Las pequeñas pausas del fin de semana, de los festivos o incluso del mediodía no serían lo mismo sin el vermut; no solo la bebida, sino la convención social. Los catalanes vivimos la hora del aperitivo como una fiesta y la bebida insignia del mediodía del país se ha mantenido con el paso del tiempo, las modas y las nuevas tendencias. Hoy en día, hacer el vermut es tomar algo antes de comer, una tradición catalana ligada a una bebida que ha ganado la partida de media mañana a la cerveza e incluso al vino, independientemente de la edad de los consumidores. Desde su momento de mayor esplendor, cuando Reus era la capital de la bebida y el vermut la había colocado en el mundo, hasta la actualidad, con una nueva época dorada en que cada vez más jóvenes se acercan a los bares catalanes por la famosa combinación: patatas, aceitunas y vermut; la bebida con base de vino y muchas hierbas -los botánicos que le dan personalidad- ha cruzado fronteras, se ha internacionalizado y ha vuelto más fuerte que nunca: «Hoy en día la gente es más aficionada al vermut», explican Joffre y Jordina Tarrida, propietarios de la vermutería Cal Pere Tarrida.

Hacer el vermut no es cualquier cosa. Para los catalanes se ha convertido en ese momento para disfrutar acompañado de la gente que más quieres. Una tradición que no pasa de moda y que cada vez consigue más adeptos. No se trata de pedir una bebida y ya; es un ritual, una manera de hacer muy nuestra, muy del país. Los hermanos Tarrida ya aseguran que ha vuelto el vermut, pero otros expertos mantienen que nunca se fue. Pau Matias-Guiu, de Vermut Antich, confirma que «siempre se ha bebido vermut». Sin embargo, remarca que a partir de 2015 hubo un «boom», es decir, el vermut pasó de ser «una botella de plástico que vas a buscar a la bodega» a «una auténtica convención social», argumenta. Así pues, más bodegas se sumaron a esta moda, nacieron los mediodías de vaso con hielo, naranja y aceituna y el elaborado se convirtió en la joya de la corona de los aperitivos catalanes.

Si bien es cierto que el vermut es cada vez una bebida más demandada por el público catalán, la realidad es que la hora de consumo se va difuminando. Hace una década era prácticamente impensable tomar vermut fuera del mediodía. Actualmente, sin embargo, más clientela pide un vermut por la tarde o, incluso, por la noche. La desestacionalización de esta bebida es una prueba más de su atractivo. De hecho, Matias-Guiu recuerda que en su ciudad natal, Lleida, «cada vez hay más gente que pide un vermut por la tarde». En cambio, los propietarios de Cal Pere Tarrida aseguran que en su vermutería, la hora de hacer el vermut se ha mantenido, no por su afán, sino por elección de los mismos consumidores: «En nuestro caso, es más común al mediodía, cuando la gente viene a hacer el aperitivo», explican los hermanos Tarrida. Sea como sea, el vermut se extiende entre los catalanes como una plaga dulce que en pocos años ha pasado de ser el elaborado de aprovechamiento de las bodegas a todo un buque insignia de Catalunya.

Vermuts Padró & Co 16.06.2026, Bràfim foto: Jordi Play

Orígenes extranjeros, calidad catalana

La primera referencia al vermut tal como lo conocemos es de 1786 cuando Antonio Benedetto Carpano creó el primer vermut moderno en Turín. Ahora bien, las bebidas espirituosas con hierbas aromáticas vienen de mucho antes, del Imperio romano. Fue allí donde se comenzó a entender el vino como mucho más que una bebida, una base para elaborar y construir mucho más. De hecho, el primer vermut no era más que un vino macerado con hierbas aromáticas mediterráneas y estas fueron las recetas que se protegieron y perpetuaron en los monasterios europeos a lo largo de los siglos, aunque en la edad media su finalidad era puramente medicinal. Ejemplo de esta etapa es la obra de 1549 Ammaestramenti dell’agricoltura, de Constantí Cesare De Notevoli, quien hablaba de una receta de vino con ajenjo que tenía fines terapéuticos y curativos.

