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Can Sumoi presenta dos vinos que capturan la esencia de la primavera

La primavera ha llegado con fuerza a Can Sumoi. Desde octubre, en la finca han caído más de 500 milímetros de lluvia, unas precipitaciones que han permitido recuperar unas reservas de agua en los suelos calcáreos que no se veían desde hacía años. Situada a 600 metros de altitud, en el macizo del Montmell, la finca vive el ciclo de la vid con un ritmo diferente, marcado por la altura y por unas condiciones climáticas que favorecen una evolución más pausada de la cepa. La Rosa 2025 y Garnatxa Blanca 2025 son las dos propuestas con las que Can Sumoi da la bienvenida a una primavera marcada por la lluvia, el vigor de las viñas. Pensados para acompañar los primeros días de buen tiempo, estos dos vinos nacen de una añada que refleja el carácter de la altura y la singularidad de un proyecto profundamente arraigado al territorio.

Situada a 600 metros de altitud, en el macizo del Montmell, la finca tiene 400 hectáreas y está situada en la Serra de l’Home. Habitadas desde el año 1645, quedaron abandonadas en el año 2000, con el riesgo creciente de invasión forestal. Su recuperación comenzó de la mano de Pepe Raventós, quien impulsó un proceso de restauración integral de la finca. Primero se recuperaron las viñas, con 20 hectáreas de cepas en vaso de una edad media de 50 años. Más adelante llegaron la rehabilitación de la masovería, la recuperación de los olivos y de los frutales y la incorporación de yeguas de tracción animal. Este año, después de un abril cálido y un mayo fresco y moderado, el desarrollo vegetativo avanza de manera armoniosa. Las viñas muestran un gran vigor, el brote ha sido abundante y uniforme y los primeros racimos ya han comenzado a cuajar. Es la fotografía actual de un paisaje recuperado y de un proyecto que pone la viña y el territorio al centro.

Dos vinos de primavera

La Rosa 2025 es un vino rosado de mínima intervención elaborado con un 60% de sumoll y un 40% de xarel·lo. Las variedades han sido vendimiadas manualmente en viñas situadas entre los 300 y los 600 metros de altitud. Esta añada incorpora por primera vez el fruto de los sumolls plantados hace cinco años en Can Sumoi, recuperando así una variedad que no se cultivaba en la finca desde hacía más de medio siglo. Fermentado con levaduras indígenas y afinado durante tres meses en depósitos de cemento, el vino destaca por su frescura, delicadeza y expresión aromática.

Botella de La Rosa 2025 / Cedida
Botella de La Rosa 2025 / Cedida

Garnatxa Blanca 2025 es un vino blanco elaborado íntegramente con uva procedente de parcelas situadas en el Pla de Manlleu, Querol y Can Ferrer de la Cogullada. Las viñas crecen a 600 metros de altitud sobre suelos calcáreos y pedregosos, en un microclima que favorece una maduración pausada y la conservación de la acidez natural. Fermentado durante 16 días con levaduras indígenas, combina la madurez y el cuerpo propios de una añada cálida y húmeda con la vivacidad característica de los vinos de altura del Montmell. Dos vinos que resumen el momento actual de Can Sumoi: una primavera generosa, unas viñas llenas de vida y una manera de entender el vino estrechamente vinculada al paisaje y al respeto por los ritmos naturales.

Botella de La Garnatxa Blanca 2025 / Cedida
Botella de La Garnatxa Blanca 2025 / Cedida

Un proyecto centrado en el sumoll

El sumoll ocupa un lugar principal dentro de este proyecto. Esta variedad autóctona, que durante décadas había quedado invisibilizada en el territorio, se ha convertido en uno de los símbolos de la recuperación vitícola impulsada por la finca. No es ningún secreto que se había llegado a considerar una variedad de segunda, poco capaz de elaborar vinos de calidad. Sin embargo, varias bodegas apostaron por ella, entre estas Can Sumoi donde la preservación y revalorización del sumoll forman parte de una apuesta clara por la continuidad, el arraigo y la identidad del paisaje. El trabajo en el campo se desarrolla con viticultores del entorno del Montmell, todos certificados en ecológico. Los vinos se elaboran sin aditivos enológicos, con levaduras indígenas procedentes de la misma viña y siguiendo los criterios de la normativa Vin Méthode Nature, que establece un máximo de 30 mg/L de sulfitos totales.

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