El sector vitivinícola catalán continúa trabajando para superar los estragos de la sequía. Tres años de falta de agua fueron suficientes para causar un estrés hídrico en los viñedos, que dejó muchos con bajo rendimiento y un número indefinido -que nunca se ha cuantificado por parte de la administración pública- muertos. Los suelos quedaron dañados y las plantas han tardado años en llegar a su funcionamiento normal, algunas todavía no lo han conseguido. Por todo esto, el sector se dio cuenta de que había muy poca información sobre los procesos por los que pasaba el viñedo en sequía y, desde el Penedès, cinco bodegas decidieron montar una iniciativa para recopilar la información necesaria para prevenir los cultivos en catástrofes hídricas de este tipo. Este lunes, casi dos años después del inicio del proyecto, MANSO (MAnejo del SUELO y viñedo para la lucha contra la sequía) presenta por fin un monitoreo que servirá de manual para crisis venideras.
«Con los datos podemos dejar atrás la intuición y trabajar con una base científica sólida», explica Alba Marco, técnica de la Universitat Rovira i Virgili. El centro ha colaborado en esta investigación, junto con IRTA, INCAVI, la AECAVA y la coordinación de INNOVI y de cinco bodegas del Penedès: Bodegues Sumarroca, Celler Kripta, Juvé&Camps, Masia Vallformosa y Llopart. Entre las principales conclusiones se encuentra la innovación como palanca de cambio, es decir, estrategias que en otras épocas han sido poco ortodoxas, que ahora brillan por ser grandes aliadas de los viñedos en momentos de crisis climática. El máximo representante de esto son las cubiertas vegetales, dejar el cultivo lleno de malas hierbas y plantas que -en contra de lo que siempre se había creído- son beneficiosas para el crecimiento del viñedo, especialmente por su capacidad de mejorar la estructura del suelo, aumentar la biodiversidad, reducir la erosión y optimizar la gestión del agua, además de contribuir a más eficiencia energética y sostenibilidad del sistema agrario. En definitiva, “las cubiertas vegetales aportan beneficios estructurales y ambientales en cualquier escenario climático”, concreta Álvaro Villodres, del IRTA.
Otro de los grandes hallazgos de esta iniciativa ha sido descubrir la gravedad de lo que sucede dentro del viñedo en tiempos de sequía. Hasta ahora, la evidencia de que la falta de agua no era positiva para la planta se quedaba ahí, en la obviedad, pero pocas veces se había desglosado todo lo que podía llegar a afectar el producto final, es decir, al vino. En concreto, con MANSO, todas las entidades y bodegas han podido recopilar suficientes datos para demostrar que sufre la planta, pero también cambia su fruto. «La sequía afecta tanto el crecimiento del viñedo como la calidad de la uva, incidiendo en parámetros como la acidez o los azúcares», asegura Marco. Una situación que no solo resalta la gravedad de los ciclos de sequía extrema, sino que confirma que en momentos de estrés hídrico las variedades de uva pueden cambiar sus cualidades más básicas, como por ejemplo la acidez, clave en los procesos de elaboración del vino.

La sensorización del viñedo
Para conseguir todos estos datos, el proyecto ha realizado un despliegue de sensores por las bodegas participantes. En este sentido, la innovación ha sido clave para la recolección de la información deseada. Lluís Giralt, investigador de la sección de viticultura de INCAVI, concreta que el despliegue sensorial ha aportado «información detallada del sistema suelo-planta-atmósfera». De esta manera, la tecnología ha logrado producir una imagen nítida de los viñedos durante los años posteriores a la sequía y ha sido de vital importancia para hacer el seguimiento de la recuperación de las plantas. Ahora bien, el investigador también remarca que «es un proyecto orientado al viñedo de secano«, ya que en otros tipos de cultivos, cuando el regadío externo y artificial forma parte de los procesos de crecimiento de la planta, no se podrían aplicar las mismas normas. Es por eso que afirma que son datos esenciales para los viñedos de secano, «donde entender la disponibilidad de agua es clave para su sostenibilidad futura», añade. Precisamente, esta voluntad de entender el agua como necesidad básica en el secano es lo que Josep Jiménez Garcia, de Juvé&Camps define como un «cambio de paradigma»: «hemos aplicado criterios de regadío a la viticultura de secano», describe.
Un paso adelante en la toma de decisiones
Las bodegas que han participado en este proyecto también han salido bien paradas, ya que han conseguido toda una serie de parámetros aplicables a sus cultivos y que, según las investigaciones, deberán servir para futuras crisis. De hecho, todos los expertos apuntan hacia el aumento de estos ciclos de falta de agua extrema debido al cambio climático y, por lo tanto, tener un manual de buenas prácticas podría suponer un antes y un después en el sector. Àlex Torelló, del Celler Kripta destaca que “hay que aprender a interpretar el suelo y los datos para tomar mejores decisiones en el viñedo”. Una opinión que también comparte Lluís Coll, de Vallformosa quien recuerda que este proyecto aportará más luz a todo el sector vitivinícola catalán: «Estos proyectos permiten asesorar mejor a los viticultores y asegurar la calidad y el momento óptimo de cosecha». Aparte, más allá de explicar todo lo que puede mejorar la recuperación y supervivencia del viñedo, MANSO también ha logrado aportar más conocimiento. De hecho, Oscar Llombart, de Bodegues Sumarroca señala que en este nuevo contexto climático «es imprescindible entender mejor el suelo para optimizar los recursos hídricos disponibles durante el año».
El proyecto MANSO da todas las pistas para mantener un sector vitivinícola fuerte en tiempos de sequía. La sensorización ha permitido conocer de cerca los viñedos y sus procesos, incluso su capacidad de resiliencia. Para Pere Llopart, de Llopart, sin embargo, es necesario continuar trabajando en esta línea y, aunque celebra los resultados y el conocimiento adquirido, mantiene que se debe dar continuidad a iniciativas como esta para consolidar los resultados y aplicarlos: «Los resultados en viticultura requieren tiempo y hay que continuar el proyecto para obtener más datos», concreta. En definitiva, MANSO se alza como una respuesta sólida ante la sequía. Las investigaciones de todos los centros y la participación de las bodegas han ayudado a formar la fotografía de este nuevo sector, donde las líneas se desdibujan y donde antes se confiaba solo en lo que podía caer del cielo, ahora se aplica innovación, cabeza y tecnología para mantener la calidad de los viñedos y vino catalán por encima de todo.