Ahora bien, en 1880 el vermut se convierte en la bebida de Catalunya. A través del puerto de Barcelona llegaron cargamentos de la marca Perucchi que enamoraron a los vecinos de la ciudad, hasta el punto de que el vermut se convirtió en el acto social por excelencia de los festivos y domingos. En aquella época no había ni un solo empresario o comerciante que no encontrase en el vermut un compañero de negocios o de ocio en la ciudad. Poco después, por el auge del comercio del vino y sus exportadores, Reus se convirtió en la capital de esta bebida y el renombre cruzó el mar, hasta hacer de la capital del Baix Camp una parada obligatoria a escala internacional. También Barcelona bebió de esta tendencia y algunos de los bares más frecuentados por artistas y grandes personalidades de la época, como el bar Torino, comenzaron a vender aquella dulce bebida que tanto gustaba a los reusenses. De la capital catalana al Baix Camp y en cuestión de un siglo a cada rincón de nuestro país.

Es evidente que el vermut es todo un reclamo, pero en muchas ocasiones no todos acaban de ver clara la elaboración de este producto. En este sentido, algunos vermuters entrevistados por esta revista reconocen que «hay gente que aún no sabe que el vermut está hecho con vino», apuntan desde la empresa familiar Padró & Co, reyes también de la elaboración de vermut catalán. Así pues, para dejarlo todo claro, el vermut es una bebida elaborada a partir de vino aromatizado con una mezcla de plantas, especias y alcohol vínico. El proceso comienza con un vino base, generalmente blanco, al cual se añade un extracto obtenido de la maceración de hierbas aromáticas, especias, flores y pieles de cítricos. Entre todos estos ingredientes, hay una planta imprescindible: el ajenjo. Una vez mezclados todos los ingredientes, se incorpora alcohol para aumentar la graduación y, según el estilo que se quiera obtener, también azúcar o caramelo.

Vermuteria Cal Pere Tarrida, Premio Vinari Mejor Vermuteria de Catalunya 2026. Joffre y Jordina Tarrida, propietarios y sumilleres. 07.04.2026, El Prat de Llobregat foto: Jordi Play

Después de la mezcla, el vermut reposa durante semanas o meses para que los sabores se integren y ganen complejidad. Algunos elaboradores, incluso, lo dejan envejecer en barricas de madera, lo que aporta nuevos aromas y matices. La elección de las hierbas, la manera de envejecer el líquido o el vino base es cosa del productor, que a menudo es o tiene un enólogo en el equipo. La elaboración es uno de los secretos mejor guardados de las bodegas y raramente existe un productor que haga pública su fórmula. Es evidente que existen combinaciones básicas que pueden incluir canela, clavo de olor, vainilla, genciana, manzanilla, cilantro o piel de naranja; pero otros ingredientes más secretos, más lejanos y menos obvios son un misterio para el consumidor, lo que hace aún más mágica la bebida catalana.

Innovación integrada o tradición sostenida

El vermut es una bebida «arraigada a la tradición catalana», tal como expresan desde Cal Pere Tarrida. Es por eso que a veces el sector no se toma del todo bien la innovación. No es solo una cosa de vermuts, la realidad es que las nuevas tendencias llegan con fuerza a Catalunya y para muchas bebidas se pide un cambio: más frescura, menos grado alcohólico, entre otros. El vino es uno de los más afectados por estas nuevas modas, pero el vermut no se queda lejos. De hecho, cada vez hay más personas que combinan la bebida dentro de cócteles, o que piden versiones más ligeras. Esta cuestión crea cierta división dentro del sector: por un lado, están los productores tradicionales que han llegado a la conclusión de que el vermut triunfa por lo que es, no por lo que la gente exige que sea. Por otro lado, existen productores que creen firmemente en las nuevas tendencias de mercado y para mantener la demanda, innovan con vermuts desalcoholizados o creados para ser la base de un cóctel.

