El acto de hacer el vermut es mucho más que beber una bebida tradicional, es una convención social. Desde 1880, cuando Reus se convirtió en la cuna del vermut catalán, varios valientes empezaron a abrir locales donde degustar esta bebida, acompañada de platillos de patatas, aceitunas o anchoas. Pere Tarrida fue uno de ellos y se instaló en el Prat de Llobregat para abrir la vermutería que hoy se conoce como Cal Pere Tarrida y que gestionan sus nietos, Joffre y Jordina Tarrida. Este año, después de años de ser finalistas, se han llevado el Premio Vinari a la Mejor Vermutería de Cataluña, el único galardón que se otorga por petición popular. Reciben a Vadevi en el espacio principal de la vermutería, pero enseguida acceden a hacer una visita por todas las salas que se esconden detrás de la pequeña entrada. «Es como un embudo», exclama Joffre Tarrida. Las siguientes salas están llenas de una colección de vinos y barriles que han ido guardando durante los años. Los hermanos hablan de su vermut, del éxito de un local que funciona desde hace tres generaciones y de las preocupaciones sobre un legado que podría terminar en su generación.
¿Se bebe más vermut ahora o en 1924, cuando se fundó Cal Pere Tarrida?
Joffre: Nosotros porque siempre hemos trabajado con el vermut y las anchoas, nunca hemos visto un cambio tan grande de más vermut.
Jordina: Lo que pasa es que quizás se ha puesto más de moda y parece que la gente se inclina más hacia el vermut, pero nosotros toda la vida hemos vendido vermut. Sí que se ha notado un incremento de venta, pero nosotros como siempre hemos vendido, al final no es una novedad.
Joffre: No hemos duplicado la venta de vermut. Ahora bien, lo que también hay que tener en cuenta es que hubo un boom de los vermuts.
¿Cuándo fue el boom de los vermuts?
Joffre: Hace 10 años se empezaron a hacer más vermuterías. Ahora hay muchas más marcas y más allá de eso, estas marcas tienen un espacio donde tomarse el vermut. Si lo piensas fríamente, hace 25 años, éramos tres: Espinaler, xampanyet, xampanyet, nosotros y no mucho más.

¿Y con este boom también ha cambiado el concepto de «hacer el vermut»?
Joffre: Para nosotros no. Aquí mantenemos el concepto de toda la vida.
Jordina: Al final el acto del vermut es eso, el vermut, las anchoas, los berberechos, las aceitunas, las patatas, pero no hay tapetes o platos con los que mucha gente ya casi come. Para nosotros es como el preludio de ir a comer.
Entonces, ¿la hora del vermut es al mediodía y ya está? ¿Se debe tomar vermut fuera del mediodía?
Joffre: Si la gente quiere, sí. Eso depende del consumidor. Hay gente que aquí por la tarde, a las seis de la tarde pide un vermut con anchoas. Pero no es lo habitual. La tarde es más para copas de vino, copas de cava, pero el vermut muy raramente.
Jordina: Normalmente, la hora del vermut es antes de comer. Dos cuartos de doce hasta la una, dos o máximo tres cuartos de tres. Después la gente ya se va para casa.
Las anchoas son parte esencial de aquí. Cuéntame un poco de dónde viene esta relación entre el vermut, las anchoas y Cal Pere Tarrida.
Joffre: Yo creo que esta relación viene del abuelo, es quien lo creó.
Jordina: El cómo le surgió o le vino esta idea de hacer el contraste entre el dulce del vermut y el salado de las anchoas porque no lo sabemos.
Joffre: Es una tradición que aquí ha continuado. El padre lo hizo igual y nosotros tercera generación también, pero con todo eh, no hemos cambiado nada desde hace 60 años.
Jordina: Lo que sí ha cambiado es que antes venir a hacer el vermut era algo excepcional y hoy en día todo el mundo hace el vermut como quien bebe un vaso de agua. Antes era para días festivos y ahora un lunes o martes también vienen.

