El campo es un mundo de hombres. Como otros sectores, la agricultura siempre se ha percibido como un espacio masculino, de trabajo sucio y con pocas mujeres; un estereotipo muy alejado de la realidad, ya que cualquier agricultor recuerda a su abuela o su madre dejándose la piel por el negocio familiar. Mientras que en el sector vitivinícola cada vez hay más bodegas lideradas por mujeres, en el campo continúan ocultas entre bastidores, invisibilizadas bajo miradas de sorpresa y algún toque de desprecio al verlas llegar con el tractor o agachadas recogiendo los frutos de su trabajo, con las botas sucias y las manos rugosas. Ahora bien, llegan los fotógrafos, los días señalados y los eventos de prensa, y estas viticultoras se convierten en portada, las heroínas del sector, las que cambiarán el mundo cuando, la realidad es que una vez se apagan las cámaras, continúan sin recibir mucho reconocimiento por su trabajo, más allá del propio. Una profesión necesaria, pero como tantas otras, invisibilizada a ojos de una sociedad que cuando piensa en la agricultura, ve una figura masculina.

«Cuesta mucho encontrar mujeres viticultoras», asegura a Vadevi, Imma Soler, de la bodega Mas la Plana. La viticultora viene de familia de agricultores y ella es la primera generación que ha decidido embotellar y elaborar vino. Aun así, no se olvida del campo y mantiene una estrecha relación con los viñedos de su familia. Lleva tractores, poda y vendimia como cualquier familiar entregado. Para ella, la cuestión de género nunca ha sido un conflicto familiar, «la madre vendimiaba igual que el padre», dice. Sin embargo, reconoce que al salir de la burbuja se nota todo el trabajo por hacer y aún ahora recibe comentarios sobre sus bonitas manos sin callos: «Alguien debería explicarles a los hombres que ahora utilizamos cremas», ironiza Soler. Es precisamente esta incredulidad la que demuestra que las mujeres todavía tienen un perfil muy bajo en el mundo rural. Si hablamos de bodegas, además, parece más fácil encontrar a una mujer liderando que a una mujer vendimiando. Sin ser esta una noticia negativa, alimenta la narrativa machista de que las mujeres sirven en las oficinas y los hombres en la naturaleza. «Nos queda una vida entera para llegar a la paridad«, lamenta Soler.

Más allá del crecimiento de la figura de la mujer en el campo, como siempre la lectura del empoderamiento es doble. De esta manera, la visibilización de la mujer, en algunos contextos, ha ido acompañada de beneficios para las empresas para las que trabajan, mayoritariamente dirigidas por hombres. «Es el purplewashing de toda la vida», concreta también a este diario Blanca Ozcáriz, de la bodega Jardí dels Sentits. Actualmente, el proyecto es suyo, pero la viticultora y enóloga ha dado vueltas por toda Cataluña, ganando experiencia en varias bodegas y viendo de primera mano lo que pasa cuando baja el telón: «A mí me han tenido oculta», expresa la experta, quien confirma que en algunos momentos de su vida ha visto cómo los méritos se los llevaban hombres, cuando ella tenía participación. «Eso sí, para el 8M siempre», añade Ozcáriz, quien también recuerda que su figura era importante en los momentos en que los jefes querían dar una imagen de pluralidad y feminismo. Una historia personal, pero que se replica en otros testimonios de maneras diferentes, ya que no todas las mujeres han visto su trabajo menospreciado, pero sí que todas las entrevistadas reconocen que hay una herencia machista en el sector vitivinícola que pone a la mujer a hacer el trabajo sucio, mientras el hombre se lleva el mérito. «Me doy cuenta de la invisibilización cuando hablo con mujeres mayores o veo fotos de mesas redondas llenas de hombres», dice Barbara Maguglini, de la bodega La Gutina.

Decisiones para el sector que toman los hombres

Utilizar a la mujer para fines empresariales o mantenerla invisibilizada son herencias del pasado, situaciones que aunque continúan sucediendo, cada vez se entierran más gracias a la fuerza conjunta de las mujeres, de su lucha constante por ser visibles en un mundo de hombres. No obstante, la cuestión de género también se cuela en la toma de decisiones más gubernamentales. La falta de representación femenina en el campo es un conflicto que también se enquista a la hora de hablar de los problemas de la agricultura, ya que si una parte del sector está invisibilizada, ya no tiene voz. Maguglini alerta de esta situación y explica a este diario que «las mujeres también necesitan el micrófono para hablar de los problemas del sector». De esta manera, mientras exista esta visión colectiva de que la mujer no pertenece al campo, la fotografía del sector queda descompensada y eso, en el momento que toca hablar de falta de relevo generacional, de precios bajos o de competencia desleal con otros países, perpetúa una imagen masculina en un mundo que ya no lo es tanto. «Falta representatividad», expresa Maguglini.

Mujer con una copa de vino
Mujer con una copa de vino | Foto: iStock

De hecho, que las mujeres tengan un papel clave en el campo no solo pasa porque haya agricultoras y viticultoras dispuestas a tomar responsabilidad y negocios, sino que también es un cambio que se debe ver a la hora de ir a luchar por los derechos de la agricultura. Además, según Soler, de la bodega Mas la Plana, las interacciones entre hombres y mujeres han probado ser mucho más efectivas a la hora de decidir los próximos pasos a seguir. La agricultora habla de su experiencia en concreto y asegura que en muchos momentos ser mujer ha dado una nueva visión a los hombres que la rodean: «Los hombres están acostumbrados a hablar con hombres y cuando aparece una mujer los descoloca, raramente me han discutido», celebra Soler. Independientemente de que esta sea una visión personal, la realidad es que la diversidad de opiniones también implica aceptar que las mujeres tienen todo el derecho del mundo a tener voz en este sector, a hablar de los problemas endémicos que lo acompañan y a negociar -junto a los hombres- las posibles mejoras.

La fuerza del colectivo

Para llegar a encontrarse en una posición de poder, después de años de invisibilización, las mujeres agricultoras han encontrado la manera de unirse. En Cataluña existe el colectivo Dones del Món Rural, que une más de 200 voces, manos y testimonios con el objetivo común de convertirse en referentes en un sector clave para la economía y el futuro del país. Este año, además, el mundo también mira hacia las mujeres y su papel clave en la agricultura. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), quiere reconocer y visibilizar el papel clave de las mujeres en la agricultura y los sistemas agroalimentarios, así como avanzar hacia la igualdad de género en el mundo rural. Es por eso que declaró el 2026 como Año Internacional de la Mujer Agricultora, una conmemoración que reconoce la tarea imprescindible que desarrollan millones de mujeres en los sistemas agroalimentarios de todo el mundo. Un recordatorio viviente de que, por mucha invisibilización, las mujeres continuarán formando parte de la agricultura, esta vez, sin embargo, con orgullo y sin esconderse.

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