El sector de las bebidas alcohólicas atraviesa un momento de profunda transformación, marcado por cambios sociales, económicos y generacionales que obligan a las empresas a replantear estrategias que durante décadas habían funcionado con relativa estabilidad. La última publicación de la consultora IWSR identifica seis factores clave que condicionarán la evolución del mercado en los próximos años y que dibujan un escenario complejo, pero también lleno de oportunidades para aquellos actores capaces de adaptarse rápidamente. El vino, muy afectado por estas nuevas tendencias, es el primer sector interesado en entender las nuevas modas para poder colarse en los hogares de las nuevas generaciones.
Uno de los ejes centrales de este cambio es la evolución de los hábitos de la generación Z. Lejos del relato que augura un abandono masivo del alcohol por parte de los jóvenes, los datos muestran una realidad más matizada. Los jóvenes continúan consumiendo bebidas alcohólicas, pero lo hacen de una manera diferente: con más moderación, con más conciencia y con una selección más cuidadosa de los productos. En este sentido, el vino se convierte en una posible bebida perfecta, ya que su bajo grado alcohólico es un elemento que la juventud tiene muy en cuenta. El número de categorías consumidas por ocasión ha disminuido de manera clara, y las pausas temporales en el consumo son más habituales que en otras generaciones, aunque en algunos mercados esta tendencia ya comienza a estabilizarse. Este comportamiento obliga al sector a pensar menos en volumen y más en valor, experiencia y diferenciación; una mentalidad que las bodegas catalanas ya han ido adoptando en los últimos años.
Esta nueva relación con el alcohol también se refleja en los espacios de consumo. En muchos mercados desarrollados, la generación Z continúa mostrando una preferencia clara por el consumo en bares, restaurantes y locales de ocio, lo que se conoce como canal on-trade. El alcohol deja de ser un producto de consumo rutinario en casa para convertirse en una experiencia social vinculada al tiempo libre y a momentos concretos. En Cataluña, responde a esta tendencia la llegada de muchos wine bars y otras clases de espacios donde el vino por copas reina sobre todas las bebidas.

Vinos de calidad, pero asequibles para la población
El factor económico es otro elemento determinante y a la vez uno de los más conflictivos para el sector vitivinícola catalán, donde los márgenes y precios ajustados hacen mucho daño a la cadena de producción. Es evidente, sin embargo, que el lento crecimiento de los salarios en muchos países desarrollados, combinado con la inflación, ha reducido el poder adquisitivo de los consumidores y ha reforzado una actitud de prudencia ante los gastos no esenciales. El consumo de alcohol no es una excepción. Los hogares con menos ingresos han recortado notablemente su gasto en bebidas alcohólicas, pero incluso los segmentos con rentas altas muestran cierta contención. Esta presión sobre la asequibilidad obliga a las marcas a justificar mejor el precio de sus productos y a ofrecer propuestas que conecten con las nuevas prioridades del consumidor.
En este contexto, gana peso la búsqueda de formatos con una mejor relación calidad-precio. Los envases pequeños y los formatos grandes crecen en paralelo porque responden a necesidades diferentes, pero con un denominador común: optimizar el gasto. Los primeros permiten controlar el consumo y el desembolso puntual, mientras que los segundos ofrecen un mejor precio por servicio. Esta tendencia afecta a todas las grandes categorías, desde los destilados tradicionales hasta productos más prémium, y obliga a los productores a repensar su oferta. En el sector vitivinícola en concreto, propuestas como el vino en lata o las gamas más bajas de algunas emblemáticas bodegas son la respuesta a estas demandas del sector.
La innovación como palanca de cambio
La innovación se convierte en un elemento transversal e imprescindible. El desarrollo de productos con menor graduación alcohólica, la expansión de los ready to drink (RTD), el uso de ingredientes naturales, la importancia del sabor y el compromiso con envases más sostenibles son respuestas directas a las nuevas demandas del mercado. Innovar ya no es una opción, sino una necesidad para captar nuevos consumidores y mantener la relevancia en un entorno cada vez más competitivo.
Finalmente, otro canal que emerge con fuerza es el libre de impuestos (duty-free) y el travel retail. Las tiendas libres de impuestos se han consolidado como un espacio estratégico, especialmente para las bebidas de alta gama. El consumidor que viaja busca productos exclusivos, marcas reconocidas y experiencias diferenciadas, lo que convierte este canal en un escaparate clave para el segmento prémium. Aunque en algunas regiones maduras el crecimiento puede ser más limitado, las perspectivas globales son positivas.