¿Quién toma vermut en Cal Pere Tarrida?
Joffre: Hay de todo. El abanico que tenemos nosotros es muy amplio. Desde jóvenes de entre 20 y 22 años hasta gente mayor de 70 u 80 años.
Jordina: No hay un estándar, ni una franja en concreto. Tanto pueden venir familias con los abuelos, los hijos y los nietos, como grupos de gente joven.
Joffre: Y los niños que no pueden beber alcohol, las anchoas se las comen de cuatro en cuatro y los padres los tienen que parar (ríe).
Lo que más se ve aquí en Cal Pere Tarrida es vermut?
Joffre: Sí. Tenemos un depósito de nuestro vermut a granel de unos 12,000 litros y después de Semana Santa, en tan solo 6 o 7 días hemos vendido alrededor de 700 litros de vermut.
¿Y solo venden su vermut?
Jordina: En el caso del vermut, sí, solo el nuestro. Tampoco nos piden otros.
¿Y venden más del suyo a granel que en botella?
Joffre y Jordina: Más a granel.
Jordina: Lo que pasa es que ha habido también un pico importante de botella. Pero todavía gana -por decirlo así- al granel. Además que nosotros disponemos de botellas vacías aquí, entonces a veces la gente pasa y ya cogen. Tanto uno como el otro están buenos, porque es el mismo, pero sí que es verdad que el que está en el barril le aporta más. El vidrio no da nada, pero la materia es la misma. Uno lo encontrarás más dulce, el otro lo encontrarás un poco más seco (ríe).
Además del vermut, también tienen una tienda de vinos. ¿El vino forma parte importante de la historia de Cal Pere Tarrida?
Joffre: El vino es principal. Mi abuelo era tabernero y servía a los carabineros de aquí del Prat, a las masías… la gente antes de ir a trabajar venía a hacer la mezcla, después de trabajar venía a charlar con el botijo de vino… Y a partir de que mi abuelo empezó a hacer el vermut y las anchoas se hicieron complementarios, hasta hoy día. Ni uno tira más ni otro tira menos. La gente viene a buscar el vino a granel, el vermut a granel…
Jordina: Piensa que aquí nosotros tenemos tres frentes: el aperitivo, el vino a granel y las botellas. Son tres partes del negocio que se complementan una a la otra.

¿Y también tienen una parte de cata, verdad? ¿Esta también ayuda al negocio o es más una actividad que hacen para crear comunidad?
Jordina: En principio lo hacemos porque vemos que somos país productor, pero realmente falta mucha cultura en el sentido de catar un vino, de cómo es un vino, cómo evoluciona. Entonces, nosotros intentamos enseñar un poco este tema. No es que nos ganemos mucho la vida, pero es una actividad que hacemos una vez al mes y que gusta mucho. Piensa que la gente viene a catar vinos que no ha catado nunca o que incluso no tendrá opción de catar.
Joffre: Y la ventaja de estas catas es que como son a ciegas, se encuentran muchas sorpresas.
En esta tienda hay, en palabras vuestras, 3,700 referencias de vinos. ¿Cómo empieza esta colección?
Joffre y Jordina: Eso fue el padre.
Joffre: Aquí ha habido varias reformas. Cuando mi padre quiso hacer la «revolución de la tienda» es decir, empezar con la construcción de la tienda que ves ahora, tuvo la idea de hacer un pequeño sótano. Y entre mis hermanos y yo lo convencimos de que en vez de hacer un agujerito podíamos hacer un agujero como Dios manda, un poco más grande y así la tienda de vinos podría estar bajo tierra, que todos sabemos que para la conservación de los vinos es ideal. Dijo que sí y se animó, fue avanzando (ríe).
Otra actividad que heredaron era el reparto a domicilio. ¿Todavía lo mantienen?
Jordina: Sí y tanto.
¿Y qué reparten a domicilio?
