Los espacios donde se consume vino han ido cambiando a lo largo de los años. Hace cinco o seis décadas era el centro de todas las mesas de Cataluña. Actualmente, sin embargo, el vino es una bebida festiva que se bebe ocasionalmente y sobre todo en bares y restaurantes. Concretamente, el 94% de los consumidores de vino del estado español afirman que lo toman fuera de casa, en establecimientos de restauración. Un giro que no sorprende, ya que después de la pandemia y de la obligatoriedad de quedarse en casa el consumidor sigue buscando espacios donde divertirse fuera del hogar. Esta es la principal conclusión del estudio Observatorio del vino en España: Hábitos de consumo, percepción, tendencias y futuro del sector, realizado con 1.600 entrevistas a consumidores por la publicación sectorial Alimarket para la Barcelona Wine Week, el evento referente de vino de calidad que tendrá lugar del 2 al 4 de febrero en Fira de Barcelona. Aunque el documento completo se presentará durante el evento, Vadevi ha tenido acceso a las primeras conclusiones del informe.
El documento destaca que se consume vino mayoritariamente en comidas y encuentros familiares o sociales fuera de casa, y la hostelería es su prescriptor natural. Este dato se contrapone a la tendencia mundial y convierte al estado español en una rara avis del sector. De hecho, los datos mundiales confirman que el hogar es el espacio donde más vino se consume, una herencia de los meses de confinamiento durante la Covid. Según apunta el informe, el hogar sigue siendo el entorno donde toman vino más de la mitad de los consumidores de vino del mundo, y lo compran sobre todo en los supermercados, que concentran el 73% de las ventas, seguidos de los hipermercados, con un 55%. Otros canales como bodegas, tiendas especializadas, compra en línea o clubes de vino llegan a un 23%. «Este análisis muestra cómo el consumidor de vino en España confía en sus puntos de restauración de referencia, elige momentos compartidos y no individuales», asegura Jesús Barbero Quirós, autor del estudio y manager market research en IO Investigación, empresa de investigación de mercados y estudios de opinión.
Aunque las razones principales y concretas de esta preferencia por los restaurantes en contraposición a la tendencia mundial se explicarán detalladamente en febrero, el estudio de Barbero detecta que en el estado español hay una clara preferencia por vinos de valor, sobre todo con denominación de origen: «El consumidor busca cada vez más la calidad del producto y la garantía y confianza que le da una denominación de origen. Es un consumo cada vez más cultural, consciente e informado», confirma el autor del informe. Además, también hay afán por descubrir vinos nuevos y hacer diferentes catas en una sola noche. Estas dos situaciones, sumadas al incremento del vino como una bebida ligada a la cultura, crean el caldo de cultivo perfecto para que los consumidores busquen espacios con encanto para dejarse sorprender por los mejores vinos, con tanta variedad como sea posible.
La gran importancia de las DO y la calidad
Buena parte de estas ganas de beber vino en bares y restaurantes está ligada a la perspectiva que los consumidores tienen de los vinos del territorio. En este sentido, el 76% de los consumidores considera que el vino de origen catalán y español es de buena calidad o muy buena. El informe apunta una alta vinculación emocional con el producto y la importancia de proyectar la tradición y diversidad del vino, tanto en el mercado interno como en el internacional. En otras palabras, el relato de las bodegas combinado con los productos de calidad que ofrecen se ha convertido en todo un activo para los consumidores. Así, la denominación de origen ejerce un papel relevante en la decisión de compra. El 80% de los consumidores considera muy importante o bastante que un vino esté acogido a una DO concreta, aunque no especifica cuáles son las más consumidas.

Ahora bien, la elección de vinos adscritos a DO está hecha a ciegas, según el estudio. De esta manera, solo un 28% de los encuestados declara tener un conocimiento elevado sobre las diferentes denominaciones y sellos de excelencia. Por ello, el documento mantiene que es necesario facilitar al máximo la información de cada producto. De hecho, el 64% de los consumidores muestra preocupación por la claridad del etiquetado y por la variedad de la oferta, aspectos que influyen de manera directa en el proceso de decisión. Según el análisis, cuando la información es clara y comprensible, el consumidor se siente más seguro en su elección. Elementos como un etiquetado claro, una presentación ordenada y un adecuado asesoramiento contribuyen a mejorar la experiencia de compra y a reforzar la confianza en el producto.
La búsqueda de vinos innovadores
Aunque es cierto que el sector vitivinícola es tradicional, cada vez hay más consumidores que buscan vinos diferentes, más ligados a las tendencias y modas actuales. En contra de lo que defiende parte del sector, la desalcoholización crece con fuerza entre los consumidores. Tanto es así que el estudio también detecta un creciente interés por vinos sin alcohol o con baja graduación entre la población de entre los 18 y 29 años. Un 15,3% de los jóvenes incluye estos vinos en su cesta de compra habitual, y un 30,5% los ha consumido o probado en los últimos 12 meses. Según explica el documento, este segmento de población valora la frescura, ligereza y conveniencia como principales atributos, buscando productos que se adapten a su estilo de vida, más informales y «menos ritualizados», es decir, que huyan de la tradición que rodea al mundo del vino desde hace siglos. Así, otra de las conclusiones del estudio es que los jóvenes redefinen la relación con el vino, priorizando opciones frescas, ligeras y accesibles, como los vinos rosados, los espumosos y las bebidas de vino informales. Además, muestran interés por formatos prácticos como latas o mini botellas.




