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El turismo regenerativo: la oportunidad que el territorio no puede desaprovechar

Un modelo que vacía

Durante décadas, el turismo se ha construido sobre una lógica extractiva: captar el máximo de visitantes, concentrarlos en unos pocos puntos de atracción y extraer el máximo rendimiento económico a corto plazo. Barcelona es el ejemplo paradigmático: un modelo que ha generado riqueza, pero que, al mismo tiempo, ha expulsado a residentes, ha encarecido la vivienda y ha vaciado de sentido los barrios que eran su principal atractivo. “El problema no es el turismo en sí, el problema es el modelo. Y el riesgo ahora es exportar este modelo a los territorios rurales que la rodean”, afirma a Vadevi el director de la Escuela de Enoturismo de Cataluña (ECC), Gerard Domingo.

Los datos del problema y la escala de la oportunidad

El año pasado, Barcelona recibió 16 millones de turistas. Solo el 8,8% hizo una visita fuera de la ciudad. Al mismo tiempo, el turismo representa el 14% del PIB catalán y genera uno de cada diez puestos de trabajo. Estamos hablando de un sector con un peso económico enorme, concentrado en muy poco territorio.

“Esto es, a la vez, un problema y una oportunidad. Un problema porque la concentración presiona un territorio hasta hacerlo invisible. Una oportunidad porque el 91,2% de los turistas que llegan a Barcelona no han descubierto aún el territorio que hay detrás”, asegura Gerard Domingo.

Barcelona: capital de un territorio que no sabe representar

Barcelona debería ser la embajadora y prescriptora de los territorios rurales que la rodean. No lo es. “En la carta de vinos de muchos restaurantes de la ciudad, la presencia de bodegas catalanas es residual. La conexión entre la capital y su entorno productivo se ha roto, o nunca se ha construido del todo”, lamenta el director de la ECC.

Es una paradoja que hay que revertir. Barcelona tiene la capacidad de crear relato, de atraer visitantes y de generar demanda. Los territorios rurales cercanos tienen el producto, la identidad y el paisaje. Según Domingo, “la sinergia es evidente. Lo que falta es la voluntad y el modelo para hacerla posible”.

El reto de los territorios rurales: acogida sin pérdida de identidad

Mientras tanto, los territorios de la segunda corona metropolitana afrontan una presión creciente. La dificultad de acceso a la vivienda en Barcelona y la primera corona expulsa población hacia zonas rurales que no estaban preparadas para absorberla. Llegan personas que desconocen el territorio, su sector productivo, su cultura y su patrimonio.

Niño dando de comer al Gallo negro / Pedro Valero (Archivo del Banco de Imágenes del Consorcio de Promoción Turística del Penedès).
Niño dando de comer al Gallo negro / Pedro Valero (Archivo del Banco de Imágenes del Consorcio de Promoción Turística del Penedès).

En este sentido, el director de la ECC, Gerard Domingo, asegura que “el reto no es solo logístico. Es identitario. ¿Cómo se integra nueva población sin que el territorio se convierta en una ciudad dormitorio? ¿Cómo se transmite la cultura, el patrimonio material e inmaterial, la forma de vivir y de producir que define un lugar? Sin respuesta a estas preguntas, el riesgo es real: territorios que pierden su personalidad y con ella, su capacidad de atraer, de generar valor y de retener talento”. 

El enoturismo regenerativo: un modelo económico para resolver la tensión

Aquí es donde el enoturismo regenerativo deja de ser una tendencia de mercado para convertirse en una herramienta de política territorial. A diferencia del turismo convencional, el modelo regenerativo no pone al visitante en el centro. Pone a las comunidades, el territorio, la cultura y el modelo productivo en el centro, y construye la experiencia turística a partir de ahí. 

Como explica a VadeVi Jesús Martín, director de Aethnic, organización especializada en turismo responsable, “el modelo regenerativo es economía circular aplicada al territorio, donde todos ganan: bodegas, distribuidores, productores, pero también la población local y las personas recién llegadas”.

En este modelo, “la bodega y el alojamiento rural no son el destino. Son la puerta de entrada al territorio: el punto donde el visitante comienza a entender un paisaje, una forma de producir, una cultura. Esto cambia radicalmente la lógica del negocio y también su impacto”, afirma el director de la ECC.

“La diferencia con el modelo sostenible es importante: sostenible quiere decir no empeorar”, puntualiza Jesús Martín, quien argumenta que “regenerativo quiere decir mejorar activamente lo que existe: el suelo, las comunidades, las economías locales. Es una apuesta mucho más exigente, pero también mucho más potente”.

Profesionalizar el sector: aquí entra la EEC

Un modelo así requiere un sector preparado. Y hoy, mayoritariamente, no lo está. Por eso la Escuela de Enoturismo de Cataluña trabaja en la intersección entre el conocimiento del territorio, la formación profesional y la innovación en el modelo turístico. En colaboración con Aethnic, la escuela desarrolla el producto enoturístico bajo criterios regenerativos y, al mismo tiempo, estudia toda la cadena de valor del sector vitivinícola: del sector primario al secundario y terciario, para identificar qué perfiles profesionales se necesitan y dónde hay oportunidades reales para personas en situación de vulnerabilidad.

El director de la escuela, Gerard Domingo, asegura que “no tiene el tratamiento de política de RSC, sino de lógica del modelo: un territorio vivo necesita personas diversas, y las personas diversas necesitan oportunidades concretas. Los datos recogidos durante un año y medio de encuestas deben permitir, a finales de este año, publicar los primeros itinerarios formativos que visibilicen esta oportunidad”.

Lo que está en juego

Si el modelo funciona, los territorios rurales catalanes pueden construir una economía viva basada en los tres sectores: agrario, industrial y de servicios, con el enoturismo como hilo conductor. Pueden integrar nueva población, preservar su identidad y generar oportunidades para personas en situación de vulnerabilidad, con casuísticas diversas y que necesitan alternativas ocupacionales.

Si no funciona, la respuesta la da Gerard Domingo, director de la Escuela de Enoturismo de Cataluña, con una frase que no deja lugar a la ambigüedad: “Si los agricultores, los productores y las bodegas no pueden ganarse la vida, la alternativa es que el territorio se convierta en ciudades dormitorio y polígonos industriales.”

No es una advertencia menor. Es la descripción de un futuro perfectamente posible si el sector no actúa con la inteligencia y la visión que el momento requiere.

La Escuela de Enoturismo de Cataluña es un centro de formación profesional integrada especializado en enoturismo, adscrito al Instituto Municipal de Formación de Vilafranca del Penedès.

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