El impacto de las bodegas y empresas del sector vitivinícola en el territorio y la naturaleza es inmenso. No solo se trata de personas que cultivan viñedos para elaborar vino y venderlo, sino que en muchos casos se convierten en guardianes del bosque, protectores de la biodiversidad e incluso piezas clave para el correcto funcionamiento del ecosistema. No es de extrañar, entonces, que desde el certificado B Corp celebren la llegada de bodegas a su sello sostenible. En tan solo un año, la entidad ha pasado de dos a nueve bodegas dentro del estado español y ya suma 81 en todo el mundo; empresas comprometidas que aseguran que el rédito económico debe ir acompañado de muchos otros parámetros que implican un mejor trato a las personas y al medio ambiente. En un mundo cambiante como el actual y con la amenaza del cambio climático, las bodegas con certificado B Corp se convierten en los pioneros de un posible nuevo mundo en el que cumplir los objetivos económicos no tenga que ser una meta a cualquier precio.
«El vitivinícola era un sector clave donde queríamos acceder por su conexión con la tierra», explica a Vadevi Montse Sellarès, directora de comunicación de B Lab, la empresa que gestiona el certificado B Corp. Para la experta, mantener el equilibrio entre el retorno monetario de las empresas y su implicación con el planeta es imprescindible para el funcionamiento de la economía del futuro. Y precisamente esa es la misión de BCorp, un certificado que agrupa alrededor de 10,000 empresas en todo el mundo que trabajan dedicadas a mantener objetivos sostenibles, tanto sociales, como ambientales, de transparencia y responsabilidad empresarial. En la actualidad, ya hay algunas bodegas catalanas que se han interesado por el certificado y han decidido adentrarse en el complejo proceso de auditorías para formar parte de este «colectivo», tal como lo define Sellarès.

Como toda buena historia, comienza con una empresa catalana. De esta manera, los pioneros en comenzar a trabajar para conseguir el certificado B Corp fueron Vallformosa, una empresa vitivinícola que no tiene viñedos propios, sino que gestiona varias parcelas de viticultores. «En aquel momento, no había certificados tan completos como este», describe Sílvia Rodríguez, directora de comunicación de Vallformosa y una de las impulsoras del sello dentro de la compañía vitivinícola. B Corp les encajó a la perfección porque según confirma la experta «no tuvieron que hacer nada para ser merecedores del sello», es decir, «solo había que auditar todo lo que ya hacíamos de una manera concreta». Una opinión que también comparte Adela Capdevila, jefa del área de sostenibilidad de Albet i Noya, una bodega catalana que también ha recibido la certificación. Capdevila concreta a este diario que buscaban diferenciarse, y por tanto no era una cuestión del certificado, sino de conseguir encontrar un paraguas que demostrara todo el trabajo que estaban haciendo en términos de sostenibilidad en todos los ámbitos de la bodega.
Ahora bien, no solo se llega a B Corp por querer certificar prácticas que ya están presentes en la compañía. En este sentido, Raventós Codorníu, otra empresa vitivinícola que tiene el sello, comenzó su camino hacia la sostenibilidad en el momento que la empresa hizo un cambio de rumbo. Así lo explica Maria Vidal, chief Communications and Sustainability Officer de la compañía, quien afirma que con la llegada del nuevo director general Sergio Fuster y su experiencia previa en otras compañías se abrió la reflexión del «potencial» que tenía el sello B Corp. Si bien es cierto que Vidal especifica que «ya había prácticas que estaban haciendo», la directiva también asegura que les ayudó a «poner las ideas en orden y encontrar un objetivo». En el caso de Raventós Codorníu fue una pregunta: «¿Lo que hacemos da valor a la tierra?«, añade Vidal.
Salir de la competencia feroz
Más allá de la voluntad de las bodegas y empresas vitivinícolas de ser más sostenibles también hay una clara disposición a mejorar el modelo económico actual. De esta manera, B Corp no se trata de un certificado que da una estrellita por cada gota de agua recogida, sino que intenta crear valor y reconstruir líneas de acción desde un punto de vista más transparente tanto internamente como externamente. Según Sallarès, «no es ninguna sorpresa que la palabra sostenibilidad venga de sostenerse en el tiempo«, en otras palabras, B Corp defiende un modelo a largo plazo que no se centra en la competencia, sino en la ayuda de unos a otros para construir un modelo mejor, «aunque no perdamos de vista que también se debe ganar dinero», menciona Vidal, de Raventós Codorníu.
El equilibrio entre ganar dinero y tener un retorno para el mundo es complicado y más en un sector como el del vino, donde cada vez hay menos consumidores y la competencia es más feroz. Aun así, las tres representantes de bodegas entrevistadas tienen muy claro que pertenecer a B Corp les da otra visión de cómo debe funcionar el sector. «Se centra mucho más en crear comunidad y no tanto en competir», remarca Vidal. También desde la misma entidad certificadora, Sellarès menciona que el sector vitivinícola es uno de los que más se puede ver esta colaboración entre bodegas: «Ellos mismos son grandes embajadores del sello», repite la directora de comunicación de B Lab.

A pesar del conocimiento interno que hay del sello, la realidad es que el público aún no termina de conocer este certificado. En este sentido, todas las entrevistadas coinciden en afirmar que «queda camino por recorrer». No obstante, es evidente que la sostenibilidad crece entre los criterios de prioridad de los consumidores, especialmente los de productos vitivinícolas. Por lo tanto, aunque B Corp no sea un sello reconocido en el momento, es muy probable que «termine marcando la diferencia en el futuro«, expresa Capdevila, de Albet i Noya.
Un certificado con ventajas
El esfuerzo de hacer el cambio hacia la sostenibilidad no pasa desapercibido, pero aún no hay ninguna ley o normativa que dé beneficios fiscales a estas empresas, al menos en Cataluña o en el estado español. Ahora bien, Sellarès confirma a Vadevi que no solo la fiscalidad es un beneficio para las empresas, ya que «hay numerosas administraciones que favorecen el acceso a subvenciones a empresas que, como las B Corps, cumplen altos estándares de impacto». De esta manera, ser de B Corp aumenta las posibilidades de las compañías vitivinícolas de acceder a ciertas inyecciones de dinero público. Además, la directora de comunicación de B Lab concreta que su sello «también facilita la atracción de inversiones de impacto y ofrece ciertas ventajas y mayores puntos en licitaciones públicas que incluyen criterios de sostenibilidad».
Paralelamente, el movimiento B Corp también ha impulsado en el estado español el reconocimiento legal de las empresas con propósito a través de la figura de las SBIC; unas siglas que sustituyen SL o SA y que permiten identificar legalmente a las empresas que integran el impacto en su estrategia y cumplen altos estándares sociales, ambientales, de gobernanza y transparencia. «Impulsar leyes que faciliten la adopción de estos modelos y premien a las empresas que lideran con el ejemplo es una de nuestras líneas de acción», remarca Sellarès, quien concluye y confirma que a medida que pase el tiempo y más empresas se unan a B Corp, más «público conectará con el movimiento».


