Catorce ediciones establecen un ritual. La cata final del Celler Cooperatiu de Rubí ya ha dictado una sentencia que se conocerá el próximo 2 de octubre, en la gran gala que se celebrará en el Auditori de Vilafranca del Penedès, donde se entregarán los trofeos a los ganadores de las medallas de los Premios Vinari del 2026. Han sido necesarias unas cuatro horas de máxima concentración de las cinco mesas de catadores, que han evaluado los dos centenares de botellas –rigurosamente anónimas– que fueron seleccionadas para pasar el primer corte, en la cata preliminar que se celebró el pasado mes de junio.

El comentario general ha sido que este año el nivel ha sido más uniforme que en ediciones anteriores de los galardones. Una dinámica más abierta de la cata ha permitido un grado de interlocución más alto entre los miembros del jurado, formado por enólogos y sumilleres. En este sentido, Cèsar Cànovas, director técnico de los Premios Vinari, considera que «es bueno que los catadores tengan la posibilidad de intercambiar impresiones, al fin y al cabo, esto mejora el consenso sobre las valoraciones finales«. Más debate, más fiabilidad.
El vino, un papel destacado históricamente en Rubí
Al final, el ritual del Celler Cooperatiu de Rubí marca las fotos de familia y un mensaje de hospitalidad de la alcaldesa de Rubí, Ana María Martínez, que siempre que tiene ocasión recuerda que muchas generaciones de rubinenses «tuvieron el vino en el centro de sus vidas«. De la misma manera que la ciudad vallesana de hoy en día mantiene aún una fuerte conexión con el mundo vitivinícola a través de la cata final y de la Fira del Vi, que reúne cada año, en otoño –en el entorno característico del mismo Celler Cooperatiu–, a miles de ciudadanos en una de las ferias vitivinícolas más importantes de Cataluña, donde durante tres días se catan, precisamente, los vinos galardonados en los Premios Vinari.


