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Recoger para desechar, la paradójica demanda de los agricultores para frenar la sobreproducción de uva

El precio de la uva es un conflicto que preocupa a los viticultores desde hace años. No es tanto una cuestión de cantidad como de falta de estabilidad y de la oscilación constante después de cada vendimia, en función del volumen de producción. Es un sistema liberal regido por la ley de la oferta y la demanda que, año tras año, aprieta más a un sector primario que ya lucha por su supervivencia. Los años de sequía redujeron notablemente las producciones destinadas a vinificación y esto provocó un incremento de los precios que generó una falsa sensación de estabilidad. Esta burbuja, sin embargo, se desinfló el año pasado, lo que supuso protestas por la reducción del precio de la uva. Este año, con una vendimia que se prevé mucho más productiva -prácticamente de recuperación total gracias a las lluvias de invierno-, el sector enfrenta el riesgo de una sobreproducción que podría hundir nuevamente los precios. Sin medidas de gestión de crisis, muchos agricultores podrían quedar en una situación límite. En este escenario, patronales, asociaciones y administración pública ponen sobre la mesa la cosecha en verde, es decir, desechar la uva al suelo antes de vendimiar para reducir la oferta e intentar estabilizar el mercado.

«Vistos los problemas del año pasado, es mejor desechar uva», explica a Vadevi Javi Saperes, viticultor de una explotación agrícola de unas 60 hectáreas de viñedo. Para él la situación es límite y no ve otra opción que desechar uva, ya que el costo de dejar de vender parte de la producción es mucho más bajo, con ayudas gubernamentales, que «comerse la uva que no vendes con patatas», exclama el agricultor. La realidad, pues, es que muchos agricultores ya no llegan a fin de mes debido al aumento de costos de producción y a los precios ajustados a los que se ven obligados a malvender la uva. Si a esto se suma una temporada de sobreproducción de la fruta, la desesperación puede apoderarse de un sector que ya vive maltratado. Es por eso que Saperes no es un caso aislado, y la exigencia de una cosecha en verde llega en un acto de consenso entre entidades privadas y Gobierno. Una medida radical, que podría sonar a despilfarro, pero que se convierte en la única opción para no dejar a los agricultores sin trabajo.

La medida consiste en la destrucción o eliminación total de la uva aún inmadura en parcelas destinadas a la producción de uva para vinificación únicamente, con el objetivo de reducir la producción y contribuir a recuperar el equilibrio entre la oferta y la demanda en el mercado vitivinícola. La uva se desecha y no se puede utilizar, simplemente sale de la rueda del mercado para que baje la producción. Según concreta David Sendra, responsable de Vino y Viña de Unió de Pagesos, es el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación quien hace la petición de esta cosecha en verde al Ministerio de Agricultura y este tiene un plazo de un mes para responder. «Lo ideal sería que se aprobara y que el 10% de las cosechas de Cataluña se adhirieran», dice. Es evidente, sin embargo, que esta medida no es gratuita para los agricultores y, por lo tanto, se necesita una línea de ayudas públicas fuertes detrás para poder sustentar la pérdida de producción de las explotaciones de uva. «Estamos hablando de unos 16 millones de euros aproximadamente», explica Sendra, quien añade que tocaría un total de 2.700 euros por hectárea de uva desechada.

Los parches del sector

La situación actual del sector hace que medidas de crisis como la cosecha en verde hayan pasado de ser una anomalía a una práctica más frecuente. En 2023 ya se solicitó implementar esta medida y en tan solo tres años se ha vuelto a poner sobre la mesa. Sendra pronostica que esta situación continuará igual y, aunque el representante del vino de UP está convencido de que son «medidas necesarias», también la considera un parche: «Cosechas en verde y destilaciones de crisis; todo esto está muy bien, pero la realidad es que necesitamos ayudas para arrancar viñedos», exclama el viticultor. Precisamente, arrancar es una metodología drástica, pero muy eficiente cuando el agricultor tiene claro que el aumento de la producción le jugará en contra. Es por eso que incluso desde la Unión Europea han incluido esta medida en sus planes de ayudas, junto con la cosecha en verde y la destilación de crisis: «Necesitamos poder arrancar viñedo antes que continuar haciendo cosechas en verde indefinidamente», recuerda Sendra.

Raïm de la verema 2025 de Corpinnat / Cedida
Uva de la vendimia 2025 de Corpinnat / Cedida

Uva al suelo en perfectas condiciones

Entrando en detalles, la cosecha en verde es una medida de crisis que solo se utiliza en momentos puntuales de la historia. Es completamente voluntaria, pero necesita un cierto número de agricultores implicados para que salga rentable. De esta manera, los viticultores llenan una solicitud en la que expresan su voluntad de dejar perder parte de su cosecha. Al cabo de unas semanas se les aprueba o deniega el procedimiento. En caso de aprobación, sin embargo, nadie les asegura que al final del proceso podrán cobrar las líneas de ayudas que se les han prometido, ya que el pago está ligado a la calidad de la uva desechada: «Si la uva se encuentra en mal estado no nos pagan», confirma Saperes, quien ironiza con la situación y afirma que «se ve que la mejor uva es la que se debe dejar perder«. Más allá de la broma, la necesidad de desechar uva en buen estado es esencial. La administración pública realiza controles en todas las fincas que hacen cosecha en verde para asegurarse de que no desechan una uva que no hubieran podido vender, sino que realmente se han añadido a esta medida para paliar los efectos devastadores de la sobreproducción de la fruta.

«Cuando te lo aprueban, tienes que seguir cuidando las viñas igualmente», reitera Saperes, quien deja claro que no porque te dejen desechar uva significa que dejas de cuidar las plantas, ya que esto podría suponer una penalización. De esta manera, los agricultores continúan manteniendo las hectáreas que han sido escogidas para hacer la cosecha en verde, lo que implica mano de obra y horas de trabajo para, al final, no vender esa uva: «Solo nos ahorramos los gastos de transporte«, remarca Saperes, quien añade que, aunque sabe la incredulidad que genera desde fuera, «es mucho mejor gastar dinero en cultivar uva que desecharemos para recibir ayudas, que no esperar a venderla en un mercado que cada día baja más de precio».

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