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El Mercosur enciende el debate en el sector del vino catalán: «No es la panacea»

El acuerdo del Mercosur vuelve a estar en el orden del día del sector vitivinícola catalán -y de la agricultura del país en general-. El pasado 1 de mayo entró en vigor provisionalmente esta eliminación de los aranceles entre la Unión Europea y Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Una medida esperada por el mundo del vino, ya que en medio del retroceso de la demanda mundial y la disminución de compras de los principales compradores de vino, Europa se ve inmersa en una búsqueda exhaustiva de nuevos mercados para lograr una diversificación que salve el sector. Sin embargo, las opiniones sobre el Mercosur son diversas y mientras algunos aplauden la puesta en marcha provisional -a la espera de una ratificación por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea- otros alertan de la escasa efectividad del pacto para el sector vitivinícola, en detrimento de las afectaciones más preocupantes que vivirá el sector primario, el cual reniega de un acuerdo que podría suponer la entrada de alimentos de otros países a un precio con el que costaría competir.

«El Mercosur no es la panacea», explica Jordi Portillo, director general y fundador de la empresa distribuidora de vinos españoles por todo el mundo, Big5. En una conversación con Vadevi el experto duda del impacto real de la norma y mantiene que las grandes celebraciones que algunas organizaciones del vino europeas -como el Comité Europeo de Empresas del Vino (CEEV)– han hecho en los últimos días llegan temprano. «Es muy difícil saber cuál será su impacto real», continúa y añade que «seguramente hay bodegas que se puedan beneficiar, pero en general no hemos encontrado una gallina de los huevos de oro«. Portillo concreta que la normativa se abre para todos y que hay países productores europeos que tienen más infraestructura y recursos para dedicarlos a las exportaciones a estos países. Además, también recuerda que Argentina y Uruguay son productores de vino y ya tienen una cuota bastante incisiva en el mercado brasileño -uno de los predilectos para Europa-: «No creo que renuncien a su espacio del mercado tan fácilmente», reflexiona el experto.

Por otro lado, Portillo ve con preocupación la eliminación de los aranceles porque «es un acuerdo bilateral». En este sentido, habla de los espumosos y explica cómo países elaboradores del Mercosur podrán traer sus productos vitivinícolas a Cataluña y luchar por la cuota de mercado. «En los primeros años de introducción en un país, lo más normal es ir a volumen y así podrían ganar consumidores los productores de vino del Mercosur», remata Portillo, aunque insiste en que son conjeturas, porque «aún no ha pasado suficiente tiempo para analizar el impacto de la norma«. Su visión, sin embargo, no se comparte con los bodegueros catalanes entrevistados por este diario. De hecho, Joaquim Tosas, presidente de la AECAVA y director de Bodegas Sumarroca celebra la puesta en marcha de este acuerdo y dice «es una gran oportunidad sin duda alguna». También lo ve así Pere Llopart, presidente de la marca colectiva europea Corpinnat y director técnico de Llopart quien remarca que «hay que solidarizarse con los agricultores que no están de acuerdo», pero mantiene que «podría ser beneficioso para el mundo del vino«.

Imagen de algunas botellas de Corpinnat / Cedida
Imagen de algunas botellas de Corpinnat / Cedida

Perder la partida por la calidad

Portillo no tiene dudas sobre la efectividad del acuerdo del Mercosur porque sí. Para él, Cataluña ha hecho un cambio muy grande para apostar por la calidad por encima del volumen. No es ningún secreto -y lo corroboran todos los elaboradores entrevistados por Vadevi– que las bodegas de Cataluña, a excepción de un par- juegan a la excelencia. Sin embargo, esta no es una buena mano para entrar en el tablero del Mercosur, según Portillo. Para él, la llegada a un mercado nuevo comienza por el volumen y la captación de consumidores. «Más tarde llega la calidad», explica. Es por eso que productos premium como los que son o quieren ser los vinos catalanes podrían no ser los primeros de la lista de los consumidores de los cuatro países que incluye el pacto. Además, el director general de Big5 también remarca la importancia de entender que «hay muchos más países que querrán entrar«. Precisamente Tosas también tiene en cuenta esta variable y a pesar de que celebra el acuerdo, reconoce que «habrá mucha competencia«, sobre todo -a su juicio- «porque los mercados tradicionales son recesivos».

La competencia desleal con la agricultura

Independientemente de los posibles beneficios que haya para el vino catalán en el pacto del Mercosur, la agricultura lo ve con gran preocupación. «Si no se protege el producto de aquí, acabaremos en una situación de competencia desleal«, lamenta el jefe del sector del Vino y la Viña de Unió de Pagesos, David Sendra. El principal conflicto que ve el sector primario catalán -sobre el cual empatizan los elaboradores entrevistados por Vadevi– son las cláusulas espejo. En un primer momento se hablaba de la clara necesidad de equiparar los productos de fuera a los hechos en Cataluña, tanto en regulación como en sanidad. Una situación que si no se acaba cumpliendo en la ratificación del acuerdo, podría suponer un agravio inasumible para la agricultura catalana, presionada por los constantes aumentos de precio de los costos de producciones que no acaban repercutiendo en el precio de venta real.

La realidad es que el pacto del Mercosur pretende ser una chispa de esperanza para un sector vitivinícola castigado por la caída de la demanda. El consumidor ya no bebe vino y si lo hace no es con la misma asiduidad que bebía hace una década. Además, los aranceles de Trump han truncado el sueño americano para muchas bodegas, ya que los Estados Unidos siempre habían sido un mercado suculento, con consumidores de alto poder adquisitivo dispuestos a pagar por descubrir vinos nuevos. Por tanto, la diversificación de negocio es el as en la manga de la administración, pero también de las bodegas. Ahora bien, mientras nadie niega que el Mercosur sea una posible oportunidad, las pretensiones de convertirlo en el salvavidas del sector son atrevidas.

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