Las denominaciones de origen catalanas han sido desde su creación el paraguas principal de las bodegas del país. El relato del vino catalán implica territorio, cultura e historias en conjunto, sin perder de vista la singularidad de cada rincón donde se elabora. Más allá de la función de promoción, las DO también sirven para acceder a líneas de ayuda gubernamentales; son la manera que tiene Europa de identificar las bodegas de calidad y, hasta hace poco, también eran la señal de excelencia que identificaban fácilmente los consumidores. Sin que esta última parte haya dejado de ser vigente, actualmente hay nuevas realidades que rodean el sector vitivinícola, bodegas que no han entrado nunca en una DO o que han salido, y que también juegan en la liga de la calidad. Algunos no están por razones económicas, otros por rigidez o, incluso, al revés, por buscar una normativa aún más rigurosa, como es el caso de los que forman parte de Corpinnat. Bodegas de Cataluña emprenden un camino fuera de los paraguas que los amparaban y abren la puerta a una posible nueva realidad donde no solo el vino con DO es el vino de calidad.
Dos puntos de vista que chocan
«Antes el vino tenía que ser perfecto, ahora hay otras aspiraciones», asegura Pere Llopart, presidente de Corpinnat, uno de los casos de más éxito fuera de DO. La marca colectiva europea huyó de la DO Cava para buscar un camino que hablara mucho más del Penedès, con unas normas mucho más estrictas. Su visión reflexiona sobre la situación del sector actual, donde la innovación tiene mucha presencia y cada vez hay más maneras de elaborar vinos fuera de las más antiguas y tradicionales. «Las DO, en este sentido no se han actualizado«, concreta Llopart, y hace referencia a vinos naturales o de mínima intervención, así como diversas nuevas metodologías que aún no son productos aceptados por las denominaciones de origen. Un discurso que no comparte el director del Institut Català de la Vinya i el Vi (INCAVI), Joan Gené, quien asegura a Vadevi que «siempre ha habido bodegas que innovan» y, por tanto, no es una novedad del sector actual. De hecho, para Gené tampoco hay un cambio drástico porque «solo un 3% de los vinos que se elaboran en Cataluña se encuentran fuera de DO».
Pero precisamente la innovación -sea una novedad o una constante en el sector- es una de las razones por las cuales algunas bodegas consideran que no pueden estar dentro de las DO. En algunos casos, no tiene nada que ver con la falta de ganas, sino con la rigidez de las normativas. Gené defiende que las normas son estrictas «porque son garantía de calidad», pero algunas voces del sector ponen en duda que esta rigidez reme a favor del relato del vino catalán. Jaume Serra es el propietario de la bodega Masia Serra, que hasta hace unos meses formaba parte de la DO Empordà pero que salió cuando su vino insignia, el Gneis 2015, quedó descartado porque se consideró que era demasiado turbio. «No quiero que nuestros vinos tengan que adaptarse a una cifra», expresa Serra, quien no critica las DO por ser demasiado estrictas sino que considera que se encuentran «encasilladas«. De esta manera, el propietario de la bodega empordanesa concreta que su única opción era continuar fuera del paraguas de la DO. Una decisión que, en el caso de que se viera una modernización de las normas como una necesidad, no habría tomado.

Cuotas que son una barrera para las bodegas pequeñas
Más allá de la modernización hay otro conflicto que juega en contra de algunas DO: la cuota. No es ningún secreto que los elaboradores pequeños a menudo tienen problemas para llegar a fin de mes y necesitan más que nadie estar amparados por un paraguas que les ayude en promoción y verificación de la calidad de sus vinos. Pero para entrar en una denominación de origen, que es una entidad, se debe pagar una cuota mínima. Es el caso de Bernat Lleixà, que no es excepcional y que explica bastante bien la realidad que viven los pequeños elaboradores en algunas DO. Las viñas de Lleixà están adscritas a la DO Alella y él mismo forma parte del consejo regulador de la misma denominación de origen. Ahora bien, sus vinos no pueden llevar el sello de la DO porque no puede pagarlo. «No podemos obviar que las DO también son un club», admite el viticultor y elaborador, quien se declara muy a favor de la organización de las DO y defiende su importancia, pero lamenta que «no siempre hay todas las ayudas necesarias para que los más pequeños podamos salir adelante». Una situación que el director del INCAVI confirma que desde la administración se intenta ayudar a todas las bodegas «se encuentren dentro de una DO o no», pero también destaca «que las DO son una prioridad».
La fragmentación del relato catalán
Cataluña tiene once denominaciones de origen y además forma parte de la DO Cava, que cobija varios territorios en el conjunto del estado. Este es el relato del vino catalán prioritario, el que más se explica y que consigue más promoción. De hecho, el mismo director del INCAVI asegura a este diario que en el ámbito de la comunicación «la prioridad son las DO». Cabe decir, que tanto Llopart como Lleixà, a pesar de encontrarse fuera del mundo de las DO, no están en contra: al contrario, creen en este sistema. Lleixà destaca incluso que las DO «son una buena herramienta para crear, unir el territorio y hacer presión». Él mismo reconoce el esfuerzo de algunas, como la DOQ Priorat, que han llegado a acuerdos con la hostelería de su alrededor para que promocionen su vino antes que ningún otro. «Es una gran herramienta para conseguir tratos, pero se debe saber utilizar», carga el viticultor de la DO Alella. Una opinión similar tiene Llopart, quien repite que «hace falta una modernización». Por otro lado, Serra argumenta que cree más en los objetivos de las bodegas: «Para vender vino tienes que picar mucha piedra, pero la picas para tu proyecto».
La economía que rodea las DO
Crecer e intentar vender fuera del paraguas de una denominación de origen no es imposible, como demuestran las bodegas de Corpinnat. No obstante, hay una gran parte de las ayudas a las que no se puede acceder si no formas parte de una DO. «Nosotros somos los gestores, pero es Europa quien decide dar buena parte de las ayudas y desde arriba se exige que las bodegas estén dentro de una DO», explica Gené, director del INCAVI. No es ningún secreto que esto ha causado ciertas críticas por parte de algunas entidades, como la misma Corpinnat, que han asegurado en más de una ocasión que mantienen conversaciones constantes con el Gobierno para acceder a algunas líneas de ayudas. Lo mismo ocurre con las bodegas que no forman parte de las DO, que, por tanto, tienen menos probabilidades -o prácticamente nulas- de conseguir ciertas ayudas europeas.
Las prioridades de las ayudas europeas, sin embargo, podrían cambiar a partir del año que viene. Según reconoce el mismo director del INCAVI, quien insiste en que su entidad vela por preservar «el vino de calidad que se hace en toda Cataluña», el nuevo paquete de ayudas europeas para el vino se materializará de otra manera. Europa ha anunciado su nuevo Wine Package, que no es más que agrupar todas las ayudas al sector vitivinícola que ya se estaban dando por separado. Tal como explica Gené, Cataluña podría elegir cuántos dineros destina a cada uno de los puntos y, en caso de aprobarse el funcionamiento, serían las denominaciones de origen las encargadas de gestionar el dinero de cada territorio «para todas las bodegas, estén dentro de la DO o no», concreta Gené. Con esta nueva apuesta, pues, las bodegas fuera de DO podrían encontrarse con una nueva manera de acceder a ayudas europeas. Con todo, el director del INCAVI añade que no hay nada decidido, ya que aún «se deben definir las estrategias».

