Cada vez hay más mujeres directivas en el mundo; mujeres que buscan triunfar, llegar a las altas esferas y sabiendo perfectamente que lo que aportan es igual o mejor que lo que podría aportar algún hombre. Aunque las estadísticas catalanas confirman que menos de la mitad de las empresas del país están lideradas por mujeres, la tendencia va en aumento. El sector vitivinícola es un buen ejemplo de este auge, ya que muchas mujeres han heredado los negocios de sus familiares y se han puesto al frente de grandes bodegas que siempre habían tenido liderazgo masculino. No es ningún secreto que liderar una empresa no es un camino de rosas, pero para las mujeres todavía es más complicado. Herencias de una época machista; comentarios sobre la manera de hacer, de vestir, de relacionarse; susurros en ferias y exigencias para hablar con el propietario real son solo algunos de los ejemplos a los cuales -aún ahora- se enfrentan las mujeres del sector. Como si decidir dejarse la piel para dirigir la empresa familiar no fuera suficiente trabajo para obtener el reconocimiento.
Meritxell Juvé, consejera delegada de Juvé&Camps
En épocas pasadas, las mujeres eran una figura de segunda, resignadas a ver cómo sus maridos se llevaban los méritos de un trabajo conjunto. Incluso en el momento del relevo, poca gente pensaba en dejar el negocio en manos de su hija o sobrina. En la actualidad esta barrera se ha roto y un buen número de bodegas de Cataluña, incluso algunas de mucho renombre, son dirigidas por mujeres. «Aun así, la paridad plena todavía no es homogénea ni inmediata», concreta Meritxell Juvé, consejera delegada de Juvé&Camps. La bodeguera es el claro ejemplo del relevo generacional moderno, en el cual los padres han entendido que son tan válidas sus hijas como sus hijos. Lo mismo reflexiona Rosa Domènech, propietaria -junto con su marido- de la Bodega Xavier Clua, quien asegura que tienen dos hijos y «ambos ayudan en las tareas de la bodega de manera igualitaria». De esta manera, la percepción dentro de las familias ha mejorado, incluso lo ha hecho en otros espacios de la misma empresa familiar, ya que la paridad es cada vez más importante dentro de las bodegas. «En Juvé&Camps lo tenemos claro: somos una empresa sin género, donde lo que cuenta es la preparación, el compromiso y la capacidad de aportar valor«, expresa Meritxell Juvé.
Ahora bien, el sector no vive en una nube de azúcar y también hay que tener en cuenta que estas mujeres directivas no son la mayoría, ni lo han tenido fácil por el hecho de nacer en familias de trayectoria vitivinícola. Aún más, a veces provoca que tengan que trabajar más para demostrar que están donde están gracias a su tenacidad y no a la decisión a mano alzada de un padre: «Ahora tengo mi empresa, pero en otros momentos he sentido que yo tenía que demostrar más que mis compañeros, hombres», remarca Domènech. También Imma Soler, propietaria de la bodega Mas la Pansa, reconoce que en algún momento se ha encontrado en situaciones en las que todavía tiene que especificar que «ella es la jefa». Son estos los ejemplos que demuestran que aún ahora hay sesgos y estas ideas preconcebidas frenan el crecimiento profesional de muchas mujeres, incluso hacen que ellas mismas se cierren oportunidades. «Contribuyen diversos factores: una generación con alta cualificación técnica y experiencia internacional, la evolución del sector hacia modelos de gestión más transversales y más conciencia social sobre la necesidad de equidad», reconoce Juvé.
La cara B de las ferias de vinos
Alcanzar la paridad no es una tarea sencilla, sobre todo cuando todavía hay sesgos muy presentes en el sector vitivinícola. Las miradas de incredulidad o de duda pasan desapercibidas en el entorno cotidiano de las mujeres, pero se magnifican en algunos congresos y ferias. «En casa todo el mundo sabe quién soy y a qué me dedico, por lo tanto, no me encuentro con muchas situaciones complicadas», reconoce Soler. Sin embargo, ella misma añade que la situación cambia «en algunas ferias». Para la propietaria de Mas la Pansa esta es una situación que se perpetúa primero por el desconocimiento de la gente con la que trata y después por los micromachismos que todavía muchos hombres tienen integrados: «A mí me han preguntado por el jefe de la bodega y he tenido que ver la mirada de incredulidad cuando he dicho que era yo», lamenta Soler. Domènech, de la bodega Xavier Clua también relata una experiencia similar a la hora de ir a hacer catas, donde muchas veces se asume que será su marido el encargado de hacer las explicaciones en lugar de ella. «Las mujeres siempre tenemos que hacer más, hablar más, hacernos ver más», repite Domènech.

Referentes, visibilidad y diversidad
Los referentes femeninos del sector no son solo una herramienta de visibilización, sino que pueden servir de palanca para aumentar el número de mujeres que estudian y se forman para entrar en el sector. Hasta hace algunas décadas, era impensable buscar la paridad en las bodegas, porque la formación la tenían más los hombres que las mujeres. No obstante, en pocos años las escuelas de formación y universidades con carreras dedicadas a la enología o la viticultura ya llenan casi la mitad de las sillas con mujeres. Pero aquí no acaba todo, según explica la consejera delegada de Juvé&Camps, quien confirma que es necesario que desde las empresas también se apueste por contratar mujeres, porque de nada sirve la alta formación si luego nadie te contrata. «Para que el progreso sea estructural, se necesitan políticas internas consistentes (promoción, conciliación, planes de carrera) y referentes visibles». En esta línea, Juvé añade que en su bodega «priorizan el talento y el impacto de las personas en el proyecto, independientemente del género».
Más allá de una opinión, la aparición de las mujeres en espacios de poder en las bodegas también aporta diversidad; esa palabra que parece hacer tambalear al patriarcado dentro de las empresas. Hace tiempo que se ha probado que los equipos diversos son más eficientes, porque el intercambio de ideas entre géneros, edades y culturas aporta una visión mucho más clara y enriquecedora. «El sector no se puede permitir prescindir de miradas y capacidades», concreta Juvé. Es por eso que para Domènech es imprescindible mantener las cuotas femeninas en las empresas y luchar por continuar favoreciendo la entrada de la mujer en el sector vitivinícola: «Si tú eres profesional debería ser igual si fueras hombre o mujer, pero la realidad es que si no hubiera cuotas, tampoco habría tantas mujeres», concluye la propietaria de la Bodega Xavier Clua.


