El sector vitivinícola mundial lucha constantemente contra la demonización del alcohol. Desde hace unos años, las tendencias de vivir una vida «sana» han tergiversado un discurso que, en el pasado, mantenía el vino como un elemento gastronómico dentro de la dieta mediterránea. Bodegueros, viticultores y expertos no se cansan de recordar que el vino no se puede comparar con otras bebidas alcohólicas y que -aunque el consumo siempre debe ser moderado– la bebida puede llegar a influir de manera beneficiosa en la vida de adultos sanos. Este mes de abril, estos reclamos del sector ya pueden ir acompañados de la evidencia científica, ya que una investigación del American College of Cardiology concluye que, más allá de la moderación, también se debe tener en cuenta que el tipo de bebida alcohólica influye en la salud. En este sentido, los científicos ponen a un lado de la balanza los licores, la cerveza y la sidra y aseguran sus efectos nocivos, a pesar de que se beban con moderación. El vino, en cambio, se mantiene al otro lado y es de las pocas bebidas alcohólicas que -dentro de un consumo moderado- se relaciona con un riesgo menos elevado en adultos. En otras palabras, la evidencia científica asegura que si uno quiere beber alcohol, la mejor manera de hacerlo es con una copa de vino.
El Acuerdo de Asociación UE-Mercosur es uno de los convenios comerciales más grandes jamás alcanzados por la Unión Europea. «En un mundo de crecientes tensiones comerciales y de una creciente necesidad de llegar a nuevos consumidores, este es precisamente el tipo de asociación abierta y basada en normas que nuestro sector necesita. La diversificación no es un lujo, es una necesidad. Y a partir de mañana, se hace más fácil para las empresas de la UE», dijo Marzia Varvaglione, presidenta del CEEV. Es evidente que el acuerdo se vive con cierto aire de celebración en el sector vitivinícola, ya que, en un mundo en el que el consumo de vino baja día tras día, encontrar nuevos mercados es imprescindible. Hasta ahora, los vinos de la UE se enfrentaban a aranceles de hasta un 35% en Argentina y un 18% en Brasil, Paraguay y Uruguay, una carga combinada que -según apuntan los datos del CEEV- costó a las empresas vinícolas de la UE más de 43 millones de euros solo en 2024.

En términos generales, los países del Mercosur suponen un gran beneficio para el vino europeo. Solo en 2024 las exportaciones de vino de la UE a la zona alcanzaron los 238 millones de euros. No obstante, parte del potencial de estos mercados se ha mantenido fuera del alcance debido a las persistentes barreras arancelarias y no arancelarias. Con 270 millones de consumidores en toda la región y una creciente clase media en Brasil, que por sí sola representaba 255 millones de euros de exportaciones de vino de la UE en 2024, «el acuerdo crea las condiciones para un cambio gradual en el desarrollo del mercado», según confirma la entidad europea. En otras palabras, aunque actualmente los vinos europeos no son un gran reclamo para los países del Mercosur, la caída de los aranceles podría marcar un antes y un después lleno de oportunidades para las bodegas de la Unión Europea.
Medidas para prevenir el fraude
Los aranceles no son la única medida que recoge este acuerdo provisional, sino que hay otras prioridades que también se han tenido en consideración y han sido aceptadas. En este sentido, un total de 145 indicaciones geográficas de la UE estarán protegidas en todos los mercados de Mercosur, garantizando que se reconozcan y protejan los nombres de vinos europeos más emblemáticos. De esta manera, la Unión Europea pretende prevenir el fraude y la falsificación y asegura que las bodegas europeas estarán protegidas de posibles malas prácticas. Además, se simplificarán los procedimientos de importación y se eliminarán progresivamente las principales barreras no arancelarias, incluidas las prácticas enológicas divergentes y los requisitos de certificación. Por tanto, los vinos europeos lo tendrán más fácil para cruzar la frontera del Mercosur, no solo por la eliminación de los aranceles, sino porque podrán venderse con sus cualidades, sin necesidad de ser alterados y con la confirmación de que los sellos de calidad se mantendrán. «En conjunto, estas disposiciones crean unas condiciones más previsibles y equitativas para las empresas vitivinícolas de la UE de todos los tamaños», ha confirmado el CEEV en un comunicado.
