La vid es una planta compleja, con un ciclo vegetativo muy marcado y unas necesidades específicas para producir la uva necesaria y de calidad para elaborar grandes vinos. Los viticultores son los guardianes de las viñas: no solo mantienen vivas las plantas, sino que trabajan cada día para obtener su máximo potencial. Tanto si se trata de cultivos ecológicos como convencionales o biodinámicos, todos siguen un calendario propio, con una época determinada para cada tarea y unos márgenes de tiempo concretos para podar, cuidar o vendimiar. Con el cambio climático, sin embargo, estas pautas cada vez son menos previsibles. Determinar cuándo llegará el momento óptimo de la vendimia o cuándo conviene podar es una tarea más compleja que nunca. Los expertos advierten que el calentamiento global está adelantando progresivamente las fechas de vendimia, una tendencia que puede alterar el equilibrio de todo el ciclo de la vid.
«La última ola de calor ha adelantado la vendimia de casa unos 9 días», explica a Vadevi Roc Gramona, director técnico de la bodega Gramona. El calor no es el enemigo directo de la vid, ya que en muchos casos ayuda a prevenir las plagas de hongos como el mildiu. A pesar de ello, las altas temperaturas hacen más complicada la previsión de la vendimia, e incluso pueden llegar a adelantarla, lo que provoca cierto descontrol que termina por dificultar la logística de las bodegas. Más allá de este evidente desorden logístico, el principal problema del adelanto de la vendimia es lo que implica en todo el ciclo de la planta. De hecho, Gramona afirma que no se trata solo de la vendimia, sino de la poda y también la limpieza de la vegetación: «Ya no sabes cuándo toca hacer qué». También desde el INCAVI confirman que es cada vez más complicado predecir cuándo se realizará la vendimia. Xoan Elorduy, jefe de servicio de Viticultura, Enología y Ampelografía de la entidad mantiene que no hay indicios que aseguren que la vendimia se continuará adelantando por tiempo indefinido, pero sí añade que «hay grandes distorsiones».
El conflicto real con el cambio climático es la persistencia de las altas temperaturas. La vid sufre lo que se llama estrés hídrico, es decir, la misma planta entra en una modalidad de supervivencia que provoca que los granos de uva sean más pequeños y la productividad caiga. Esta fue una de las principales consecuencias de los años de sequía en Cataluña. Ahora bien, si el contexto es lluvioso y la planta recibe toda el agua necesaria, un golpe de calor puede hacer que la vendimia se realice antes, pero no debería afectar su rendimiento: «Si la planta tiene suficiente agua para superar las altas temperaturas no se debe temer por la calidad de la uva», concreta Gramona. Elorduy coincide con esta opinión y remarca que «puede acelerar la maduración, pero sin estrés hídrico no se teme por la calidad».
Tiritas sin solución permanente
El cambio climático es imparable y, por tanto, sus consecuencias continuarán azotando el planeta y también el sector vitivinícola. Sin embargo, hay algunas herramientas que hoy en día utilizan los viticultores para intentar adaptarse a esta nueva realidad. Técnicas como podar las viñas más temprano o las cubiertas vegetales han probado ser buenas soluciones a corto plazo. Gramona, por ejemplo, confirma que continúan trabajando para «encontrar maneras de ser más resilientes» y desde el INCAVI, Elorduy afirma que las cubiertas vegetales ayudan al funcionamiento de la vid, a pesar de las altas temperaturas. En cuanto a las posibles soluciones a largo plazo, Gramona también menciona la posibilidad de desplazar las hectáreas de vid hacia territorios más elevados, en los cuales el calor no es tan pronunciado.

Ahora bien, sin duda, una de las acciones que ha probado ser más efectiva es la elección de las variedades de uva. Cada planta tiene sus propiedades y puede funcionar mejor o peor dependiendo del entorno en el que se encuentra. No todas las viñas son iguales y en contextos de cambios drásticos de temperatura, la elección de variedades fuertes y de maduración lenta termina siendo una solución bastante efectiva. En este sentido, las variedades autóctonas son las más resilientes y consiguen trabajar en circunstancias de altas temperaturas, ya que se han creado en el país. «No está claro hasta dónde llegarán estos cambios, pero nosotros debemos trabajar para adaptarnos a las nuevas realidades», explica el jefe de servicio de Viticultura, Enología y Ampelografía del INCAVI.
Más allá de los cambios en los cultivos
El calentamiento global, en el caso del sector vitivinícola, no solo afecta la producción de uva, sino que también acelera los cambios de tendencias de consumo. Josep Maria Albet, de la bodega Albet i Noya recuerda a Vadevi que «el cambio climático está haciendo que la gente apueste más por vinos más frescos». De esta manera, los blancos y los espumosos están ganando la partida a los tintos y la frescura y la acidez son propiedades del vino que se valoran más actualmente, mientras que hace unas décadas se exigían vinos con más cuerpo, más empalagosos. Para Albet este es un cambio de hábitos que encaja perfectamente con las nuevas altas temperaturas. Cuando los veranos se presentan extremadamente calurosos parece evidente que el consumidor preferirá una bebida fresca y ligera, por delante de un vino mucho más potente y con cuerpo: «Claramente, el cambio climático nos está afectando más allá de la vid», dice Albet.
En definitiva, el cambio climático es una realidad que ya afecta al sector vitivinícola. Aunque los principales problemas que se comienzan a ver con la vendimia son logísticos, la incertidumbre creciente de cómo será el cultivo a medida que avance el calentamiento global mantiene a los viticultores en alerta. Mientras tanto, estas mismas olas de calor sí que están incidiendo en los consumidores, lo que también provoca replanteamientos en la elaboración. Así pues, las vendimias del futuro se realizarán antes, posiblemente en parcelas de mayor altura para preservar el frío y dirigidas a las nuevas maneras de consumir. Sin embargo, siempre pensando en la máxima expresión, calidad y excelencia que define a los vinos catalanes.

