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La moda del blanco acumula vinos tintos en los almacenes

Los últimos años no han sido los mejores para el vino tinto. Lo que un día fue el emblema de muchas regiones y el principal acompañante en las mesas de todo el mundo ha quedado arrinconado y relegado a la segunda posición porque las nuevas generaciones prefieren vinos frescos y con menos cuerpo, es decir, blancos o incluso espumosos. Esta situación ha aumentado desde la pandemia y ha obligado a muchas bodegas a reducir su producción o incluso hacer cambios en sus elaboraciones. Sin embargo, el vino tinto que ya estaba en las bodegas se ha quedado allí, y representa un excedente que, si saliera al mercado, podría poner en peligro la estabilidad de los precios del sector. En Cataluña, una docena de bodegas de la DO Catalunya y la DO Terra Alta pidieron a los consejos reguladores la posibilidad de destilar este excedente. Una petición que hace un par de semanas recibió la aprobación, acompañada de la apertura de una línea de ayudas públicas de 1,5 millones de euros para deshacerse de estos vinos tintos sin costos adicionales.

«Lo llamamos destilación de crisis y es una medida muy común en un momento en que hay un excedente de vino en las bodegas», explica a Vadevi el presidente del consejo regulador de la DO Catalunya, Xavier Pié. Para el experto, esta es una manera de paliar los efectos de los cambios de tendencia como el que se vive en la actualidad y una herramienta clave para el equilibrio de precios dentro del sector. Antes de Navidad, el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación anunció que pondría a disposición de los elaboradores una partida de aproximadamente un millón y medio de euros para bodegas que se encontraran en situación de crisis por culpa del excedente de vino tinto almacenado. «Hay vinos que están ahí desde 2020», lamenta Pié, quien hizo la petición desde la DO después de que algunas bodegas pidieran ayuda. Finalmente, las ayudas irán a 12 bodegas repartidas entre la DO Catalunya y la DO Terra Alta, pero Pié asegura que las empresas -mayoritariamente- son de Terra Alta, «una de las DO que más vino tinto produce».

Las ayudas, que cubren 53,20 euros por hectolitro de vino tinto, están destinadas a empresas destiladoras de productos vitivinícolas con instalaciones en Cataluña que transformen vino en alcohol, es decir, que las bodegas que han hecho la petición no podrán utilizar este vino para lo que quieran, ni deshacerse de él sin sentido. Para que sea lo más sostenible posible, se pide que las empresas lo destilen para usos industriales o energéticos, incluyendo la fabricación de desinfectantes o productos farmacéuticos, a fin de garantizar que no haya distorsiones en el mercado de consumo. Según la administración pública, «esta inyección económica contribuye a que el sector pueda mantener la actividad económica hasta que el mercado se recupere». Gracias a la medida, Pié reconoce que se han destilado 1,2 millones de litros de vino tinto de los más de 2 millones que se habían solicitado dentro de la DO Catalunya. El presidente de la DO asegura, además, que la diferencia entre la solicitud y el destilado final es porque «algunas bodegas han logrado vender parte del excedente o utilizarlo».

Un racimo de uvas / Cedida
Un racimo de uvas / Cedida

Medidas coyunturales para un problema enquistado

La realidad del excedente del vino tinto lleva a una reflexión mayor por parte del sector vitivinícola. Según el presidente de la DO Catalunya, es necesario saber si este problema de excedente es temporal o si realmente las tendencias de mercado apuntan hacia otros lados. En este sentido, si el resultado es un conflicto temporal, que está ligado a las modas, no queda más que mantener estas herramientas como la destilación de crisis u otras medidas de prevención para mantener el mercado equilibrado durante el tiempo que dure la moda. Ahora bien, si es un problema estructural y el vino tinto deja de servirse, comprarse o consumirse, la situación podría llevar a los elaboradores y viticultores a tener que hacer un cambio en sus cultivos, lo cual ni es sencillo ni es barato. «Decir que el sector se encuentra en medio de una crisis es una obviedad», subraya Pié, quien confirma, sin embargo, que aún hay dudas sobre si se tendrá que cambiar el modelo o si realmente el vino tinto tiene un futuro complicado.

La misma decisión del Gobierno de dar estas ayudas para destilar el excedente de vino tampoco es una acción definitiva. En otras palabras, el presidente de la DO Catalunya afirma que la acumulación de vino tinto también ocurre porque es el vino que mejor se conserva y durante más tiempo. Si bien es cierto que el excedente está ligado a una falta de salida al mercado por parte del elaborado, podría ser que parte de este excedente sea de vino que se ha guardado en general, pero que se ha conservado intacto durante más años el tinto por su larga durabilidad.

La inquietante caída del vino tinto

Son incontables los expertos que aseguran que el vino tinto está perdiendo adeptos. Las nuevas generaciones buscan bebidas más frescas, con menos grado alcohólico y menos cuerpo. De hecho, en muchos países, los agricultores comienzan a arrancar viñedos o cambiar a variedades blancas para intentar recuperar parte del mercado. Pié pone el ejemplo de California y recuerda algunas conversaciones que ha tenido con presidentes de denominaciones de origen españolas, como La Rioja o Ribera del Duero. «Todo el mundo está muy preocupado por la caída del vino tinto», reitera el experto. El contexto internacional no es el mejor para vender vino de ninguna clase, pero el vino tinto parece no encontrar su lugar en el mercado, una situación que, si se prolonga mucho más, «obligará a reflexionar e incluso a hacer cambios estructurales, más allá de la destilación de crisis», concluye el presidente de la DO Catalunya.

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