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Filosofía y mínima intervención en el nuevo libro de Joan Gómez Pallarès

La viña y el vino son máximos representantes de la naturaleza. Muchas veces los expertos aseguran que en una copa de vino se puede degustar el paisaje, el cultivo y todo lo que ha habido detrás de la elaboración del producto. Puede parecer una reflexión demasiado profunda para una bebida, pero la realidad es que el tiempo ha dado la razón a todos aquellos que corroboran que el vino es mucho más que un líquido dentro de una botella. Joan Gómez Pallarès es filólogo clásico y un enamorado de los vinos de mínima intervención. Es de esas personas que creen que hay mucho más detrás del vino, pero también es un firme defensor del hecho de que un vino debe hablar y para que puedas mantener una conversación debe haber sido elaborado con una mirada observadora, no intervencionista. Él es el autor del último libro publicado de la Colección Envinats de la editorial Vibop. La vida bona. Una teología de la viña y el vino es un libro apasionante que transporta al lector por todas aquellas viñas que Gómez Pallarès «ha pisado». Combina filosofía, teología y viña y en cada página demuestra que para hacer un buen vino se necesita, sobre todo, entender que es un elemento clave de la naturaleza.

«Entiendo que la naturaleza nos habla a través de una copa de vino», asegura el autor del libro en una conversación con Vadevi. Gómez Pallarès ha vivido muchas vidas, entre ellas la de ser director general de Investigación del departamento de Empresa y Conocimiento de la Generalitat de Catalunya. Aun así, el vino siempre ha formado parte de su manera de ver el mundo. Fue de las primeras personas en 2006 en escribir un blog de vino, De Vinis, que llegó a ser uno de los más leídos a escala mundial del sector vitivinícola. También ha sido el autor de un libro sobre vinos naturales en el estado español, en RBA. Incluso, confiesa que desde el anonimato ha elaborado vinos que han resultado ser bastante exitosos. En una vida tan envinada como la de Gómez Pallarès, las reflexiones sobre el sector no han faltado nunca. Aparte, su claro vértice filosófico lo ha convertido en un pensador vitivinícola, un concepto que ahora plasma a la perfección en este nuevo libro, que contiene pensamientos e impresiones, visiones y descripciones, recortes de conversaciones, sentimientos y una docena de delicadas ilustraciones de la artista y diseñadora mallorquina Maggie Adrover

Imagen del nuevo libro de la Colección Envinats, de la editorial Vibop, 'La vida bona. Una teología de la viña y el vino', de Joan Gómez Pallarès / J.C.
Imagen del nuevo libro de la Colección Envinats, de la editorial Vibop, ‘La vida bona. Una teología de la viña y el vino’, de Joan Gómez Pallarès / J.C.

Una de las principales reflexiones que pone sobre la mesa el libro de Gómez Pallarès es la necesidad de tener cierta conciencia a la hora de beber vino. Para el autor hay momentos en que el vino es solo de disfrute, pero hay que tener en cuenta todo lo que conlleva. Es por eso que lo usa como elemento diferencial de los tipos de bodegas y formas de hacer que hay en el mundo. De esta manera, cuando el vino no está intervenido, es decir, la naturaleza ha podido seguir su curso con una simple ayuda humana, el vino está vivo y habla. En cambio, la industrialización de este bien tan preciado hace que sea algo «que no dice nada», añade el autor. Así, pide a los lectores apreciar este producto y hacerlo desde el punto de vista más humano, más intenso, más sentimental, teniendo en cuenta el esfuerzo y respetando la naturaleza de lo que es la bebida: un auténtico bocado de territorio y paisaje. Precisamente para honrar este concepto, Gómez Pallarès explica cómo la biodinámica es una de las maneras que más le gusta a él de cultivar el vino.

«Los vinos que me gustan a mí»

Gómez Pallarès remarca a este diario que no ha hecho un libro para hablar de manera negativa de nadie. «Yo hablo de los vinos que me gustan a mí», destaca. De esta manera, el libro incluye textos y ejemplos de elaboradores que el autor ha visitado y ha podido ver con sus propios ojos que hacían todo lo que a él le encaja para que un vino esté vivo y hable. Por otro lado, aquellos que no entran en su lista no tienen un espacio, no porque sean malos, sino porque claramente a través de la copa no explican todo lo que el autor quiere plasmar en sus páginas. Además, Gómez Pallarès admite que los vinos que le gustan y le hablan no son los más caros del mundo. De hecho, él mismo expone que no es necesario que sean vinos caros, sino que lleven detrás un gran respeto por la naturaleza. En estas páginas, el autor intenta aportar una ética y una conciencia a la hora de beber y vivir el vino, que lo hace radicalmente contemporáneo, vanguardista, y permite dar un paso adelante en la relación de la viña y el vino como elementos de la naturaleza y desde el humanismo no antropocéntrico.

Ahora bien, no se puede dejar de lado que sus reflexiones acaban siendo reivindicativas. Gómez Pallarès tiene una manera de entender la vida y confirma que el mejor consumo es aquel que tiene «una mínima intervención y una máxima proximidad». “Me gustaría que la gente entendiera (otra cosa, que no pretendo, es que comparta mis razones) por qué ya no como ni bebo según qué cosas, por qué no hablo de según qué vinos o restaurantes. Ya no forman parte de mi manera de entender la relación con la naturaleza, ya no son yo”, reflexiona el autor. El mundo actual, donde el cambio climático está marcando la hoja de ruta, necesita una conciencia colectiva fuerte que reconozca la naturaleza como un bien indispensable. De esta manera, las reflexiones de Gómez Pallarès piden una vida austera, igual que lo es su libro, donde los consumidores comen y beben de temporada y los elaboradores «hacen el vino en la medida para vivir», es decir, empresas vitivinícolas que no crecen por crecer, sino que en vez de vender el vino, lo viven.

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