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La caída del mercado soñado del vino en Estados Unidos

La llegada al poder de Donald Trump en enero de 2025 causó estragos en el sector vitivinícola europeo. Bajo la premisa de priorizar los productos de Estados Unidos sobre los importados, el presidente estadounidense lanzó al aire varias amenazas de aranceles; primero del 200%, luego el 100%, pasó por el 20% y finalmente, al concluir las negociaciones con una Europa en pánico, se determinaron unos aranceles del 15% para todos los vinos europeos que ingresaran a Estados Unidos. Más allá del incremento final, el sector sufrió por la incertidumbre que generaban las proclamas cambiantes de Trump, muchos contenedores quedaron en puerto y algunos importadores estadounidenses detuvieron sus operaciones hasta saber con certeza qué sucedería. Un año después y con estas políticas arancelarias como punto principal de la nueva normalidad, las importaciones estadounidenses de vino europeo se recuperan poco a poco. Aun así, la diversificación del mercado para las bodegas exportadoras, la caída del dólar y el cambio de negocio de algunos importadores aceleran la caída de lo que un día había sido el país soñado para vender el vino.

«Hace un año el ambiente de crispación mantuvo las transacciones completamente paradas en el sector vitivinícola», explica a Vadevi Àlvaro Ribalta, el único Master of Wine que se dedica a la comercialización de vino. El experto recuerda abril de 2025 –cuando Trump terminó decidiendo el 15% de aranceles para el vino– como un momento de cierta tranquilidad, en el que importadores y bodegas volvieron a iniciar las comunicaciones para vender. Hasta entonces, la paralización de la importación de vino europeo fue generalizada y según también reconoce Núria Garrote, importadora de vino catalán y español en Estados Unidos, su gremio sobrevivió «gracias al stock que ya había dentro del país». En este sentido, ambas fuentes consultadas asumen que Trump desestabilizó el mercado estadounidense de importación de vino, pero también niegan que eso fuera la única causa de que, un año después, la cuota de mercado estadounidense se haya reducido. La devaluación del dólar y la introducción de nuevos mercados donde vender vino en el tablero de juego también ha reducido el interés por Estados Unidos. Una tormenta perfecta que según Liv-ex, la plataforma internacional de intercambio y análisis de datos sobre vinos de alta gama, ha colocado a Europa en primera posición de compra de vinos producidos en el mismo continente, especialmente aquellos de precio más elevado.

Ahora bien, que Europa haya adelantado a Estados Unidos no es una situación inamovible, según los expertos. En otras palabras, consideran que el cambio es conjuntural y que responde a un momento específico en el cual Estados Unidos ha reducido una de sus compras y, del stock disponible, Europa ha podido acceder a más botellas. En concreto, tal como apunta el estudio de Liv-ex, el valor de las compras estadounidenses de 2025 de vino europeo de gama alta cae un 43,6% respecto al año anterior debido a los aranceles y a la depreciación del dólar frente al euro (11,2%) y la libra (6,3%). Por otro lado, los compradores europeos han compensado buena parte de este descenso: el valor total de lo que han adquirido ha subido un 48,2%. No obstante, según Ribalta, «es solo un aumento de cuota de mercado, no tan ligado al crecimiento del volumen o del valor de compra de los vinos europeos». También Garrote reconoce que los datos no son definitivos y concreta que «aún quedan cinco o seis meses para ver cómo habrá quedado la nueva normalidad después de los aranceles de Trump».

Botellas de cava en crianza | Foto: DO Cava

La caída del dólar frente al euro

Más allá de la incertidumbre de los aranceles y su aplicación, el dólar también ha jugado un papel importante en este retroceso de la cuota de mercado del vino. En este sentido, Garrote asegura a este diario que las políticas arancelarias marcan un 15%, pero «por la devaluación del dólar se acaba convirtiendo en un 18%«. En su caso concreto, la importadora reconoce que no ha sido capaz de asumir esta subida y que ha habido una parte que se ha trasladado al consumidor. «Las bodegas aportan un descuento del 5% o 7%, yo asumo una parte y el distribuidor otra, pero con eso no basta», dice Garrote. Es por eso que augura que las ventas continuarán bajando en los próximos meses, ya que ella no es un caso aislado y cada vez más importadores se encuentran en la misma situación: «No hay nadie de la cadena que salga beneficiado de los aranceles», remata Garrote. Además, la misma importadora recuerda que -sin ánimo de generalizar- no ha visto un crecimiento altísimo de las ventas de vino estadounidense dentro del país, es decir, que los consumidores no han cambiado el vino europeo por el vino americano, simplemente dejan de comprarlo.

La nueva normalidad de los importadores estadounidenses

Los importadores de Estados Unidos no volverán a la normalidad tal como la conocían. Según afirman tanto Ribalta como Garrote a este diario, «la nueva normalidad son los aranceles». En este contexto, muchos importadores de vinos europeos comienzan a reorientar el negocio, sobre todo con vinos de países no afectados por las políticas arancelarias de Trump o con los vinos americanos. Garrote confirma que ella continuará importando vinos catalanes y españoles porque este es su «principal mercado». Sin embargo, reconoce que hay compañeros de profesión que empiezan a mirar los vinos de California como una oportunidad para dejar de sufrir por los aranceles. «Nosotros somos los más perjudicados, porque el aumento de los aranceles se paga cuando el producto toca tierra», recuerda Garrote, quien añade que «antes de vender el vino, los importadores deben adelantar el pago». Ante esta situación, es de esperar que algunos importadores comiencen a buscar oportunidades de compra de vinos sin tantos impedimentos económicos.

Aunque el mercado estadounidense de importación de vino aún se mantiene bastante fuerte, su caída progresiva denota la crisis que han provocado y continuarán provocando los aranceles de Trump. No solo los importadores americanos sufren, sino que los mismos países exportadores comienzan a buscar alternativas. Estados Unidos ya no es el preferido de nadie y la diversificación de negocio es cada vez más fuerte. El acuerdo del Mercosur, los viajes institucionales a China y el intenso trabajo de promoción del vino son solo algunas estrategias para incrementar la visibilidad de los vinos europeos que Cataluña ha tomado con fuerza. Quedan meses para poder terminar de confirmar el daño que han hecho los aranceles a las importaciones, y tampoco es una crisis que hará caer del todo el mercado según los expertos, pero tal como concluye Garrote: «Si yo fuera una bodega, me abriría a nuevos mercados».

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