Jordina: Vinos, aceites, detergente, huevos…
¿Y cómo funciona esto?
Joffre: Que salgo a las ocho de la mañana y vuelvo a las ocho de la tarde (ríe).
Jordina: Tenemos clientes fijos cada semana, cada quince días o una vez al mes y del listado que quieren pues se lo llevamos a casa.
¿Y fue una idea de su padre?
Jordina: El abuelo ya lo hacía. Bueno, él empezó a repartir por las casas de campo, fue el padre quien inició el reparto a domicilio.
Volviendo un momento a las referencias de vinos. ¿Su padre tenía la misma afición que en este caso tiene usted Joffre? Es decir, de todo lo que se puede encontrar en esta tienda hay más suyo o más de su padre?
Joffre: En principio es prácticamente todo el padre. Él era un hombre muy inquieto.
Jordina: Sí, también después de la tienda en el aeropuerto acumulamos mucho.
¿Una tienda en el Aeropuerto del Prat?
Jordina: Sí, en 1992 apostamos por una tienda en el Aeropuerto y allí también entraron muchos productos y entre aquí y allí había mucha rotación. La idea del padre era ir ampliando el stock de los dos locales y al final es lo que pasó.
¿Y qué pasó con esa tienda en el aeropuerto?
Joffre: Al cabo de dos años por el cambio de normativa y de política comercial nos hicieron salir. Pero en 1999 nos vinieron a buscar otra vez y, en contra de todo lo que queríamos los cuatro hermanos, mi padre dijo que sí y volvimos a entrar del 1999 al 2010.
Jordina: Él decía que tenía una espina clavada por lo que le habían hecho, porque tienes que pensar que abrir una tienda es una inversión prácticamente millonaria.
¿Esta segunda vez sí que funcionó?
Joffre: No, porque apostamos por la T1 y acabamos cerrando porque aquello era un pozo sin fondo.
Jordina: Aena no nos lo explicó bien y nosotros donde teníamos la tienda era la parte nacional y abajo. Nuestro cliente era internacional y sí que nos buscaba, pero como el internacional subía arriba después no podían bajar y no nos encontraban. Por suerte era la época de Zapatero y se buscaba privatizar las tiendas del aeropuerto y gracias a la mano derecha de nuestro hermano, que es abogado, pudimos salir de la concesión; pero nos costó mucho dinero.

¿Y posteriormente?
Jordina: Pues levantarte de nuevo y centrarte en lo que tienes.
Joffre: Tropezón, caes y después continúas.
Continúas hasta convertirte en la Mejor Vermutería de Cataluña 2026.
Jordina: Y bien contentos.
Joffre: No solo eso, sino que también hemos recibido el reconocimiento de tienda centenaria en 2024.
Que hicieron un cava conmemorativo, ¿verdad?
Jordina: Sí, con la bodega Pinor. Pero el coupage lo hicimos nosotros.
Joffre: Nos costó. Porque lo que a ella le gustaba a mí no y viceversa. Así que cuando encontramos uno que nos encajaba a los dos decidimos no tocarlo más.
¿Creen que el futuro de Cal Pere Tarrida es este, tal como es? ¿O tienen algún proyecto de futuro para la vermutería y tienda de vinos?
Joffre: No. De momento no tenemos nada pensado. Comenzamos a tener una edad y no tenemos seguimiento. No estamos casados, no tenemos hijos y nuestros sobrinos no quieren. Como no hay continuidad, es una tontería hacer cosas nuevas.
Jordina: Y hoy en día iniciar un proyecto nuevo, aparte de la burocracia, cuesta encontrar gente cualificada o que tenga la misma visión que tenemos nosotros.
¿Y qué pasará con las 3,700 referencias, entonces?
Joffre: Pues cuando me jubile me pondré a beber vinos (ríe). Siempre digo que viene una tercera guerra mundial, llamaré al de los jamones que venga con unos cuantos y nos pondremos en el sótano a pasar el tiempo.





