El alma de un vino es lo que lo hace único, y gran parte del tiempo no tiene nada que ver con las variedades utilizadas o la forma de elaboración, sino con las personas que lo hacen posible. Recaredo es una bodega que comenzó sin viñedos propios y convirtió en su proyecto estrella la dignificación del trabajo de los viticultores. Décadas más tarde, la bodega de Sant Sadurní d’Anoia tiene un buen puñado de hectáreas a su nombre, pero mantiene la compra de uva a los viticultores del Penedès, por convicción. Y precisamente de esa necesidad de conservar el vínculo, la empresa creó L’Infinit, un espumoso Corpinnat elaborado en la bodega, pero con uva de los viticultores que la proveen. Más de una veintena de campesinos participan en este proyecto; un mosaico de viñedos singulares del territorio, «trabajados por viticultores que comparten los valores de la familia Recaredo: viticultura ecológica y de secano, variedades autóctonas mediterráneas y un compromiso firme con la artesanía y la calidad», han asegurado desde la bodega.

El acto de presentación de este elaborado se hizo en La Benita, un viñedo con mucha historia de la bodega. Pertenecía a una familia gallega que decidió emprender una nueva vida en Barcelona, pero como toda buena gente de campo, nunca quisieron dejar de cultivar. Ton Mata ya les compraba uva en su época y en el momento en que Benita, la matriarca de la familia gallega, perdió a su marido y quiso vender las tierras, Recaredo fue la bodega elegida. Desde entonces, en Viña La Benita de Torrelavit se ha convertido en un espacio idílico, una gran extensión de viñedo dividida por un oasis de tierra en medio; perfecto para eventos. «Es el lugar perfecto para hacer la primera verbena del año», expresaba Mata, mientras daba la bienvenida a los invitados. Campesinos, periodistas y clientes se reunieron para celebrar el último Infinit que ha salido al mercado, un Corpinnat Brut Nature con 24 meses de crianza. La velada contó con una cena de pie maridando L’Infinit con diferentes tipos de copas, con la música del DJ Pol Artís y una propuesta gastronómica a cargo del catering K L’ARNAU I L’ALEIX, Provisions Gresca, la quesería Artefor y la pastelería Carafí.

L’Infinit es mucho más que un elaborado, es la expresión del territorio a través de la mirada de los viticultores, los eternos olvidados del sector vitivinícola. La idea que hay detrás del proyecto colectivo es la visibilización del trabajo de los campesinos del Penedès, ya que sin ellos, no habría la uva de calidad que bebemos hoy en día. En un contexto incierto como el que se vive actualmente, los campesinos se convierten en peones en una partida de ajedrez que siempre ganan los mismos. Por eso, a la hora de plantear una manera de hacerlos más visibles, Recaredo decidió plasmar su trabajo en un elaborado. No solo eso, sino que L’Infinit también está cultivado y hecho bajo el reglamento de la marca colectiva europea Corpinnat, uno de los más exigentes del mundo y, por tanto, ha sido cosechado a mano, vinificado en la propiedad y elaborado utilizando levaduras propias aisladas de los viñedos de Recaredo y la segunda fermentación en botella con mosto ecológico y tapón de corcho. «Durante muchos años se han olvidado de los campesinos en el Penedès y con esto recuperamos parte de este legado», aseguraba Toni Carbó, como representante de los cerca de 20 viticultores que participan.

Imagen de las vistas desde la Viña de La Benita de Recaredo / J.C.
Imagen de las vistas desde la Viña de La Benita de Recaredo / J.C.

Un Recaredo lejos de la marca

Una de las razones por las cuales este espumoso es tan especial es la importancia que se da a los viticultores que lo han hecho posible. Tanto es así que Carbó concreta que «se diferencia mucho de los Recaredos». En este sentido, el viticultor concreta que los espumosos de la bodega penedesenca tienen un talante muy particular que no comparte L’Infinit. No tiene nada que ver con la calidad dentro de la botella -que es evidente- más bien con la posibilidad de que la huella de los viticultores sea más visible que la del elaborador. «Dentro de esta botella hay una parte de nosotros», explica Carbó, en representación de los más de veinte viticultores que participan.

En concreto, el Corpinnat Recaredo L’Infinit Brut Nature 2023 -que fue la añada que se degustó durante el evento- está elaborado con una combinación de variedades autóctonas formada por xarel·lo, macabeu, garnacha negra, malvasía de Sitges y xarel·lo vermell. Presenta un grado alcohólico del 11,5% vol. y es un Brut Nature, ya que no se añaden azúcares de dosificación ni licor de expedición después de la segunda fermentación, expresando así de manera fiel el clima y el territorio. En cuanto al contenido de sulfuroso total, contiene 21 mg/L, una cantidad muy inferior al límite máximo de 150 mg/L establecido por la Unión Europea para los vinos blancos ecológicos. El degüelle se realiza a mano, a temperatura natural de la bodega, sin congelar el cuello de la botella, manteniendo vivo uno de los oficios más artesanales de la elaboración. Todo el proceso está auditado y certificado por Bureau Veritas, garantía de un compromiso verificable con la calidad y la sostenibilidad.

Los Viticultores que forman parte del proyecto Recaredo L'Infinit / Cedida
Los Viticultores que forman parte del proyecto Recaredo L’Infinit / Cedida

En definitiva, Recaredo presenta el espumoso menos suyo, pero no porque no crean en él, sino porque la bodega da un paso atrás y deja brillar a aquellos que en la sombra les han hecho destacar a ellos: los viticultores. Durante años, la compra de uva ha sido el motor de la bodega penedesenca que actualmente tiene viñedos propios. Aun así, los viticultores forman parte de su presente, su pasado y sobre todo su futuro. L’Infinit es el reflejo de esta comunidad que comienza en un acuerdo, pasa por un precio mínimo garantizado y asegura la dignificación y visibilización del trabajo de los campesinos, porque tal como confirma Mata: «Sin dar valor a esta profesión, no habrá futuro».

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