Uno de los personajes más emblemáticos del sector vitivinícola catalán es Miguel A. Torres, actual presidente de Familia Torres. Su vida parece una historia interminable dedicada al vino y la sostenibilidad. Un hombre que ha pasado su vida entre viñedos y lo ha podido hacer gracias al esfuerzo por mantener la familia unida de su esposa, Waltraud Maczassek, a quien le dedica la historia de amor de su libro Una vida entre viñedos, publicado por Editorial Planeta. Estas memorias reúnen cientos de páginas de historia y hemeroteca fotográfica de la vida del bodeguero, quien no solo ha sido descrito como un «perpetuo innovador» por uno de los más reconocidos sommeliers del estado español, Pedro Ballesteros -también autor del prólogo-, sino que se ha convertido en toda una icono para el sector: «En todos los cambios sociales vividos en España, está Torres», argumenta este lunes Ballesteros en la presentación del libro del propietario de la bodega centenaria.
Torres ha subido al escenario acompañado de Ballesteros para hablar del libro, pero ha terminado reflexionando sobre sus vivencias, las cuales aún recuerda con claridad y ha plasmado con precisión en las páginas de sus memorias. Una vida entre viñedos es una oda al vino, a la innovación y la pasión por la viticultura. Torres se formó en Francia y trabajó de la mano con su padre. En aquella época cuando el vino español era solo un porrón en toda mesa del estado español, la bodega creó la primera marca, Sangre de Toro y comenzó a integrar al consumidor esa idea de que el vino también puede ser una bebida de calidad, con una historia detrás.
El presidente de Familia Torres es un firme defensor de las variedades foráneas, pero también de las autóctonas. «El cabernet sauvignon hace los mejores vinos tintos del mundo», explica durante la presentación y reconoce que lo plantó para «competir -como mínimo- con los vinos franceses». Ahora bien, la gonfaus es una variedad pre-filoxera catalana que han logrado hacer renacer desde Torres, sobre todo por la convicción del autor de estas memorias, que en un año sabático en Montpellier pudo ver de primera mano cómo sus profesores le animaban a revivir aquello que la filoxera le había arrebatado al sector vitivinícola catalán, hasta el punto de que media docena de estas variedades autóctonas recuperadas han sido aceptadas por el mismo gobierno catalán.

Torres baila entre dos mundos; variedades foráneas y autóctonas; bodega familiar y empresa de renombre internacional. El presidente de Familia Torres recuerda su llegada a Chile como un homenaje a su padre, quien tenía ganas de salir del estado español después de pasar dos meses internado en un campo de concentración por ayudar al ejército republicano durante la Guerra Civil. En el país latinoamericano, Torres ayudó a recuperar el prestigio de la variedad País, que había sido arrinconada por los mismos chilenos. «Yo me enamoré de aquel país», asegura el autor. Pero también decidió expandir su marca por el estado español. Aquel proyecto del Penedès llegó hasta Rivera del Duero, La Rioja, Galicia y más. «Torres es uno de los pioneros de las bodegas multirregión», concreta Ballesteros, quien celebra que la bodega familiar sea un gran representante del sector vitivinícola a escala mundial.
Sostenibilidad y cambios de tendencia
Una de las partes más intrigantes de estas memorias y de la vida de Torres es su manera de verla. Ballesteros afirma que el libro «parece escrito por un hombre de cuarenta años a quien le quedan cuarenta más de trabajo». La realidad es que Torres también se ha convertido en la icono de muchos cambios de tendencia que han golpeado el sector vitivinícola en los últimos años. La sostenibilidad, por ejemplo, es la eterna lucha del bodeguero quien se deja la piel para demostrar que es necesario que la ecología forme parte no solo de la bodega, sino de la vida en sí. De hecho, Familia Torres es una de las empresas vitivinícolas que forma parte del sello de sostenibilidad de triple acción B Corp. Torres relata en su libro cómo su guerra contra el cambio climático es prácticamente un modelo de vida. Para el presidente de Familia Torres se necesita un «esfuerzo colectivo» para hacer entender a las grandes corporaciones que tienen un deber con la humanidad: «En solitario no detendremos el cambio climático», expresa en sus memorias el bodeguero.
Pero la innovación también exige entender las nuevas tendencias de consumo. Ballesteros termina con la llegada de los vinos sin alcohol y cómo otra vez Familia Torres es uno de los participantes de este giro del relato. El sommelier y Master of Wine alega que el vino desalcoholizado -uno de los temas que más divide al sector- también es vino. Además, Ballesteros celebra que Torres identificara esta tendencia y creara una marca que, actualmente, aglutina «al alrededor de un 15% de las ventas generales de la bodega», según el presidente. «Al principio no estaba de acuerdo, pero Mireia [referencia a su hija Mireia Torres] me convenció», añade Torres. El acto de presentación termina con una gran ovación al presidente y alma de la actual Familia Torres quien asegura por enésima vez que la verdadera heroína es su esposa. Se prepara para comenzar la que será una firma de libros larga -solo calculando la gente que ya se encuentra de pie esperando-; antes, sin embargo, lanza un último consejo que desafía la actual crisis de la demanda del sector del vino: «Se acaba la guerra y caerá el precio del petróleo. Comprad vino, que la economía sube».

