Alterar la genética de seres vivos para hacerlos más resistentes podría ser perfectamente la introducción de una película de ciencia ficción. Científicos locos que juegan con el ADN para reforzarlo o hacerlo más resiliente son clave en películas de este género y de tramas que incluyen la modificación genética hay infinitas. Ahora bien, en la actualidad esta ciencia e investigación también tiene cabida, sobre todo en la vid. Los años han demostrado que el cambio climático y la meteorología son indomables y, por tanto, la supervivencia de las viñas no está completamente asegurada. Sin embargo, un grupo de profesionales del sector vitivinícola catalán no se resignan y han comenzado a trabajar en la modificación genética de las cepas, una tecnología que pretende garantizar la adaptación de las viñas a las posibles crisis climáticas venideras.
La Bodega de la Fassina de Can Guineu de Sant Sadurní d’Anoia acogió el pasado 6 de mayo la jornada técnica La edición génica en la vid: herramientas, aplicaciones y retos para la viticultura mediterránea, un encuentro que reunió a expertos en investigación, viticultura e innovación para reflexionar sobre el futuro del sector ante los desafíos climáticos, agronómicos y económicos. «La edición génica ya no es una expectativa de futuro, sino una realidad del presente», destacaba Eloi Montcada, clúster manager de INNOVI, quien ha puesto ejemplos como Chile, Italia o Francia donde ya están desarrollando y aplicando estas tecnologías de manera activa. La sesión, organizada por el mismo clúster, AECAVA, IRTA, CRAG y el Ayuntamiento de Sant Sadurní d’Anoia, con el apoyo del Consejo Regulador de la DO Cava, puso el foco en el potencial de las nuevas técnicas genómicas como una herramienta estratégica para garantizar la sostenibilidad, la competitividad y la capacidad de adaptación de la viticultura mediterránea. En otras palabras, los expertos expusieron por primera vez todo lo que la modificación genética puede hacer por la vid.
Una de las primeras conclusiones a las que llegaron fue que la modificación genética podría dar grandes frutos -y los está dando en otros países- en el desarrollo de variedades más resistentes al estrés hídrico. La sequía que azotó Cataluña durante cuatro años no solo mató una cifra no cuantificada de cepas, sino que también dejó algunas plantas dañadas, la mayoría con un gran estrés hídrico, es decir, mal funcionamiento debido a la falta de agua. En este sentido, la modificación genética de estas cepas podría convertirlas en plantas resistentes a los periodos de sequía, lo que supondría un antes y un después para los viticultores y elaboradores del sector.

Durante la jornada también se pusieron sobre la mesa diversas cuestiones relacionadas con la mejora de la genética vegetal y las aplicaciones de técnicas genómicas, que básicamente son los análisis que permiten tener un conocimiento extenso del ADN. Además, se destacó la importancia de identificar genes de interés agronómico que permitan mejorar la eficiencia y la resiliencia de los cultivos, así como avanzar hacia modelos productivos más sostenibles. Con todo, se puso de manifiesto la necesidad de disponer de un marco regulador claro y adaptado a la realidad científica actual para facilitar la implementación de estas tecnologías en Europa, ya que sin una normativa clara, algunas de las metodologías podrían quedar fuera de la legalidad.
La convivencia de innovación e identidad
Siempre se debe encontrar un equilibrio entre la tecnología y la tradición, especialmente en un sector tan ligado a la cultura como el vitivinícola. Es por eso que los profesionales que participaron en la jornada abrieron una reflexión de convivencia entre la innovación y la identidad territorial. De hecho, desde los más científicos hasta los productores se defendió que la incorporación de nuevas herramientas genómicas debe ir alineada con la preservación de las características varietales y del patrimonio vitivinícola catalán. En este sentido, también se valoró el potencial de las variedades PIWI (variedades de uva cruzadas entre europeas y americanas que son resistentes a hongos como el mildiu) como una vía complementaria para avanzar hacia una viticultura más resiliente y sostenible ante los retos globales.
Es evidente que las reflexiones de los expertos se basan en una situación de cambio de paradigma en la cual las técnicas tradicionales se quedan cortas ante los drásticos cambios en la meteorología y en el mundo. Sin embargo, los profesionales de la jornada también acordaron que no solo ellos debían tomar las decisiones. De hecho, incluso hubo un debate entre el sector productor y el mundo de la investigación, que terminó con el entendimiento de que era necesario generar espacios de gobernanza compartida que faciliten la adopción de la innovación en el territorio y ayuden al sector a enfrentar los retos futuros con herramientas científicas y tecnológicas sólidas. También se coincidió en la importancia de continuar promoviendo espacios de debate y colaboración entre administración, investigación y empresas del sector.


