Devolver Barcelona a los barceloneses es una tarea complicada, pero no imposible. La oleada de turismo que recibe la capital catalana cada año hace que en muchos momentos, los comercios tengan que tomar decisiones difíciles. Jugarse todo a los precios para los extranjeros, ganar más beneficios y aprovechar la atracción de la ciudad o, bien, demostrar a los vecinos que los espacios comerciales son y serán para ellos. En barrios próximos a monumentos históricos esta decisión puede marcar el futuro del local y se hace casi imposible pensar en comercios pensados para los barceloneses cerca, por ejemplo, de la Sagrada Família. Este precisamente es el objetivo del Celler Marina, una vermutería y vinoteca que mantiene precios bajos, pensados exclusivamente para los vecinos y alejándose de la idea de que, alrededor del monumento, una copa de vino puede llegar a costar 10 euros.
«Si subimos los precios, viviremos del turismo y no es nuestra idea», explica Felip Urbano, sommelier y trabajador del local. En una conversación con Vadevi asegura que el objetivo es «tener clientes habituales del barrio», es decir, mantenerse como uno de los espacios de siempre, sin renegar del evidente tránsito de visitantes extranjeros, pero con una clara apuesta por atraer público barcelonés. Es por ello que los precios de la tienda se mantienen estables y competitivos, con tapas a menos de 10 euros y copas de vino por alrededor de 5 euros. Además, también hay una amplia selección de vinos para comprar y llevar, así como jamones de calidad.

En la parte alta de la calle Marina, justo una calle por debajo de la gran obra de Antoni Gaudí se ubica este pequeño local con encanto. Desde afuera, puede parecer una charcutería de barrio, pero al entrar se abre un espacio dinámico que combina la venta de vinos, vermuts y jamón serrano de calidad. El Celler Marina es propiedad del empresario catalán Xavier Albert, quien también tiene una participación en el restaurante barcelonés La Caleta 102. En el local conviven productos de calidad con grandes vinos de todo el mundo, con una clara apuesta por los vinos catalanes, pero sin dejar de lado el mercado español e internacional. Con alrededor de 300 referencias escogidas especialmente por profesionales del sector, el vino es uno de los principales motores del negocio, junto con el jamón serrano forman una propuesta idílica para ir a tomar el vermut, el aperitivo o una copa al atardecer.
Una clara profesionalización del personal
La apuesta del Celler Marina es clara: productos de calidad a precios competitivos, buen ambiente y, sobre todo, grandes profesionales detrás de la barra. De esta manera, el local no busca atraer al público con eslóganes ni marketing engañoso, sino que la clave es conseguir que todo aquel que le guste el vino y la charcutería pueda encontrar en este local un espacio de conocimiento y disfrute para él y todos sus amigos y familiares. Para conseguir este alto nivel de profesionalización es necesario que el local tenga personal calificado, más allá de camareros o tenderos. Una situación que no siempre es sencilla o prioritaria, pero que para el Celler Marina es extremadamente necesaria para mantener la calidad de su servicio.

En el local de la calle Marina trabajan cuatro personas. Urbano forma parte del equipo de sommeliers, junto con Kadi Unt. Ellos son los encargados de servir y explicar los vinos que tienen en la tienda. Además, también hacen ellos la selección de los vinos que se pueden tomar por copas. Estos no siempre son los mismos y cambian cada semana, para «mantener la diversidad», argumenta Urbano. La otra parte del equipo son Diego Piedrahita y Francisco Ricci, ambos con la titulación de Maestro Cortador, en otras palabras, los expertos en no solo cortar el jamón, sino explicarlo y dar a conocer las diversas denominaciones de origen que existen: «Lo mismo que hacemos nosotros con los vinos, pero de los jamones», remarca Urbano.
Un espacio multidisciplinario
Más allá de la gastroboutique y la parte de vinoteca y degustación de jamones, el Celler Marina también quiere acercarse al consumidor local a través de actividades. El espacio está preparado para hacer catas de vinos y su personal quiere comenzar a activar este tipo de eventos para demostrar a los vecinos de Sagrada Família que el local está destinado a ellos. Aún no hay detalles de las próximas actividades, pero queda claro que esta vinoteca quiere continuar apostando por la proximidad, de productos y de consumidores. Tener un comercio en Barcelona para barceloneses es una decisión arriesgada y, sobre todo, en un barrio donde el turismo se ha apoderado de buena parte de los establecimientos. Celler Marina busca cambiar las reglas del juego, y devolver a los vecinos sus espacios. En este caso, además, a través de productos de calidad excelente y del territorio, porque nada atrae más a un local, que los productos con los que ha crecido.


