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Cinco espumosos imprescindibles para disfrutar este verano

Cuando llega el verano, las neveras se llenan de vinos blancos y rosados. Es un gesto casi automático: buscamos frescura, acidez y vinos fáciles de beber para combatir las altas temperaturas. Pero hay una tercera categoría que, año tras año, gana protagonismo y que a menudo sigue siendo una gran olvidada: los espumosos.

Durante décadas los hemos relacionado casi exclusivamente con las celebraciones. Navidad, Año Nuevo, bodas o aniversarios eran sinónimo de abrir una botella de espumoso. Hoy, sin embargo, esta visión está cambiando. Cada vez es más habitual encontrar personas que comienzan una comida con una copa de espumoso, que lo acompañan durante todo el menú o que simplemente lo abren una noche de verano en una terraza sin necesidad de tener algo que celebrar.

Y no es casualidad. Las burbujas aportan frescura, limpian el paladar después de cada bocado y tienen una versatilidad gastronómica extraordinaria. Funcionan con mariscos, pescados, arroces, fritos, embutidos, quesos e incluso con muchas carnes blancas. Pocos vinos ofrecen tanta capacidad de adaptación.

Además, en los últimos años han aparecido con fuerza los vinos ancestrales, una categoría que ha despertado la curiosidad de muchos consumidores y que cada vez ocupa más espacio en las cartas de vinos y en las tiendas especializadas. Aunque comparten las burbujas con los espumosos de método tradicional, su proceso de elaboración es diferente y esto también se refleja en el perfil del vino.

Los espumosos elaborados con el método tradicional realizan una primera fermentación para obtener un vino tranquilo. Posteriormente se embotellan con levaduras y azúcares para que realicen una segunda fermentación dentro de la misma botella, responsable de las burbujas y de buena parte de la complejidad aromática que desarrollan durante la crianza.

Los espumosos de la marca colectiva son de largas crianzas | Foto: Corpinnat

Los ancestrales, en cambio, solo realizan una única fermentación. El vino se embotella antes de que esta termine y es dentro de la botella donde finaliza de manera natural. El resultado suele ser un espumoso más directo, con una burbuja más delicada, una fruta muy presente y una sensación de frescura muy marcada. No es mejor ni peor que un espumoso de método tradicional; simplemente ofrece una experiencia diferente.

Para descubrir esta diversidad, aquí tenéis cinco referencias ideales para disfrutar este verano.

Tres espumosos de método tradicional que siempre funcionan

La primera propuesta es Mirgin Reserva Brut Nature, de Art Laietà. Elaborado muy cerca del Mediterráneo, es un espumoso elegante, con una burbuja muy fina y una acidez que lo convierte en una magnífica opción para comenzar cualquier comida. Encontramos aromas de fruta blanca, cítricos y ligeros recuerdos de brioche gracias a la crianza con las lías. Es un compañero excelente para unas ostras, unas almejas, un tartar de pescado o un arroz marinero.

La segunda recomendación es Rimarts Reserva Especial Chardonnay Brut Nature, un espumoso elaborado de manera completamente artesanal. El removido y el degüelle continúan haciéndose manualmente, una práctica cada vez menos habitual pero que forma parte de la identidad de la bodega. Su larga crianza aporta complejidad, notas de fruta seca, panadería y una burbuja muy integrada, sin perder en ningún momento la frescura que pedimos a un vino de verano. Es una botella ideal para quien busca un espumoso gastronómico capaz de acompañar prácticamente todo un menú.

La tercera propuesta es Llopart Leopardi Brut Nature, una de las grandes referencias del Penedés. Su elegancia y equilibrio lo han convertido en uno de los espumosos más reconocidos de Cataluña. La larga crianza le aporta complejidad sin renunciar a la tensión y a la vivacidad. Funciona especialmente bien con pescados al horno, aves, quesos curados o incluso con platos de cocina asiática donde las burbujas ayudan a equilibrar las especias.

Los tres comparten un mismo rasgo: son espumosos que demuestran hasta qué punto las burbujas pueden ir mucho más allá del brindis final.

El momento de los ancestrales

Si hay una categoría que está despertando interés entre los aficionados al vino es la de los ancestrales. Sin querer sustituir los espumosos tradicionales, han aportado una nueva manera de entender las burbujas.

La primera recomendación es Tinc set ancestral 2024, de la bodega Ramon Jané. Es un vino que apuesta por la mínima intervención y que pone el protagonismo en la fruta y la frescura. La burbuja es fina y delicada, con aromas de fruta blanca, cítricos y un perfil muy vivo que lo convierte en un gran aliado para aperitivos, conservas, anchoas, pescado azul o simplemente para disfrutarlo en una tarde calurosa.

La quinta propuesta es Pararoques Ancestral Rosat, de la apical. Es un ancestral diferente, con una marcada expresión de frutas rojas como la fresa o la frambuesa, notas florales y una acidez vibrante que lo hace tremendamente refrescante. Es una botella perfecta para compartir en una terraza, con una fideuá, una pizza artesanal, cocina japonesa o incluso con unos postres poco dulces a base de fruta.

Una de las grandes virtudes de los ancestrales es su espontaneidad. A menudo son vinos menos marcados por la crianza y mucho más centrados en la expresión de la uva. Esto los hace especialmente atractivos para los consumidores más jóvenes y para aquellos que buscan vinos diferentes, menos encorsetados y con mucha personalidad.

Las burbujas también tienen su temperatura

Igual que pasa con cualquier otro vino, la temperatura de servicio es fundamental. Un espumoso demasiado caliente pierde frescura, la burbuja se vuelve menos elegante y el alcohol toma demasiado protagonismo. Pero servirlo excesivamente frío tampoco es la mejor opción, ya que los aromas quedan ocultos y el vino pierde buena parte de sus matices.

Lo ideal es servirlo entre los 6 y los 8 grados. De esta manera la burbuja se muestra más fina, la fruta se expresa mejor y el equilibrio es mucho más agradable. También es recomendable mantener la botella dentro de una cubitera con agua y hielo durante la comida para que conserve esta temperatura.

El verano es probablemente el mejor momento para redescubrir los espumosos. Son vinos capaces de acompañar casi cualquier tipo de cocina, desde un sencillo aperitivo hasta un menú completo, y ofrecen una frescura difícil de encontrar en otros estilos de vino.

Además, el panorama catalán vive un momento especialmente interesante. Los grandes elaboradores continúan demostrando el altísimo nivel de los espumosos de método tradicional, mientras que una nueva generación de pequeñas bodegas está impulsando los ancestrales con mucha creatividad y personalidad. Esta convivencia enriquece enormemente la oferta y permite que cada consumidor encuentre el espumoso que mejor se adapta a sus gustos.

Este verano, pues, puede ser un buen momento para dejar de reservar las burbujas para las grandes ocasiones. Porque una cena con amigos, una puesta de sol, una barbacoa o una simple noche de vacaciones también pueden ser motivos más que suficientes para abrir una buena botella. Y, probablemente, cuando descubramos todo lo que un buen espumoso es capaz de aportar a la mesa, entenderemos que las burbujas no son solo sinónimo de celebración, sino también de verano.

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