«El vermut es una bebida que lleva la innovación dentro», menciona Matias-Guiu, quien añade que las infinitas combinaciones secretas que hacen todos los productores de vermut dan mucho espacio a la creación de recetas más modernas. De hecho, buena parte de los elaborados de Vermut Antich desafían las reglas del juego y se convierten en todo un reclamo del público. Por ejemplo, su vermut blanco, ganador de una medalla Gran Oro en los Premios Vinari de Vermuts 2026, triunfa en ferias y eventos «porque sorprende y enamora», define el productor. También Padró & Co es una marca que juega con la tradición y la exprime hasta conseguir fórmulas innovadoras. Esta manera de hacer vermuts, más gastronómicos, con botánicos diferentes y crianzas extremas les ha llevado a obtener el Premio Vinari al Mejor Vermut de Catalunya 2026. En definitiva, las dos marcas logran llevar la tradición a otro nivel, sin olvidar la esencia del vermut, pero redescubriendo todo lo que puede ofrecer. En el caso de Matias-Guiu, sin embargo, la cuestión no acaba aquí, sino que la evolución del vermut también debe pasar por los gustos de las nuevas generaciones, aunque no a todos los productores les guste: «En Catalunya somos tradicionales y nos cuesta cambiar las costumbres», argumenta el productor, quien insiste en la necesidad de continuar innovando para atraer más público.

Una bebida intergeneracional

Encontrar una bebida que enamore a todas las generaciones es muy complicado, en muchos casos se pueden encontrar algunos clásicos de discoteca, como el gin-tonic o la cerveza, la reina de las terrazas del bar. Ahora bien, un elaborado con cuerpo, botánicos y mucha complejidad es más difícil de vender a todos los públicos; o al menos esa es la teoría. El vermut se propone como la excepción que confirma la regla y los expertos aseguran que es una bebida con «un abanico bastante amplio de gente», expresan los hermanos Tarrida. De esta manera, en su vermutería aparecen todo tipo de personas: desde los hombres mayores que toda la vida han ido a buscar el vermut con su botella de vidrio, hasta jóvenes de veinte años que tienen ganas de tomar algo antes de ir a comer un domingo cualquiera. La magia del vermut es que atrae a toda clase de personas y no hace diferencias de edad, como mucho, puedes encontrar algún catalán al que no le guste, pero no una generación entera.

Ahora bien, la nueva ola de aficionados al vermut llegó con la época dorada de los millennials, según cree Matias-Guiu, de Vermuts Antich. Para él, esta generación fue la que logró sacar el vermut de las bodegas y llevarlo a las mesas de bar, otra vez. Su apreciación por la bebida la fortaleció y la hizo mutar, hasta el punto de que se empezaron a vender cócteles con vermut. La generación Z, en cambio, se ha aficionado a esta bebida una vez volvía a encontrarse en buena parte de las cartas de los bares. Es evidente que no compite con la cerveza a todas horas, pero sí que es cierto que en los momentos antes de comer, los mediodías sobre todo del fin de semana, no es extraño ver las terrazas llenas con estos vasos llenos del líquido negro y la naranja que tanto representa la sociedad catalana. Incluso los extranjeros han comenzado a adoptar esta costumbre y en Barcelona -casa de expats y estudiantes de intercambio- no solo los catalanes beben vermut.

Mariona Vilanova, presidenta del Club de Bartenders de Catalunya preparando el cóctel 'Bloody Atenea' durante el acto de entrega de los Premios Vinari de los Mejores Vermuts Catalanes. 27.03.2026, Reus foto: Jordi Play / Premis Vinari
Mariona Vilanova, presidenta del Club de Bartenders de Catalunya preparando el cóctel ‘Bloody Atenea’ durante el acto de entrega de los Premios Vinari de los Mejores Vermuts Catalanes. 27.03.2026, Reus foto: Jordi Play / Premis Vinari

En definitiva, hacer el vermut es una convención social en Catalunya. Jóvenes y mayores se sientan a las mesas del bar para pedir esta bebida con base de vino. Más que una consumición, es un momento de encuentro que forma parte de la cultura popular y del día a día de muchas personas. Con el paso de los años, esta tradición se ha mantenido viva y ha pasado de generación en generación, convirtiéndose en un hábito arraigado al territorio. Hoy, incluso, las nuevas generaciones han recuperado el hábito de hacer el vermut, que continúa siendo sinónimo de compartir un rato con familia o amigos. Domingos al sol, vacaciones y festivos son solo la excusa para llenarse el vaso de vermut y disfrutar de la mejor compañía. Sea dentro de un cóctel, solo o acompañado de unas anchoas, el vermut era, es y será una bebida catalana, de calidad y sobre todo, de país.

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