La Barcelona Wine Week no se presenta al mundo como solo un expositor de los vinos catalanes, sino que pretende ser un punto de unión entre las bodegas y los profesionales del sector nacional e internacional. Conexiones, reuniones y algunos contratos surgen de estos tres días de intenso trabajo para exponer y descubrir las maravillas de los vinos del sector vitivinícola de nuestro país. Tanto es así que las mismas instituciones públicas buscan aportar su granito de arena a esta feria y acercar aún más el vino catalán a otras partes del mundo. De aquí surgen proyectos como la Misión Inversa que impulsa Prodeca, donde importadores y profesionales de otros países llegan a Barcelona con una agenda muy cargada, llena de bodegas para visitar, vinos por conocer y, si hay suerte, marchar con algunos contactos bajo el brazo para posibles compras en el futuro. Sin duda, una iniciativa que deja clara la apuesta principal del Gobierno: hacer que la calidad de los vinos catalanes se conozca mundialmente.
«Son días muy productivos donde realmente hemos probado vinos de mucha calidad», explica a Vadevi Jeremaia Charles, de la tienda de vinos de Nueva York 67 Spirits & Wines. El profesional viene a la capital catalana con la intención de poder ampliar su lista de vinos con nuevas referencias. Las tres jornadas de la Wine Week solo son la primera prueba, ya que durante el resto de la semana, estos profesionales extranjeros se pasean por diversas bodegas del país con la intención de descubrir sus historias, aprender sobre el terreno que pisan y, sobre todo, probar algunos de sus vinos más emblemáticos. Además, durante la feria también tienen una ruta marcada de todas las bodegas que deben visitar, con paradas exclusivas y ligadas a sus preferencias y las necesidades de los mercados en los que trabajan: «Nos han hecho ver muchas cosas y realmente me he guardado muchísimas referencias que me han parecido interesantes», reconoce Charles, quien enciende el móvil para enseñar a este diario varias fotografías de algunos de los stands que ha visitado durante la BWW.
Las bodegas no se eligen al azar. Desde Prodeca han perfeccionado su convocatoria para que todas las bodegas que apliquen y cumplan los requisitos acumulen puntos para formar parte de este proyecto. Laia Villalbí, jefa del Sector del Vino de Prodeca asegura que es un proceso minucioso, en el cual se busca encontrar aquellas bodegas que encajen a la perfección con los importadores y profesionales que aterrizan en Barcelona de la mano de este programa, que está cofinanciado por la Unión Europea. En este sentido, se hace rellenar un formulario a ambas partes y de ahí se extrae una lista puntuable de objetivos comunes. «Las ocho bodegas con más puntuación son las que visitamos fuera de la Wine Week», dice Villalbí, quien añade que el resto se han podido visitar durante los tres días que ha durado el evento. «El requisito principal para elegir las bodegas es que ya tengan su entrada para participar en la BWW», especifica la jefa del Sector del Vino de Prodeca.
Este desdoblamiento de bodegas con visita y bodegas dentro de la misma Wine Week también ha probado ser un éxito para las empresas participantes. Ramon Roqueta, propietario de LaFou y Abadal afirma a este diario que «el formato de esta propuesta es el que aporta más valor: no hay mejor impacto que conocer de primera mano las bodegas y el territorio». De esta manera, el bodeguero ve muy positivo que se faciliten encuentros directos con un grupo de compradores internacionales, ya que él mismo reconoce que «si los trabajas individualmente, requieren mucho tiempo y recursos». Al ser preguntado por las posibles conexiones que han podido hacer con estos importadores extranjeros, Roqueta concreta que ha habido «contactos valiosos» y añade que en algunos casos han podido conocer nuevos importadores y en otros consolidar vías con clientes ya existentes: «Ahora la clave es darles continuidad y convertirlos en relaciones estables», explica.
Más profesionales conectados con el consumidor
A diferencia del año pasado, que también se llevó a cabo esta iniciativa, en esta edición de la Wine Week los profesionales que se han seleccionado tienen más relación con el cliente. En este sentido, Villalbí asegura a este diario que ha habido un cambio de tendencia y que cada vez ven más como los profesionales norteamericanos que tienen más poder de decisión son «retailers, distribuidores y otros perfiles más cerca del consumidor». Es por eso que estas profesiones son las que más se han podido ver en la selección de Prodeca. Además, este año también han añadido un grupo de profesionales de China, con los cuales ha pasado lo mismo: «Ya no son los importadores los que recomiendan, sino los mismos restauradores y tenderos los que eligen lo que quieren», confirma la jefa del Sector del Vino de Prodeca.

Un ejemplo claro de este cambio es Charles, el cual está siempre en contacto con sus clientes en la tienda de Nueva York. El entrevistado por Vadevi concreta que a él le gusta elegir «personalmente las marcas que hay en la tienda» y aunque no es el propietario «se tiene muy en cuenta la opinión de buena parte de la plantilla». De esta manera, pues, estas nuevas generaciones de tenderos y restauradores prefieren probar el producto de primera mano y a la hora de pensar en vinos importados, les gusta más hacer sus listas que no dejarse guiar por los importadores: «Tienen el poder de decisión los que están más en contacto y trabajan directamente con los consumidores», repite Villalbí.
La larga sombra de los aranceles de Trump
Cuando se habla de exportaciones es inevitable pensar en los aranceles de Donald Trump que han sacudido la estabilidad del sector vitivinícola europeo. Aunque la subida de precio no ha sido altísima, comparada con las amenazas que había puesto sobre la mesa el presidente de los Estados Unidos, la realidad es que el impacto se ha podido percibir en toda la cadena, incluso en los consumidores. Charles comenta que en su tienda de Nueva York no ha habido muchas quejas por el aumento de precio, pero también reflexiona que «la situación no es la más favorable y pagar dos o tres euros más es un gran esfuerzo para algunas personas». De la misma manera, Roqueta, propietario de LaFou y Abadal también opina que la situación es mejorable, pero aún hay mucho por luchar. «Es un factor que impacta en el precio final y añade incertidumbre. Los importadores son prudentes, pero el interés se mantiene cuando el producto está bien diferenciado y aporta valor», dice el bodeguero, quien añade que están «confiados en el hecho de que pueda haber recorrido».
Aproximar a los compradores extranjeros a los vinos catalanes es una estrategia de país. Tanto las bodegas como la administración pública están dispuestas a poner su granito de arena para hacer que Cataluña sea conocida en todo el mundo por sus vinos. Esta segunda edición consecutiva de la Misión Inversa de Prodeca es uno de los ejemplos de éxito que la conexión entre extranjeros y vinos catalanes. Una situación que enaltece el trabajo de un sector tan importante para la economía catalana y ayuda a hacerlo crecer, pero sobre todo a demostrar que dentro del país se hacen grandes vinos que merecen ser expuestos mundialmente.

