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La Federación Española del Vino llama a reducir el alarmismo del sector

El sector vitivinícola mundial vive momentos de incertidumbre. Las tensiones geopolíticas, la caída del consumo y campañas contra las bebidas con alcohol presionan a bodegas y vinicultores. No obstante, en algunas instituciones aún hay cierto optimismo y relativización de estos cambios y se pide al gremio tomar cierta perspectiva: «No es para tanto», concreta José Luís Benítez, director de la Federación Española del Vino (FEV). El experto ha cerrado la rueda de prensa de presentación de la Barcelona Wine Week (BWW) con un mensaje esperanzador y ha remarcado que no se vive una situación fácil, pero que tampoco «se encuentra fuera de la normalidad estadística». Eso sí, el directivo asegura que la salida de este momento oscuro debe pasar por la diversificación y sobre todo la aprobación de tratados de libre mercado, fórmulas indispensables -a su parecer- para «mantener la estabilidad del sector del vino».

Los datos que pone sobre la mesa Benítez confirman una tendencia a la baja: el interanual del mes de noviembre muestra una caída del consumo del 2%, mientras que el descenso acumulado de noviembre a enero en ventas a Estados Unidos es del 14%. Estas cifras que, como remarca el director de la FEV, no salen de cierta «normalidad estadística», van acompañadas de grandes desafíos que sí pueden hacer tambalear un poco más el mundo del vino. Según el experto, el primero es el cambio climático, que condiciona producción y planificación. El segundo son las amenazas vinculadas a una determinada manera de entender la defensa de la salud pública, es decir, la demonización del alcohol y en consecuencia del vino. En este punto desde el sector se defiende el consumo moderado en el marco de la dieta mediterránea, una manera de consumir que incluso avalan algunos estudios científicos. El tercer gran reto es la situación geopolítica, los aranceles de Donald Trump como punto de partida del desequilibrio, pero también las negativas de partes del sector agroalimentario a aceptar tratados que según Benítez «son clave para el sector vitivinícola».

Imagen de unas botellas de vino siendo embotelladas a máquina para su posterior comercialización / Cedida

El sí definitivo a los tratados internacionales

Este último punto es el que lleva a Benítez a pedir que se aprueben los tratados de libre mercado que permiten eliminar aranceles en muchos países. El Mercosur, el tratado de la India y la renovación de los acuerdos con México son algunos de los ejemplos que pone el experto sobre la mesa y enfatiza que hay que mantenerlos, cuidarlos y apoyarlos, porque «son clave para el buen funcionamiento del sector del vino», ya que para Benítez «la exportación forma parte del ADN del sector vitivinícola». De hecho, las exportaciones continúan siendo el eje central del negocio del territorio español que se dedica al vino. El sector está presente en 200 países, y casi dos tercios de la producción se exportan, tanto a granel como envasado.

En este contexto, entonces, los tratados de libre comercio son considerados fundamentales. Además, Benítez lanza un dardo al resto del sector agroalimentario, muy reticente a implementar este acuerdo: “Creo que no afectan tanto como ellos dicen”, apunta Benítez. Según ejemplifica el experto, estos tratados abren puertas, sobre todo en un contexto en el que Estados Unidos ha dejado de ser el mercado predilecto. Aun así, se descarta que Brasil pueda sustituir a Estados Unidos como mercado clave en los próximos años: «Quiero pensar que habrá un cambio que yo aún podré ver, pero para eso se debe apoyar iniciativas de eliminación de trabas», mantiene el director de la Federación Española del Vino.

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