Según la última edición (2023) de la Vinografía de los Alella, que publica la revista Papers de vi cada cuatro años y que recopila todos los vinos que se elaboran en el territorio DO Alella, esta zona productora tiene en el mercado unas 200 referencias de vino: de las 200, aproximadamente 90 son vinos que no llevan el sello de ninguna denominación de origen; 15 están certificados por la DO Cava y también hay un DO Cataluña: y, el resto, un poco menos de un centenar, llevan el sello de la Denominación de Origen Alella.
El trabajo de los consejos reguladores es, resumiéndolo y haciéndolo fácil, certificar el origen y la calidad de los vinos. Es una tarea, pues, primordial. Muy necesaria. ¡Importantísima! Todas las zonas productoras del país quieren que sus vinos sean de calidad y que el origen esté 100% garantizado. ¿Por qué motivo, entonces, casi la mitad de los vinos que se elaboran en el territorio DO Alella no llevan el sello de esta DO (ni de la DO Cava ni de la DO Cataluña)? Hay tres motivos principales.
En primer lugar, hay una cuestión de tendencia. Los vinos naturales (o sin sulfitos, o de mínima intervención) están de moda y los elaboradores que los hacen, a menudo los lanzan al mercado sin pasar por el filtro de una denominación de origen. Por un lado, porque podría pasar que el comité de cata de la DO no los diera por válidos. En algunos casos, este tipo de vinos presentan unos aromas y sabores que no se ajustan a aquellos que recoge el pliego de condiciones (la lista de normas que rige un consejo regulador). Por otro, porque a menudo los elaboradores de este tipo de vinos defienden que los consejos reguladores resultan demasiado rígidos y no les permiten crear productos que se expresen con libertad. Si sumamos el hecho de que formar parte de una DO implica mucha gestión de papeleo administrativo, el argumento “estoy fuera de la DO porque quiero” es percibido, por algunos clientes, como un acto de rebeldía que hace atractivos a estos elaboradores.

En segundo lugar, encontramos la rigidez que mencionábamos unas líneas más arriba. Los vinos espumosos elaborados con el método ancestral llevan años de moda y casi todos los productores del territorio Alella elaboran alguno. Pero sucede que el pliego de condiciones de la DO Alella no acepta los ancestrales. Y aún más sorprendente: aunque Alella ha sido, históricamente, un territorio de grandes vinos dulces y generosos... el pliego de condiciones tampoco los acepta. Por este motivo, los ancestrales y dulces del territorio salen al mercado sin DO. El Consejo Regulador de la DO Alella ha modificado el pliego de condiciones para que ambos tipos de vinos puedan ser DO, pero el proceso administrativo que debe hacer posible la aprobación de este cambio es tan largo que pasan los años… y esta actualización no acaba de llegar nunca.
En tercer lugar, están las razones económicas. En el territorio DO Alella está el caso de Vallalta Vinícola, que tiene las viñas inscritas en la DO, que tiene un propietario, Bernat Lleixà, que cree en el concepto de denominación de origen, que es vocal del consejo regulador como viticultor, que desearía que sus vinos llevaran el sello de la DO Alella… y que no lo llevan porque el coste económico de entrar a formar parte es demasiado alto para una iniciativa tan pequeña como la suya.
En el momento en que una bodega de la zona de Alella lanza al mercado un vino sin DO, podría pasar perfectamente que llevara uva de otras zonas o, incluso, que fuera elaborado fuera de este territorio. El autor de este texto tiene confianza absoluta en la honestidad de todos los elaboradores, pero si estás fuera de la DO… nadie garantiza al cliente final el origen de tu producto. No es una reflexión nueva, en absoluto. Pero tal vez no está de más repetirla. La tarea de los consejos reguladores es importantísima y tiene un gran valor. Pero resulta urgente revisar su funcionamiento para que puedan adaptarse mucho más fácilmente a las demandas del mercado, a la manera de hacer de los elaboradores, si no quieren quedar obsoletas.

