La Comisión Europea mantiene las negociaciones con Estados Unidos para intentar incluir los vinos europeos en la lista de productos que disfrutan de una reducción de aranceles o la eliminación por completo de estos. Actualmente, el vino tiene un gravamen del 15%, que es el límite general que se impuso hace un año una vez finalizadas las negociaciones. A pesar de la insistencia de Bruselas, en aquella primera ronda de conversaciones el vino quedó excluido de una lista que incluye algunos medicamentos y el corcho. En esta nueva tanda de negociaciones, la Comisión Europea vuelve a poner el vino sobre la mesa y espera -por fin- que este producto, junto con el aceite de oliva y algunos quesos, logre entrar a Estados Unidos con impuestos reducidos.
Bruselas ha explicado este lunes que continúan las negociaciones con Estados Unidos para ampliar la lista de productos con reducción arancelaria. El portavoz comunitario de Comercio, Olof Gill, anunciaba hace unas semanas que estaban «muy involucrados» con este objetivo y reconocía que hay «voluntad política» de trabajar conjuntamente. La nueva lista se ha preparado con la ayuda de los 27 estados miembros e incluye productos que, desde la Comisión, creen que hay una posibilidad para reducir los aranceles. Se trata del vino, el equipamiento y dispositivos médicos, bebidas espirituosas, cerveza, aceite de oliva, aceitunas, algunos productos lácteos y quesos especializados. En total -según ha confirmado el ejecutivo- los productos de la lista representan unos 115.000 millones de euros del total de las exportaciones europeas a Estados Unidos.
Un año sin suerte para excluir el vino
El vino ha estado muy presente en las negociaciones entre Bruselas y Estados Unidos, ya que desde el principio, la Comisión Europea quería añadir este producto a la lista de excepciones que disfrutan de una entrada libre de impuestos en el país norteamericano. A pesar de que la insistencia de Europa era constante, el ejecutivo que dirige Donald Trump decidió negar esta situación excepcional al vino, como también lo hizo con el aceite de oliva y otros productos muy importantes para las exportaciones catalanas y españolas. Las constantes amenazas y negociaciones no fructíferas entre Bruselas y Trump han sido el principal aliciente de la caída de Estados Unidos como mercado preferido del vino catalán.

En los últimos datos del Idescat, el Reino Unido se convertía en el país en que más vino catalán compraba y ponía fin a la utopía en la que se había convertido el país norteamericano. Algunos expertos comentaban hace un año en Vadevi que no solo se trataba del arancel en sí, sino de la inestabilidad que este comportaba para el sector. De esta manera, un año después, las negociaciones continúan sin haber dado sus frutos y esta falta de equilibrio ha llevado a las bodegas y también a los importadores americanos a dejar de priorizarse unos a otros. Además, desde la administración pública, se ha incentivado la diversificación de mercado para no perderlo todo por la partida de ajedrez que juegan Estados Unidos y la Comisión Europea.
En definitiva, la posible excepción del vino volvería a cambiar un sector que se ha estabilizado. Es evidente que ninguno de los actores que forman parte de las negociaciones -ni tampoco los afectados por el arancel- lo ven como una mala propuesta, al contrario, devolverá cierto optimismo a aquellas bodegas que han invertido buena parte de su presupuesto estratégico en llegar a Estados Unidos. Como todo trato, sin embargo, habrá que esperar a ver cómo se desarrolla y hasta qué punto se acaba materializando. En este sentido, a pesar de los acercamientos políticos y la mejora en las relaciones, desde la UE, sin embargo, avisan que actuarán en caso de que Estados Unidos no cumpla con su parte del pacto bilateral y así proteger las empresas europeas.

