonda, trataron el valor patrimonial, la transmisión del oficio de marger y las posibilidades de aplicar esta técnica a la arquitectura actual. Como deja claro Carles Playà, aquella jornada “no se trató solo de hacer un trabajo de preservación histórica, sino también de intentar y pretender ejecutar posibles aplicaciones”.

Para poder materializarlo, sería necesaria la aprobación o el certificado de un arquitecto y, por lo tanto, tendría que haber unas reglas a seguir que, por ahora, no existen. “En Francia ya se está trabajando para que las construcciones de piedra seca puedan servir para cuestiones cotidianas con ciertas condiciones”, explica Playà. Y añade: “Las piedras deben colocarse de una manera determinada que implica el conocimiento de un maestro marger y la confirmación de un arquitecto”. En definitiva, si se tuviera que utilizar alguna infraestructura de piedra seca para usos como el de un muro de contención o una canalización, debería haber unos estándares de calidad.
Sin embargo, como destaca el presidente de la DO Pla de Bages, “la mayoría de las barracas tienen 200 años y aún continúan en pie sin mantenimiento”. Su resistencia es testimonio del oficio y de los conocimientos con que se construyeron. Hoy en día, conservar este patrimonio requiere nuevas tareas de restauración y mantenimiento, pero también el compromiso de preservar una parte esencial de la historia del territorio que, en este caso, claramente está presente.