«Hemos estado trabajando por este momento durante muchos años y, a partir de ahora, la espera finalmente se ha acabado. Las empresas vitivinícolas de la UE pueden competir por fin en igualdad de condiciones en los mercados de Mercosur, poniendo fin al antiguo desventaja competitiva al que se han enfrentado», dijo Ignacio Sánchez Recarte, secretario general del CEEV. Aunque ya se celebra el acuerdo, la realidad es que solo es una solicitud provisional que se ejecuta en paralelo con el proceso de ratificación, que aún se está tramitando. El CEEV señala que el Parlamento Europeo ha remitido el acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para una opinión sobre su compatibilidad con los Tratados de la UE y «espera que este proceso concluya rápidamente y positivamente» para poder conseguir la entrada completa en vigor de este acuerdo.
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Acord Mercosur: inicio del acuerdo provisional
El acuerdo del Mercosur es más real que nunca. El Comité Europeo de Empresas del Vino (CEEV) ha anunciado este jueves que, a partir de este viernes, 1 de mayo, las cargas arancelarias de las exportaciones de vino europeo a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay desaparecen y, por lo tanto, las bodegas de toda la Unión Europea podrán llevar sus vinos a estos países sin aranceles. Con esta medida, Europa encara una nueva etapa de más flexibilidad en el comercio mundial y, tras la caída de ventas en Estados Unidos, se abre la puerta a una diversificación de mercado real, con la cual el CEEV prevé beneficios para todas las bodegas exportadoras de la UE. Sin embargo, el acuerdo no es una noticia tan bien recibida en el sector agroalimentario, también muy valorado en Cataluña, y mientras las bodegas celebran esta entrada en vigor del acuerdo, los campesinos y ganaderos mantienen su preocupación por la posible competencia desleal de productos de su sector que entrarán sin costos añadidos.
El Acuerdo de Asociación UE-Mercosur es uno de los convenios comerciales más grandes jamás alcanzados por la Unión Europea. «En un mundo de crecientes tensiones comerciales y de una creciente necesidad de llegar a nuevos consumidores, este es precisamente el tipo de asociación abierta y basada en normas que nuestro sector necesita. La diversificación no es un lujo, es una necesidad. Y a partir de mañana, se hace más fácil para las empresas de la UE», dijo Marzia Varvaglione, presidenta del CEEV. Es evidente que el acuerdo se vive con cierto aire de celebración en el sector vitivinícola, ya que, en un mundo en el que el consumo de vino baja día tras día, encontrar nuevos mercados es imprescindible. Hasta ahora, los vinos de la UE se enfrentaban a aranceles de hasta un 35% en Argentina y un 18% en Brasil, Paraguay y Uruguay, una carga combinada que -según apuntan los datos del CEEV- costó a las empresas vinícolas de la UE más de 43 millones de euros solo en 2024.

En términos generales, los países del Mercosur suponen un gran beneficio para el vino europeo. Solo en 2024 las exportaciones de vino de la UE a la zona alcanzaron los 238 millones de euros. No obstante, parte del potencial de estos mercados se ha mantenido fuera del alcance debido a las persistentes barreras arancelarias y no arancelarias. Con 270 millones de consumidores en toda la región y una creciente clase media en Brasil, que por sí sola representaba 255 millones de euros de exportaciones de vino de la UE en 2024, «el acuerdo crea las condiciones para un cambio gradual en el desarrollo del mercado», según confirma la entidad europea. En otras palabras, aunque actualmente los vinos europeos no son un gran reclamo para los países del Mercosur, la caída de los aranceles podría marcar un antes y un después lleno de oportunidades para las bodegas de la Unión Europea.
Medidas para prevenir el fraude
Los aranceles no son la única medida que recoge este acuerdo provisional, sino que hay otras prioridades que también se han tenido en consideración y han sido aceptadas. En este sentido, un total de 145 indicaciones geográficas de la UE estarán protegidas en todos los mercados de Mercosur, garantizando que se reconozcan y protejan los nombres de vinos europeos más emblemáticos. De esta manera, la Unión Europea pretende prevenir el fraude y la falsificación y asegura que las bodegas europeas estarán protegidas de posibles malas prácticas. Además, se simplificarán los procedimientos de importación y se eliminarán progresivamente las principales barreras no arancelarias, incluidas las prácticas enológicas divergentes y los requisitos de certificación. Por tanto, los vinos europeos lo tendrán más fácil para cruzar la frontera del Mercosur, no solo por la eliminación de los aranceles, sino porque podrán venderse con sus cualidades, sin necesidad de ser alterados y con la confirmación de que los sellos de calidad se mantendrán. «En conjunto, estas disposiciones crean unas condiciones más previsibles y equitativas para las empresas vitivinícolas de la UE de todos los tamaños», ha confirmado el CEEV en un comunicado.
