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El vino catalán mira hacia el Mercosur en plena protesta del campo

Mientras el campo catalán sale a la calle para expresar su malestar ante la posible firma del acuerdo del Mercosur, el sector vitivinícola anhela su aprobación. La realidad es que el mundo del vino ha sufrido muchas crisis en los últimos años y las trabas arancelarias de Trump a los productos europeos han complicado aún más la exportación de este producto. Tanto es así, que la apertura a nuevos mercados se convierte en una oportunidad. Aunque es cierto que el sector empatiza con las protestas de los agricultores y confirma que es necesaria una aprobación del acuerdo manteniendo cierta letra pequeña, no ve razones suficientes para desistir de su firma y, en algunos casos, incluso se asegura que no aprovechar este tratado sería perder una oportunidad que el mundo del vino no se puede permitir. «Somos sensibles a la causa de los agricultores, lo entendemos, pero es una muy buena oportunidad para el vino«, expresa Joaquim Tosas, director general de la bodega Sumarroca y presidente de la Aecava, la Asociación de Elaboradores de Cava.

Desde que Donald Trump anunció sus nuevas políticas arancelarias para los productos europeos, el mundo del vino se ha abierto más que nunca a potenciar nuevos mercados. Durante años, los exportadores catalanes habían tenido entre ceja y ceja a Estados Unidos como la gallina de los huevos de oro que no se puede dejar escapar. Actualmente, las complicaciones que ha puesto el presidente estadounidense hacen que la mirada se posicione en otras regiones, más nuevas y frescas y donde los aranceles no son el problema. En este sentido, Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil se alzan como posibles territorios donde el vino catalán tendría cabida. Es por este motivo que el Mercosur cobra fuerza dentro de un sector castigado por la caída de consumo que busca nuevos horizontes. «Tenemos vocación exportadora y necesitamos mantener esta venta al exterior», reconoce a Vadevi Eugeni Llos, presidente de la Asociación Vinícola Catalana (AVC).

El campo catalán y el sector vitivinícola comparten muchas realidades, pero en este espacio viven muy diferente. Los agricultores compiten de manera feroz con productos exteriores, que podrían estar menos regulados y ser más baratos, lo que haría caer la venta de los productos de proximidad. El vino, en cambio, no tiene tanta competencia en este aspecto. De hecho, la entrada de vinos argentinos, por ejemplo, no preocupa al sector o al menos no es un argumento con más fuerza que la clara necesidad de continuar expandiendo los mercados donde exportar vino catalán. «Vemos unas ventajas clarísimas en el tratado del Mercosur», asegura Llos. Para él, la diversificación de mercados es una pieza clave para la reestructuración del sector vitivinícola catalán y, por tanto, cuántos menos aranceles, más posibilidades de vender a estos países. «Sobre todo ahora que hemos perdido a Estados Unidos», añade el presidente de la entidad.

Copa de garnatxa | Foto: Jordi Play

Por otro lado, el sector vitivinícola también tiene muchas más regulaciones que en la materia prima «son más difíciles de definir», tal como describe Tosas. En este sentido, se siguen las normas de etiquetado y embotellado que marca su lugar de destino y no el origen. Por tanto, un vino que se vende en el continente americano tendrá las normativas que haya en el país donde vaya y no las catalanas o españolas. «Con tanta regulación, acabamos más protegidos», ironiza el presidente de la Aecava, quien añade que otros sectores no cuentan con regulaciones tan estrictas.

Una «necesidad inminente» para el mundo del vino

En los últimos años, el sector vitivinícola ha sufrido crisis tras crisis. La sequía y el cambio climático se han apoderado de los modelos de producción, obligando en muchos casos a hacer cambios en la manera de cultivar y en las variedades. Además, el consumo continúa a la baja y después de la pandemia cada vez hay menos personas que consumen vino diariamente. Paralelamente, las nuevas generaciones se han desencantado de la bebida y la cifra de consumidores de vino jóvenes se va reduciendo. Con todos estos conflictos sobre la mesa, el futuro del vino catalán -y también mundial- es incierto, pero no está perdido. Las exportaciones pueden ser el salvavidas del sector, ya que en muchos casos productos catalanes como el vino son exóticos a ojos extranjeros y, por tanto, deseados. Por este motivo, la entrada en vigor del acuerdo del Mercosur se ve como «una necesidad inminente» para el sector, según Tosas.

Ahora bien, las mismas fuentes matizan que el Mercosur no debe aplicarse de cualquier manera. La necesidad de cláusulas espejo y otras herramientas para garantizar la supervivencia de los sectores que salen más perjudicados del pacto la consideran esencial. «Aunque en tu país no esté prohibido conducir sin cinturón, no exportarías nunca coches sin cinturón a países donde sí hay esta prohibición», ejemplifica el presidente de la Aecava, quien destaca que «lo mismo debería pasar con la alimentación». De esta manera, el elaborador pretende dar apoyo al sector de la agricultura, que les es muy próximo, y defiende que es necesario que se hagan los controles necesarios para que productos de calidad crucen las fronteras sin ningún coste añadido.

Repartir el riesgo en momentos de crisis

Más allá de la necesidad de tener más mercados donde vender el vino, Estados Unidos ha enseñado al sector vitivinícola que no se puede tener todo en una misma cesta. Así pues, el presidente de la AVC reconoce que el Mercosur también será una gran herramienta para la diversificación de riesgos, es decir, si hay más botellas de vino catalán repartidas por el mundo, no habrá tanta preocupación por la caída del consumo de un país en concreto. Precisamente, esta nueva apertura a nuevos mercados también pretende deshacerse de la venta «a los países de siempre», en palabras de Tosas, quien argumenta que son los países que tradicionalmente importaban vino catalán los que están reduciendo su consumo, mientras que los nuevos compradores parecen más dispuestos a probar los vinos que se hacen en Cataluña. «Hay una ola de nuevos mercados a los que hay que entrar y el Mercosur es una buena manera para facilitarlo», concluye el presidente de la Aecava.

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