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Los cavas de Vallformosa se convierten en las estrellas de un festival catalán

El vino puede ser un buen acompañante en un festival. Es un concepto nuevo que para muchos no tiene mucho sentido, pero con el que Vallformosa se ha ganado un espacio en algunos eventos musicales de Barcelona y el mundo. La idea es simple: conseguir que el consumidor vea el vino tranquilo y espumoso como un producto que también se puede consumir de fiesta. En un mundo en el que los combinados se han apoderado de las discotecas y la cerveza de las terrazas de bar, los festivales y tardeos abren una ventana de oportunidad para las bodegas. Una democratización del consumo de vino que comienza por desvincularlo de las élites y termina por atraer a las nuevas generaciones a este producto tan arraigado a la cultura catalana.

El Cruïlla es uno de los festivales con los que Cataluña mira al mundo. La apuesta de Vallformosa por este evento es una barra de espumosos y vinos perfectos para acompañar una tarde, noche y madrugada de música, arte y diversión. Es un objetivo arriesgado, pero la bodega tiene claro que la diversificación del consumo comienza por introducirse en estos espacios, ganarse la confianza de los consumidores y demostrar que el vino también puede ser una bebida de festival. Claramente, la aparición de espumosos o vinos en festival es una estrategia para atraer a los jóvenes y Vallformosa no se esconde de esta decisión: «Hace más de una década que buscamos espacios donde estar cerca de la juventud», expresa Sílvia Rodríguez, directora de comunicación y relaciones públicas de Vallformosa. Para ellos, poner espumosos en festivales es una manera de comenzar a acostumbrar a los más jóvenes a beber vino, lo cual los convertirá también en posibles compradores de gamas más altas en un futuro.

El festival Cruïlla, que se ha celebrado del 8 al 11 de julio en el Parque del Fórum de Barcelona, ha regresado con una programación ecléctica que combina grandes nombres internacionales con artistas de la escena estatal y catalana. Entre los principales reclamos están David Byrne, Halsey, Pixies, The Black Crowes, Garbage, Suede, The Hives, Faithless, Rigoberta Bandini, Two Door Cinema Club, Jovanotti, Bomba Estéreo y Reneé Rapp, además de actuaciones de Sidonie, Mishima, Standstill, Alizzz, Judeline, Zahara, Sen Senra, Ezra Collective y muchos más. Más allá de la música, el festival también ha ofrecido una amplia programación de comedia, artes, actividades culturales y espacios de debate, manteniendo su apuesta por la diversidad y la sostenibilidad. De esta manera, Vallformosa ha querido poner su granito de arena con un stand de vinos, en el que se ha visto bastante movimiento durante todo el festival.

Un vaso de plástico especial

Uno de los retos que Vallformosa encontró al comenzar su camino dentro de los festivales fue la copa. En este tipo de eventos, el vidrio no está permitido, lo cual implica que las copas, grandes aliadas del consumo del vino, quedan fuera de la ecuación. Paralelamente, los vasos de plástico de festivales no están preparados para potenciar los aromas de los espumosos, ni aguantar sus burbujas. Por este motivo, Vallformosa tuvo que diseñar un vaso de plástico especial para este tipo de eventos. El objetivo no solo era conseguir que todos los aromas de sus cavas se plasmaran a la perfección para el disfrute de los asistentes a los festivales, sino también reivindicar que el vino no tiene que ser una bebida elitista, sino que «también se puede beber en un vaso de plástico», remarca Rodríguez.

En definitiva, Vallformosa se convierte en una bodega pionera en un momento clave del sector vitivinícola catalán. La caída de la demanda y el desinterés por el elaborado de las nuevas generaciones aprietan a las bodegas, que claramente necesitan buscar más vías de negocio factibles. Para Vallformosa, aparecer en festivales también es una manera de dar a conocer la marca al mundo y demostrar que los vinos también están hechos para disfrutar.

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