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Torelló reivindica la fuerza de los vinos de montaña

El pasado domingo 16 de noviembre, Torelló volvió a convertirse en un centro neurálgico para el debate, el descubrimiento y la reivindicación de los vinos elaborados en condiciones extremas. La séptima edición del Torelló Mountain Wines reunió 25 bodegas de diversas zonas de Cataluña y del resto del Estado, y lo hizo con una intensidad que deja claro que el proyecto no solo está consolidado, sino que avanza hacia nuevas cotas de visibilidad. En esta ocasión, las reflexiones de Manel Roldan, uno de los organizadores de la muestra, ayudaron a entender mejor el alma de un evento que nace en el contexto del Festival de Cine de Montaña de Torelló y que año tras año reafirma su vocación: dar voz a la viticultura heroica.

Desde la primera edición, el equipo organizador ha buscado unir producto, territorio y cultura. Según explica Manel Roldan, la muestra nació de la inquietud de vincular el festival con algún producto elaborado en zonas de montaña. El vino encajaba perfectamente, no solo por su capacidad expresiva, sino porque, en muchos casos, es fruto de un esfuerzo casi artesanal en terrenos abruptos y en condiciones climáticas difíciles. Esta esencia ha marcado la identidad del Torelló Mountain Wines, que se ha convertido en un espacio donde los pequeños elaboradores encuentran su lugar natural.

Viticultura heroica y territorio: la base del proyecto

La filosofía de la muestra es clara y coherente; no ha variado a lo largo de estas siete ediciones. Tal como explica Manel Roldan, el objetivo es reunir bodegas que trabajan en zonas de “montaña o de relieves extremos”, donde la viticultura es exigente y a menudo poco agradecida. Este concepto de viticultura heroica también se extiende a territorios insulares y a áreas donde la climatología limita la producción. Lo importante es que el vino nazca de esta dificultad y que cada botella exprese con sinceridad el lugar de origen.

La muestra ha ido ampliando su radio de acción. Si bien las primeras ediciones se centraban sobre todo en las bodegas de Cataluña y del entorno de Osona, este año la presencia de proyectos de fuera del territorio catalán ha sido destacable, con elaboradores procedentes de La Rioja, de zonas interiores de Valencia, de islas y de Aragón, concretamente de la zona de Campo de Borja. Esta diversidad enriquece el discurso de la muestra: permite al público degustar realidades muy diferentes unidas por un hilo común, el esfuerzo y la voluntad de expresar un territorio a menudo poco amable.

No obstante, Manel Roldan subraya que el criterio de selección siempre apuesta por bodegas pequeñas, artesanas, que trabajan la viña con respeto y que huyen de la producción industrial. Algunas bodegas de mayores dimensiones continúan participando gracias a su apoyo histórico, pero la muestra mantiene fielmente su vocación de intimidad y autenticidad.

Imatge dels tastos guiats al teatre de Torelló, durant el Torelló Mountain Wines / Cedida
Imagen de las catas guiadas en el teatro de Torelló, durante el Torelló Mountain Wines / Cedida

Un público fiel y retos de futuro

Aunque la asistencia profesional queda condicionada por el hecho de celebrarse en domingo, la muestra recibe una afluencia importante de público final. El reto, según Manel Roldan, es consolidar el proyecto como referente de vinos de montaña en la Cataluña Central y, al mismo tiempo, atraer a más profesionales de la restauración y de la distribución. La muestra ya comienza a tener un eco nacional significativo y la organización quiere aprovecharlo para expandir su alcance hacia comarcas como Girona o Barcelona.

En esta edición se ha registrado un ligero descenso de asistentes debido al cambio de fecha —habitualmente se celebraba en sábado—, pero, a pesar de ello, el balance es muy positivo y destaca especialmente el récord de ventas conseguido en la tienda central. Este espacio facilita que los visitantes puedan adquirir vinos de las bodegas participantes de una manera más cómoda, y al mismo tiempo asegura una logística más fluida en los momentos de máxima afluencia.

Las catas guiadas: el binomio magistral de la música y el vino

Uno de los puntos fuertes de esta séptima edición han sido, de nuevo, las catas guiadas en el teatro de Torelló. Este formato nació a raíz de las restricciones sanitarias de la pandemia, cuando era necesario garantizar distancias de seguridad, pero ya forma parte del ADN de la muestra. Los pupitres colocados entre las butacas convierten el teatro en un espacio íntimo y al mismo tiempo solemne, ideal para concentrarse en los sabores y aromas de los vinos.

Este año, las sesiones matinales y de tarde agotaron todas las entradas —80 y 80 respectivamente—, lo que confirma el interés creciente por esta parte más pedagógica de la muestra. Las ponencias estuvieron a cargo de Anna Vicens, presidenta de la Asociación Catalana de Sommeliers, y de Roger Viusà, uno de los profesionales más reconocidos en el ámbito sommelier y un habitual en los eventos de divulgación vinícola.

La combinación de las visiones de Anna Vicens y Roger Viusà aportó un equilibrio perfecto entre rigor y proximidad. Sus explicaciones permitieron a los asistentes entender en profundidad la singularidad de los proyectos participantes y conectarlos con el contexto de la viticultura heroica. La cata, además, contó con la música en directo de Laura Andrés, que ofreció una atmósfera íntima, elegante y emocional. La suma de vino y música se convirtió en uno de los momentos más celebrados de la jornada.

La séptima edición del Torelló Mountain Wines confirma que la muestra continúa creciendo en madurez, reconocimiento y capacidad de atracción. Gracias a la visión de personas como Manel Roldan y a la apuesta por un discurso claro —la defensa del territorio, la viticultura heroica y los pequeños elaboradores—, el certamen se ha convertido en un espacio imprescindible para todos aquellos que quieren entender la fuerza y la belleza de los vinos de montaña.

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