Los vinos brisados hace tiempo que han dejado de ser una curiosidad reservada a bares especializados o consumidores muy concretos. En Cataluña, cada vez más bodegas apuestan por esta manera de elaborar vinos blancos con maceración con las pieles, una técnica ancestral que en los últimos años ha recuperado protagonismo gracias a pequeños productores que buscan vinos con más textura, profundidad e identidad.
La gracia de los vinos brisados es precisamente esa capacidad de situarse en un terreno propio. No son blancos convencionales, pero tampoco tintos. La maceración con las pieles aporta estructura, una ligera sensación tánica y perfiles aromáticos muy particulares, donde a menudo aparecen notas herbáceas, recuerdos cítricos, fruta madura y especias. Son vinos que suelen funcionar muy bien en la mesa y que conectan especialmente con una generación de consumidores que busca elaboraciones menos previsibles.
Lo más interesante es que hoy ya no es necesario ir a tiendas muy especializadas ni gastar grandes cantidades para descubrir buenos vinos brisados catalanes. Por una franja de entre 12 y 16 euros se pueden encontrar referencias con mucha personalidad, elaboradas desde el respeto por el territorio y con estilos muy diferentes entre sí.
Cinco vinos para entender el momento de los brisados catalanes
Uno de los nombres imprescindibles dentro de esta categoría es el de Josep Foraster. Su Brisat del Coster, con un precio de 14,90 euros, es una de las puertas de entrada más interesantes para quien quiera comenzar a descubrir este tipo de vinos. Elaborado en la Conca de Barberà, trabaja la maceración con mucha precisión, evitando excesos y buscando sobre todo el equilibrio.
El resultado es un vino con textura, pero a la vez fresco y fácil de beber. Aromáticamente aparecen notas de fruta blanca madura, piel de cítricos y hierbas mediterráneas, mientras que en boca destaca por una sensación elegante y fluida. Es uno de esos vinos que consiguen hacer entender los brisados sin radicalidades ni oxidaciones marcadas. Además, su versatilidad gastronómica lo convierte en un gran aliado para platos veraniegos, pescados grasos o cocina con toques especiados.
Desde el Empordà llega una de las referencias más conocidas dentro del mundo de los vinos de mínima intervención: el Desti Orange Brisat de Cosmic Vinyaters, elaborado por Salvador Batlle. Con un precio de 16,80 euros, es la botella más cara de la selección, pero también una de las más singulares.
Cosmic Vinyaters lleva años trabajando con una mirada muy personal, buscando vinos vivos, expresivos y profundamente vinculados al paisaje ampurdanés. Este brisado es un ejemplo muy claro. Aromáticamente es intenso, con recuerdos de fruta tropical madura, flores secas y una marcada sensación salina. En boca es vibrante, tenso y con una textura casi eléctrica que lo hace especialmente interesante para maridajes gastronómicos más atrevidos.
Es un vino que probablemente gustará especialmente a consumidores acostumbrados a los vinos naturales o a los perfiles más libres, pero a la vez mantiene suficiente equilibrio para que mucha gente pueda adentrarse sin dificultades. Su carácter y energía explican buena parte del éxito que los vinos brisados están viviendo entre el público más joven.
Brisados con estilo propio
Entre las referencias menos mediáticas pero muy solventes aparece el Mas Toró Blanc Brisat, que se puede encontrar por 14,65 euros. Es un vino que apuesta claramente por la finura y la elegancia antes que por la potencia. La maceración con las pieles está presente, pero trabajada con sutileza para que el vino no pierda frescura ni agilidad.
Se aprecian notas de fruta de hueso, piel de mandarina y un toque especiado muy delicado que aporta complejidad sin saturar. La boca es sedosa, con un final largo y limpio que invita a seguir bebiendo. Es probablemente uno de los brisados más gastronómicos de esta selección y encaja especialmente bien con cocinas mediterráneas, arroces o quesos suaves.

El Priorat también se ha sumado a esta tendencia con proyectos como el de Terroir Sense Fronteres. Su Brisat, disponible por 14,10 euros, sorprende porque se aleja de la imagen de un Priorat excesivamente potente o cargado. Aquí la clave es la delicadeza y la precisión.
El vino ofrece una textura marcada, pero siempre equilibrada por una buena tensión y una gran facilidad de beber. Aromáticamente aparecen hierbas secas, fruta blanca madura y una clara mineralidad que recuerda al paisaje prioratino. Es una botella muy interesante porque demuestra que los vinos brisados también pueden transmitir finura y elegancia territorial sin necesidad de grandes artificios.
La selección se cierra con el Selenita Blanc de DIT Celler, seguramente una de las mejores opciones en relación calidad-precio dentro de esta categoría. Por solo 12,50 euros ofrece una propuesta fresca, directa y muy accesible.
A diferencia de otros brisados más estructurados o intensos, aquí se busca sobre todo la facilidad y la frescura. Aromáticamente destacan las notas cítricas, la fruta madura y un final ligeramente amargo que aporta personalidad. Es un vino ideal para beber a copas, compartir sin mucho protocolo o acompañar aperitivos y cocina informal.
Más allá de las diferencias entre bodegas y territorios, estos cinco vinos comparten una misma idea: demostrar que los vinos brisados catalanes han alcanzado un nivel de madurez muy interesante. Ya no son elaboraciones anecdóticas ni productos reservados a un público muy concreto. Cada vez hay más elaboradores que trabajan este estilo con precisión y cada vez hay más consumidores dispuestos a descubrir vinos con textura, carácter y una mirada diferente sobre el territorio.
Todo apunta a que los vinos brisados no son una moda pasajera. La diversidad de proyectos, el interés creciente de los consumidores y la calidad de muchas elaboraciones confirman que esta categoría ya forma parte del presente del vino catalán. Y estas cinco botellas son una prueba excelente de que, sin salir de una franja de precio asequible, se pueden encontrar vinos llenos de personalidad, autenticidad y capacidad de sorprender.