«Hemos estado trabajando por este momento durante muchos años y, a partir de ahora, la espera finalmente se ha acabado. Las empresas vitivinícolas de la UE pueden competir por fin en igualdad de condiciones en los mercados de Mercosur, poniendo fin al antiguo desventaja competitiva al que se han enfrentado», dijo Ignacio Sánchez Recarte, secretario general del CEEV. Aunque ya se celebra el acuerdo, la realidad es que solo es una solicitud provisional que se ejecuta en paralelo con el proceso de ratificación, que aún se está tramitando. El CEEV señala que el Parlamento Europeo ha remitido el acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para una opinión sobre su compatibilidad con los Tratados de la UE y «espera que este proceso concluya rápidamente y positivamente» para poder conseguir la entrada completa en vigor de este acuerdo.
El vino se reivindica como un elemento clave en la dieta mediterránea. Existen decenas de artículos científicos que confirman que esta bebida no es nociva y, por tanto, debería estar separada de otros alcoholes que pueden tener consecuencias devastadoras en la vida de un adulto sano. De hecho, la fundación FIVIN mantiene el consumo moderado del vino como una opción válida e incluso sana. Más allá de luchar por el papel del elaborado, desde la entidad velan para que la evidencia científica reine por delante de los gurús de la vida healthy que desde hace años romantizan sobre la vida sana y perpetúan ataques contra las bebidas alcohólicas, sin miramientos y, sobre todo, sin distinciones. Tal como ha asegurado FIVIN, el estudio del centro americano da una nueva perspectiva a toda esta situación. En el artículo, el American College of Cardiology confirma que «el consumo bajo o moderado de licores, cerveza o sidra se asocia con una mortalidad más elevada. En cambio, el consumo moderado de vino se relaciona con un menor riesgo en adultos sanos«. Para FIVIN, estos resultados aportan una perspectiva clave para liberarse de la demonización del vino: la diferenciación entre alcoholes, es decir, una prueba fiel de que el vino -como ha dicho el sector desde hace tiempo- no se puede meter en el mismo saco que otras bebidas alcohólicas.

Un cambio en los patrones de consumo
El estudio es uno de los más completos que ha salido y, según el Dr. Josep Masip Uset, cardiólogo y presidente del comité científico de FIVIN, se trata de un estudio basado en el registro UK Biobank, «uno de los bancos de datos poblacionales más completos del mundo, con más de 500.000 individuos y más de 15 años de seguimiento. Análisis previos sobre este registro ya habían mostrado resultados similares, reforzando el papel diferencial del vino frente a otras bebidas alcohólicas». Así pues, los datos que aporta son precisos y pueden ser utilizados para extraer conclusiones que cambiarían las creencias actuales sobre los patrones de consumo. En este sentido, la investigación revela que no todas las bebidas alcohólicas presentan el mismo perfil ni se integran igual en consumo. Factores como su composición y su vínculo con hábitos alimenticios equilibrados ayudan a explicar estas diferencias. Y precisamente el vino tiene mucho que ganar en este aspecto, ya que se ha probado en estudios anteriores de diversos centros, que se puede reivindicar como un alimento más de la dieta mediterránea.
Con estos datos sobre la mesa, desmentir los grandes efectos nocivos del vino en las personas adultas es más sencillo. Desde FIVIN siempre concretan que se pide un consumo moderado y la intención no es conseguir que la población beba alcohol, sino entender las diferencias y, sobre todo, proteger una de las bebidas más vinculada a la historia, la economía y la cultura de los países productores. Es por ello que este tipo de estudios contribuye a avanzar hacia recomendaciones más precisas, basadas en patrones de consumo y no únicamente en cantidades generales. Una línea de investigación que ayuda a entender mejor la relación entre vino, alimentación y salud. El vino no debería estar en el mismo saco que los licores y -según el estudio- la cerveza, sino que debería ser la bebida preferente a la hora de consumir alcohol. En este contexto, la evidencia científica continúa dando apoyo a un mensaje importante: el consumo moderado de vino puede tener efectos beneficiosos para la salud.



